Categoría: Derechos humanos

  • DAS y AUC: responsables de asesinatos de líderes sociales

    Alfredo Correa de Andréis - Foto: Archivo particular

    Junio 20 de 2011

    El Juzgado 11 Penal Especializado de Bogotá declaró culpable a ‘Jorge 40’, jefe paramilitar del Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), por el asesinato del sociólogo Alfredo Correa de Andréis, cometido en septiembre de 2004, y lo condenó a 26 años de prisión. De igual manera, el tribunal estableció que altos funcionarios del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) entregaron a los paramilitares listas con información sobre sindicalistas, estudiantes y activistas políticos en toda la Costa Atlántica, con el fin de que estos fueran amenazados, asesinados o víctimas de montajes judiciales, en una “alianza criminal” entre el organismo de inteligencia y las bandas de extrema derecha.

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  • Cuando a los horrores se les llama errores

    Acciones recientes del Ejército han encendido las alarmas sobre posibles nuevas modalidades de 'falsos positivos' - Foto: Javier Guáqueta

    Junio 16 de 2011

    Durante los meses de abril y mayo se presentaron en el país varios asesinatos por parte del Ejército Nacional. Tanto los grandes medios de comunicación de propiedad de los monopolios como el alto mando castrense calificaron los hechos como ‘errores militares’. Sin embargo, las incongruencias entre los informes de los uniformados involucrados en los hechos y la información recogida por la Fiscalía, entre testimonios y evidencias en los lugares de los hechos, han encendido las alarmas por lo que algunos consideran nuevas modalidades de ‘falsos positivos’.

     

    ¿Emboscada?

    El pasado 9 de mayo, soldados del Batallón de Combate Terrestre número 134 de la Fuerza de Tarea Algeciras dispararon contra un vehículo, identificado con placas CPY-695, en el que se encontraban quince civiles, cuando éstos se transportaban por la vereda El Rosal, a las afueras de San Vicente del Caguán, en el departamento de Caquetá. En el ataque resultaron heridos un niño y cuatro adultos, los cuales fueron trasladados a la clínica Mediláser de Florencia. El joven, de 18 años e identificado como Jefferson Leonardo Cuéllar Barreto, ingresó a la clínica con múltiples heridas de bala, se le practicó una cirugía y estuvo hospitalizado en cuidados intensivos durante más de dos semanas, pero murió el 28 de mayo.

    Emiro Fajardo, herido también en el ataque junto a su hijo Andrés Fajardo, asegura que, aunque gritaban que eran civiles y que habían heridos, los uniformados les dispararon desde los dos retenes ubicados sobre una curva de la vía y a cien metros de distancia uno del otro: “primero por el margen derecho y después por el margen izquierdo”. El general Henrry Torres Escalante, comandante de la IX Brigada del Ejército, aseguró que el hecho lamentablemente era un error militar y el almirante Édgar Cely, en ese momento ministro de Defensa encargado, notificó que los uniformados serían investigados penal y disciplinariamente.

    Ejecuciones extrajudiciales

    Otro hecho se presentó el 25 de abril en el Alto Corozal (Casanare), donde fue asesinado el joven Alexander Alfonso Barrera, de 22 años, por parte de tropas de la Brigada XVI del Ejército, la cual realizaba operaciones militares en la vereda Manare. Manolo Barrera, familiar de la víctima, asegura que el joven salía a acompañar a su madre a un centro hospitalario y que, cuando cruzaba a pie un retén del Ejército, fue impactado por una ráfaga de fusil. Testigos aseguran que el joven estaba en compañía de tres personas más: su hermana, su padrastro y su madre.

    El coronel Rafael Forero Gómez, comandante de la Brigada XVI, reconoció que se trató de un ‘error militar’ y en el comunicado de la Brigada se lee que “la institución ofrece disculpas sentidas a sus familiares, con la confianza absoluta en que las autoridades judiciales competentes tomarén las decisiones que en derecho correspondan”.

    Por otra parte, durante un operativo antinarcóticos realizado el 27 de abril contra un laboratorio de procesamiento de cocaína ubicado en cercanías de Belalcázar (Cauca), el Ejército abrió fuego contra un grupo de indígenas del resguardo de la Mesa de Toboima, que hizo presencia en el lugar al enterarse del ingreso de hombres armados en su territorio. Según Luis Ovidio Lis, líder indígena, los militares ordenaron a los pobladores retirarse y luego les dispararon. En el hecho murió José Aimer Medina Achipiz y resultaron heridos Néstor Lis Chaski y Dubán Darío Lis. La comunidad retuvo temporalmente a uno de los soldados y al día siguiente, en horas de la tarde, fue entregado a una comisión humanitaria, mientras el Ejército aseguraba que abriría una investigación para encontrar a los responsables del hecho.

