Categoría: Destacado

  • Uribe condenado: un pequeño gran paso hacia la justicia

    La condena a 12 años de prisión domiciliaria del expresidente Álvaro Uribe Vélez por fraude procesal y soborno marca un hito en la historia judicial colombiana: por primera vez un expresidente es declarado culpable en un proceso penal y recibe una condena. Sin embargo, este no es sino un paso hacia la verdad y la sanción de los graves crímenes cometidos durante sus gobiernos que las víctimas y diversos movimientos sociales han reclamado durante años.

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  • Recicla Ricaurte detiene la muerte antes de que llegue al mar

    Por: Andrés Gómez

    El municipio de Ricaurte, Nariño, está enclavado en los hermosos bosques del pie de monte que conecta los Andes con el Pacífico, ubicado a casi 700 kilómetros de Bogotá, y a 130 km de Pasto por carretera, su geografía está llena de vida en forma de zorros grises, carpinteros reales, serpientes coral, guayacanes y orquídeas de bosque tropical húmedo, pero en medio de la exhuberancia de la naturaleza, las oportunidades escasean mientras el conflicto armado continúa. Pese a esto, en este municipio, un grupo de mujeres ha construido una respuesta colectiva ante la contaminación y la falta de oportunidades económicas. Desde 2017, la asociación Recicla Ricaurte por la Paz ha logrado evitar que plásticos y cartón terminen en los bosques, el río Güiza y en el océano pacífico, al punto que hoy envían a empresas transformadoras toneladas mensuales de estos materiales.

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  • “20 años de impunidad son 20 años de complicidad”

    Por: Camila Ramírez

    Han transcurrido dos décadas desde el asesinato de Nicolás Neira, un joven de 15 años que participó en las manifestaciones del 1° de mayo de 2005 y fue asesinado por agentes del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) hoy renombrado como Unidad de Diálogo y Mantenimiento del Orden (Undmo). Su padre, Yuri Neira, mantiene viva la memoria de su hijo, y sigue exigiendo verdad, garantías de no repetición y justicia, pese a las amenazas contra su vida que lo mantienen en el exilio, y las acciones jurídicas que han buscado la impunidad de los policías, responsables de asesinar y encubrir la muerte de su hijo.

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  • Nos estamos mintiendo sobre el ataque de Trump a Irán

    Por: Nancy Okail*

    A principios de este año, en una inesperada divergencia de la retórica de política exterior predominante durante mucho tiempo en presidentes de ambos partidos, Donald Trump pronunció un discurso en Riad criticando a los intervencionistas, a los neoconservadores y el hábito de Estados Unidos de bombardear países de Oriente Medio: «Al final, los llamados ‘constructores de naciones’ destrozaron muchas más naciones de las que construyeron», dijo, «y los intervencionistas estaban interviniendo en sociedades complejas que ni siquiera ellos mismos entendían».

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  • El golpe de Trump y Milei a la salud pública mundial

    Por: Ariela Ruiz Caro*

    El pasado 27 de mayo, el presidente de la Argentina, Javier Milei, recibió en la Casa Rosada al secretario de Salud de Estados Unidos, Robert Kennedy Jr. Como resultado de esa reunión, Milei ratificó su decisión de retirarse de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y se sumó a su propuesta de crear un organismo alternativo. Feliz con el encuentro, Kennedy Jr. escribió en su cuenta de Instagram que tuvo “una maravillosa reunión con el presidente argentino sobre el retiro mutuo de nuestras naciones de la OMS y la creación de un sistema de salud internacional alternativo basado en la ciencia de referencia y libre de impulsos totalitarios, corrupción y control político”.

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  • Bukele y su miedo a la verdad

    Por: Andrés Gómez

    En el Salvador solo se puede escuchar una voz: la de Bukele. En su megalomanía dictatorial se ha asegurado que nadie cuestione sus decisiones, ni investigue sus actos como mandatario, hasta el punto que hoy no se puede hacer prensa independiente en ese país. Sobre esta realidad, hablamos con Daniel Valencia y Óscar Orellana, dos periodistas que hoy toman medidas de autoprotección ante el miedo que impone el auto denominado “dictador más cool”, y quienes exponen cómo Bukele ha construido con tiranía la realidad de El Salvador, realidad que el globo parece ignorar y del que hacen eco autoritarios del mundo, a pesar de que seis de cada diez personas en El Salvador se autocensuran en redes sobre lo que opinan del déspota por temor a ser víctimas del régimen de excepción.

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  • Pabellón Libertad

    Por: Andrea Umaña

    El pasado 3 de mayo, la Casa Sámano del Museo de Bogotá volvió a abrir sus puertas para presentar la exposición “Pabellón Libertad”, una apuesta por comprender la historia de la cárcel en Bogotá que busca conmover a los asistentes, mientras se les interpela sobre la transformación del sistema carcelario. Una pregunta acompaña durante toda la exposición a quienes la visitan: ¿encerrar y castigar es realmente hacer justicia?