    No son hechos aislados

    En el mes de mayo, el Programa por la Paz del Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), presentó un informe en el que se demuestra la continuación de las ejecuciones extrajudiciales y las nuevas modalidades para cometer este tipo de violaciones. Según el informe, entre 2001 y 2010, se han presentado 562 casos y 1.119 víctimas. De estos casos, 887 responden a ejecuciones extrajudiciales, 87 a torturas, 36 a heridos, 41 a amenazas individuales, 63 a desapariciones forzadas y 214 a detenciones arbitrarias.

    Según el Banco de Datos de Derechos Humanos y Violencia Política del Cinep, luego del escándalo de los ‘falsos positivos’ contra los jóvenes de Soacha, se ha identificado una serie nuevas modalidades en este tipo de violaciones. Por un lado, se ha encontrado que en algunos de los casos los presuntos responsables ya no presentan a las víctimas como miembros de grupos guerrilleros sino como personas asociadas a la delincuencia común; y, por otra parte, algunos hechos se presentan como errores de operación por parte de la Fuerza Pública.

    El informe denuncia que los errores militares son ejecuciones extrajudiciales y que la mayoría de los casos son atribuidos a agentes de la Fuerza Pública. En el documento, el Cinep expone que sólo hay 146 miembros de la Fuerza Pública con resolución de acusación por investigaciones realizadas en las direcciones seccionales de la Fiscalía por estos hechos entre 2001 y 2010 y que, además, las sentencias condenatorias son apenas 54, las abstenciones de medida de aseguramiento son 90, las decisiones de preclusión son 15 y las personas beneficiadas con dicha medida 36. Sin embargo, resalta el informe que el recurso jurídico del vencimiento de términos permite que muchos militares acusados de graves violaciones al Derecho Internacional Humanitario continúen en servicio.

    Sin embargo, muchos de estos casos han pasado a la Justicia Penal Militar y allí no se asegura que efectivamente se juzgue a los responsables. Según los tribunales castrenses, en su fuero hay más de 500 casos de posibles ‘falsos positivos’ que, hasta el momento, no han mostrado resultados en las investigaciones ni condenas, al punto que tanto la oficina en Colombia de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos como la Corte Suprema de Justicia han planteado la necesidad de su paso a la jurisdicción ordinaria, donde hay más garantías a los derechos de las víctimas, y la reapertura de los casos cerrados.

    Mientras tanto, los familiares de las víctimas de estas prácticas siguen esperando que se sepa la verdad y se castigue a los responsables, superando el manto de impunidad que cubre esta atroz práctica en Colombia.

  • Veinte años de impunidad

    Por: Christian Peñuela – mayo 4 de 2011

    El 24 de abril de 1991 fueron asesinados los periodistas Jorge Enrique Torres y Julio Daniel Chaparro, quienes se encontraban investigando la masacre de Segovia (Antioquia), crimen de lesa humanidad en el que murieron cuarenta y tres personas y que fue perpetrada el 11 de noviembre de 1988 por paramilitares al mando de Fidel Castaño. Veinte años después del atroz crimen, la justicia colombiana adoptó una decisión polémica: la Fiscalía dictó la prescripción del caso y, con ello, la impunidad sigue reinando.

    Por los días en los que estos periodistas fueron asesinados, paradójicamente, se construía y firmaba la Constitución Política de 1991, donde se consagra el derecho de toda persona a la libertad de expresión y opinión, a la información libre y veraz y a la protección de la actividad periodística bajo condiciones de libertad e independencia profesional. Tras veinte años del asesinato de estos periodistas, presuntamente a manos de grupos paramilitares en complicidad con el Ejército, los familiares de las víctimas se enfrentan a los mecanismos usuales de impunidad.

    En la decisión, emitida por un fiscal de la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía General de la Nación, se asegura que no se encontraron motivos ni evidencias de fuerza probatoria que pudieran determinar que este doble crimen se haya ejecutado por la labor periodística que desempeñaban los comunicadores en el lugar de la masacre. Sin embargo, no quedan aún claros los elementos que se tuvieron en cuenta en la investigación del ente acusador ni qué fue exactamente lo que sucedió.

    Jorge Enrique Torres y Julio Daniel Chaparro arribaron hasta Segovia con el fin de informar acerca de uno de los capítulos más violentos de la historia reciente en Colombia. Este cubrimiento tenía la intención de hacer un trabajo de investigación con las víctimas de esta masacre, luego de la incursión del grupo paramilitar llamado Muerte a Revolucionarios del Nordeste Antioqueño, que arrasó y desplazó a decenas de familias de campesinos en la zona, con la anuencia de la Fuerza Pública. El motivo: la Unión Patriótica había echado raíces allí y había logrado ganar las elecciones locales, posesionando a Rita Tobón como alcaldesa, lo cual amenazaba, como se ha comprobado en los estrados judiciales, el poder de políticos locales de ultraderecha, como el exministro César Pérez García, quien está preso en este momento como autor intelectual del crimen de lesa humanidad.