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  • El embargo de carbón a Israel que nunca fue

    Por: Andrés Gómez

    El 20 de mayo de 2025, el Reino Unido anunció que suspendería el Tratado de Libre Comercio con Israel y que negociarán uno nuevo. Al día siguiente, el presidente de Colombia aplaudió al pueblo inglés al escribir: “Felicito al Reino Unido por su decisión digna en contra del genocidio. Ahora Colombia invita a toda Latinoamérica a denunciar los tratados de libre comercio con Israel. No se comercia con estados genocidas”. Sin embargo, Colombia no ha detenido por completo las relaciones comerciales con Israel, a pesar de las declaraciones del presidente Petro de hace un año, en las que anunciaba cortar relaciones con el gobierno sionista presidido por el genocida, Benjamín Netanyahu, y cesar toda exportación de carbón térmico a Israel por el genocidio palestino.

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  • De atentados y manipulaciones

    La condena al atentado que sufrió, el pasado 7 de junio en Bogotá, el senador Miguel Uribe Turbay, precandidato presidencial del Centro Democrático, no solo se hace urgente por lo macabro del hecho y porque dispara las disputas políticas en Colombia, sino que debe darnos una oportunidad para rechazar la instrumentalización de este lamentable suceso por parte de un sector de colegas periodistas y políticos para hacer campaña de difamación contra el actual gobierno, en el contexto de antesala a las elecciones de 2026. El intento de homicidio, que salió mal a quienes lo planearon, necesita de investigaciones certeras y un análisis profundo que no alimente conspiraciones ni odio político, sino que ofrezca respuestas claras sobre los autores intelectuales y sus propósitos.

    Debates en medio de mentiras

    Todas las cabezas políticas de la extrema derecha ven en el intento de asesinato contra Miguel Uribe una oportunidad para hacer campaña. Vicky Dávila, por ejemplo, primero culpó al presidente: “El primer responsable político es el presidente Gustavo Petro, que ha promovido un ambiente de violencia que nos está trayendo sangre y dolor”. Días después, la experiodista aseguró que una fuente militar activa le informó que Néstor Gregorio Vera Fernández alias ‘Iván Mordisco’, comandante del Estado Mayor Central (EMC) disidente de las antiguas FARC-EP, era el responsable pero no se retractó de lo que dijo sobre Petro. Por su parte, María Fernanda Cabal siguió la misma línea y afirmó que “esto es consecuencia del ambiente de odio y estigmatización que ha promovido el gobierno de Gustavo Petro contra quienes pensamos distinto”.

    Las precandidatas de la extrema derecha no fueron las únicas. Marco Rubio, secretario de Estado de EE.UU. también usó el hecho y profundizó la campaña de estigmatización contra Gustavo Petro al asegurar que el ataque sobre la humanidad de Miguel Uribe es “resultado de la violenta retórica izquierdista”, mientras que, el expresidente Andrés Pastrana fue más lejos al escribir que “las mendaces palabras de Petro contra Miguel Uribe lo hacen responsable de lo que acaba de suceder. Este gobierno se ha dedicado a sembrar el odio y a incitar a la violencia. ¡Este es su resultado!”

    Todos estos políticos señalaron abiertamente al presidente de Colombia como responsable sin esperar indicios de las investigaciones ni aportar pruebas. Con ello han dirigido el debate, no a exigir investigaciones diligentes y claras, sino a posicionar la idea de que el problema son las palabras con las que Petro ha calificado a sus opositores, y no los motivos de quienes ordenaron éste crimen, en momentos en que el hecho resulta absolutamente inconveniente, tanto para el gobierno como para los movimientos populares que lo respaldan. Si bien calificativos como “nazis” y “esclavistas”, dirigidos a la derecha política y a los dueños de las mayores fortunas del país, no son fáciles de digerir para sus voceros, estos no constituye una orden ni una incitación a matar, ni hay indicios de que el ataque contra el nieto del expresidente Turbay, en su época líder de la extrema derecha, se haya originado por palabras de Petro ni por las acciones de Miguel Uribe como senador de oposición.

    Miguel Uribe era un político sin carisma ni base de votantes. Su éxito político se ha basado en el hecho de ser el favorito del expresidente Álvaro Uribe Vélez para encabezar la lista de su partido al Senado, y su poco notable trabajo parlamentario ha llevado a que, antes de este atentado, recibiera múltiples ataques y un profundo desprecio de parte sus competidoras por la candidatura presidencial de la extrema derecha: Cabal, Valencia y Dávila, quienes hoy instrumentalizan el crimen para mostrarse en solidaridad con su familia ante los medios, culpar a Petro y ganar potenciales votantes para las elecciones de 2026.