    Haciendo gala de un periodismo comprometido y consecuente, estos periodistas arriesgaron sus vidas para informar a la opinión pública y lograr que estos hechos quedaran registrados en la memoria nacional. Sin embargo, las balas los silenciaron, al igual que a los testigos y a los presuntos victimarios, quienes corrieron la misma suerte. Nadie se salvó para dar cuenta de los verdaderos responsables de estos asesinatos y el silencio sigue reinando.

    Es evidente que el motivo del asesinato de estos periodistas tuvo origen en acallar una investigación periodística que estaban realizando bajo el título “Lo que la violencia se llevó”, en la cual cubrían varias zonas del país fuertemente afectadas por el conflicto armado, como Carmen de Chucurí (Santander), Vista Hermosa (Meta), Toribío (Cauca) y Tierralta (Córdoba). Esta investigación los condujo a Segovia, donde encontraron la muerte tras unas pocas horas de haber llegado al pueblo.

    Era indudable: representaban un objetivo militar para los paramilitares por su investigación y por trabajar para El Espectador, periódico que sufría por ese entonces de una campaña sistemática de desprestigio, amenaza y muerte por parte del Cartel de Medellín, que llegó hasta el asesinato de su director, Guillermo Cano, y a atentar con bomba contra la sede del informativo en Bogotá. Pese a estos antecedentes y sin tener en cuenta la labor peligrosa que realizaban los informadores, la justicia colombiana no encontró pruebas suficientes tras dos décadas de una investigación que no tuvo en cuenta varias de las particularidades del caso.

    En primer lugar, los presuntos victimarios, quienes fueron señalados inicialmente por la Fiscalía de pertenecer al Ejército de Liberación Nacional, fueron puestos en libertad por falta de pruebas en su contra y años más tarde también fueron asesinados. En segundo lugar, el caso fue asumido por el abogado y defensor de derechos humanos Eduardo Umaña Mendoza, quien también fue asesinado por paramilitares el 18 de abril de 1998, y la impunidad reinante en su caso ha impedido que se sepa la relación entre sus investigaciones, en casos como la masacre de Segovia y el holocausto del Palacio de Justicia, y su homicidio.

    La Comisión Interamericana de Derechos Humanos establece, en la Declaración de los Principios sobre la Libertad de Expresión, que “el asesinato, secuestro, intimidación o amenaza a los comunicadores sociales, así como la destrucción material de los medios de comunicación, viola los derechos fundamentales de las personas a estar informadas y coarta severamente la libertad de expresión. Es deber de los Estados prevenir e investigar estos hechos, sancionar a sus autores y asegurar a las víctimas una reparación adecuada”. Sin embargo, las investigaciones no avanzaron en este sentido y la suerte de estos periodistas, que murieron en cumplimiento de su deber ético y profesional, ha quedado como un claro ejemplo de que la impunidad es la norma por excelencia en este tipo de casos.

    El historiador Daniel Chaparro, hijo del periodista Julio Daniel Chaparro, considera estos dos asesinatos como un atentado directo contra la democracia que “mancilla la memoria de los periodistas asesinados y hiere profundamente a los familiares”. Por estos motivos, los familiares de los periodistas han decidido llevar el caso ante la Corte Penal Internacional, en vista de la inoperancia de la justicia colombiana.

  • Amenazada periodista en Barranquilla y limitado arbitrariamente acceso de prensa a audiencia pública

    Durante el jucio a Miguel Ángel Beltrán se prohibió fotografiar el rostro del fiscal - Foto: Andrés Gómez

    Por: Federación Colombiana de Periodistas (Fecolper) – mayo 3 de 2011

    Liney Escorcia, colega de la cadena radial Caracol en Barranquilla, fue amenazada el pasado 30 de abril por dos sujetos que se movilizaban en una moto y le exigieron dejar de informar sobre temas que no cubría habitualmente. Y, dentro de una audiencia pública en Bogotá, un fiscal y un juez impidieron el cubrimiento de una diligencia por parte del colega Andrés Gómez, editor del periódico El Turbión, el día de ayer, 2 de mayo. (más…)

  • Yuri Neira: «Es una retaliación por la sentencia en el caso de Nicolás»

    Yuri Neira se ha convertido en un símbolo de la lucha contra la brutalidad policial en Colombia - Foto: Andrés Gómez

    Por: Omar Vera – mayo 2 de 2011

    Después de su detención por parte de dos agentes de la Policía y la iniciación de un proceso penal en su contra, Yuri Neira relata las condiciones en que fue apresado y luego liberado, las presiones y agresiones en contra de  sus abogados y sus preocupaciones por ser acusado de agredir a un funcionario público. El reconocido defensor de derechos humanos asegura que esta situación hace parte de las retaliaciones en su contra por el reciente fallo judicial en el que se reconoce la responsabilidad del Estado en el asesinato de su hijo a manos de agentes del Esmad, el 1 de mayo de 2005. (más…)

  • Palma: peor que una inundación

    Las 123 familias de Las Pavas retornaron a sus tierras, a pesar de las amenzazas y la presión de los terratenientes en la región - Foto: retornoalaspavas.wordpress.com

    Por: Andrés Gómez – abril 25 de 2011

    Al menos ciento veintitrés familias campesinas retornaron a la hacienda ‘Las Pavas’, luego de haber sido desplazadas por parte de paramilitares y miembros de la Fuerza Pública. Los campesinos, que habitan la región desde 1930, aducen que retornan por el temor a que las empresas agroindustriales que llegaron en 2007 llenen de cultivos de palma la hacienda que reclaman como suya y que, además, sigan causando desplazamientos y daños en el ecosistema, relacionados con inundaciones y contaminación de las aguas, según denuncias de la Asociación de Campesinos de Buenos Aires (Asocab). (más…)

  • Exigen regreso con vida de activista desaparecida

    La búsqueda con vida de Sándra Viviana Cuéllar continúa - Foto: Camila Ramírez

    Por: Camila Ramírez – 19 de abril de 2011

    El pasado 8 de abril se llevó a cabo una vigilia en la plazoleta Manuel Gustavo Chacón de Bogotá para reclamar por el regreso con vida de Sandra Viviana Cuéllar, ambientalista desaparecida desde el 17 de febrero de 2011 en la ciudad de Cali. Ya en Europa, el 9 de abril, diversas ONG se manifestaron ante la embajada de Colombia en Bruselas para solicitar información al gobierno colombiano sobre la desaparición de la activista.

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  • Atacados periodistas por el Esmad en Bogotá y amenazados periodistas en Tolima

    Agentes del Esmad dispararon gases lacrimógenos al cuerpo de los periodistas - Foto: Omar Vera

    Por: Federación Colombiana de Periodistas (Fecolper) – marzo 30 de 2011

    Dos impactos con granadas de gas disparadas por el Esmad sufrió el colega Omar Vera, director del Periódico El Turbión, esta mañana en inmediaciones de la Universidad Nacional de Bogotá. Y en Mariquita, los periodistas Olver Escobar, director de Radio Lumbí, y Luis Fernando Montoya, director del periódico El Puente, han sido objeto de amenazas de muerte en las que les exigen retirar la denuncia hecha ante la Fiscalía por el intento de linchamiento del colega Escobar. (más…)

  • Víctimas marcharon contra la impunidad

    El pasado 11 de marzo más de 2.000 personas protestaron contra las desapariciones, las ejecuciones extrajudiciales y la impunidad impuesta por la llamada Ley de Justicia y Paz - Foto: Plaxy

    Por: Camila Ramírez – 16 de marzo de 2011

    El pasado 11 de marzo, más de 2.000 personas se unieron al Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice) para rechazar la impunidad permitida por la Ley de Justicia Transicional que firmó el gobierno de Juan Manuel Santos para viabilizar desmovilizaciones que estaban siendo entorpecidas por la Ley de Justicia y Paz, o Ley 975 de 2005, en una marcha que partió de la plaza Eduardo Umaña Mendoza hasta la Corte Constitucional, donde los asistentes radicaron una demanda de inconstitucionalidad en contra de esta norma, por atentar contra sus derechos fundamentales. (más…)

  • Encuentro de víctimas exigió fin de la impunidad y del paramilitarismo

    El Encuentro Nacional del Movice rechazó la inmensa impunidad sobre los crímenes de Estado - Foto: Andrés Gómez

    Por: Ivonne Cardozo – 15 de marzo de 2011

    Más de cuatrocientas personas, vinculadas a organizaciones de todo el país, asistieron al quinto encuentro nacional del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), que se realizó entre el 10 y el 12 de marzo pasados en la ciudad de Bogotá. Provenientes de casi todas las regiones del país y de diferentes sectores sociales y políticos, estos familiares de líderes sociales, sindicalistas, estudiantes, campesinos, indígenas y afrodescendientes asesinados o desaparecidos por el Estado colombiano o los grupos paramilitares, trabajaron para plantear soluciones de fondo a los problemas causados por el accionar paramilitar, por encima de las leyes planteadas por el gobiernos de Juan Manuel Santos, y al conflicto armado que vive el país.

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