    Asimismo, se intenta posicionar la narrativa falsa de que ‘estamos volviendo a la violencia política de finales de la década de los 80 e inicios de los 90´, cuando fueron asesinados Jaime Pardo Leal, Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro Leóngomez, como producto de las alianzas entre el narcotráfico, la extrema derecha, el paramilitarismo y la Fuerza Pública. Pero se olvidan, los promotores de esta idea errónea, de que esa violencia política empezó con el plan de exterminio contra: la Unión Patriótica, A Luchar, el Frente Popular y otros movimientos populares, como la AD-M19, y que hasta el momento estos actos criminales no han cesado, dejando a Colombia como el país más peligroso para líderes sociales, defensores de derechos humanos y ambientalistas.

    No hay ninguna repetición. No son los miembros del Centro Democrático, partido de extrema derecha, quienes sufren una persecución de este tipo, tampoco lo son sus líderes, quienes han sido abiertamente negacionistas del genocidio político ocurrido en Colombia, ni la derecha ha sido la más perjudicada con éste lamentable hecho.

    Lo que sí se repite, lastimosamente, es que al igual que entonces, se use como ejecutores de crímenes ideados en las más altas esferas del poder, a menores de edad entrenados como sicarios, y se ideen los planes sin una salida clara para éstos, condenándoles a muerte de antemano para así proteger a los responsables, con la impunidad a la que hemos estado acostumbrados durante más de cuatro décadas. Al mismo tiempo, resuenan las voces de quienes exigen ’castigo ejemplar’ contra el menor que disparó, para sacar beneficio de una retórica basada en el populismo punitivo y la promesa de una ‘mano dura’ que nunca ha resuelto nada de fondo en Colombia.

    Lo que se sabe

    Miguel Uribe Turbay – Foto: Luigi Venegas

    Quienes atentaron contra la vida de Miguel Uribe usaron a un menor de edad de apenas 14 años, con poco entrenamiento, ni conocimiento sobre quién era la víctima, para disparar al precandicato presidencial con una pistola Glock de 9 mm y sin plan de escape. El niño tuvo la suerte de ser reducido por uno de los escoltas de Uribe Turbay, quien siguió el protocolo de herir y no matar, y que además lo protegió de personas que buscaban herirlo. Esto, además de resultar inesperado para quienes idearon el crimen, que muy claramente esperaban verle muerto, ha permitido avanzar en las investigaciones. Un ejemplo son las capturas de Katherine Martínez, joven de 19 años, quien habría entregado el arma automática al niño que disparó contra Miguel Uribe, y la de Carlos Eduardo Mora González, alias «El Costeño» quien afirmó que alias «El Churco», criminal ecuatoriano y posible narco invisible, fue quien dio la orden.

    No obstante, los motivos aún no son claros. Se especula sobre asuntos personales, su papel como secretario de Gobierno de Bogotá durante la última alcaldía de Enrique Peñalosa, su actividad política o las pugnas internas en su partido, pero nadie puede negar que este acto ha generado una gran inestabilidad en el país y ha puesto en aprietos al Gobierno del Cambio.

    Al respecto, Gustavo Petro ha insistido en que “La nueva junta del narcotráfico”, con sede en Dubai, ordenó la muerte de Miguel Uribe y la suya propia, con el objetivo de sembrar caos e incitar a la violencia política entre colombianos:

    Los asesinos buscan que nos matemos entre nosostros, debilitar el Estado y avanzar sobre sus controles a la economía ilícita. Dentro de la junta del narcotráfico, con asiento en Dubai y Colombia, están las personas que yo mostré con nombre propio al país y que busqué su captura y puesta en manos de la Justicia. A uno ya lo dejaron libre.

    Implicaciones

    Efraín Cepeda, presidente del Senado y del Partido Conservador, ha señalado que “seré el jefe de la banda para hundir las reformas que no le convienen al país» – Foto: Organización Demócrata Cristiana de América

    Sin lugar a dudas, este atentado guarda un inquietante paralelismo con ataques a líderes politicos en otros países, como el del asesinato de Fernando Villavicencio en Ecuador en 2023. Villavicencio era un político de derecha que tenía como bandera de su programa de gobierno la lucha contra el narcotráfico. Luego de su asesinato, Daniel Noboa, candicato de extrema derecha y acusado de relaciones con los narcos, logró ser reelegido en la presidencia, en unas elecciones altamente cuestionadas por la imposición del estado de excepción y la militarización del país previo a las comicios.

    A un año y medio de las elecciones en Colombia, resulta muy preocupante tanto el intento de homicidio contra Miguel Uribe como la inmediata multiplicación de las amenazas contra varias personalidades de la derecha y la izquierda. De ser cierta la versión de Petro, estaríamos ante un proyecto que buscaría el hundimiento del país en la violencia y que el próximo presidente de Colombia, fuere cual fuere, se pliegue al narcotráfico.

    Muchos ya han caído en la provocación, y no solo en las altas esferas políticas, sino también entre ciudadanos de a pie. En la clínica Santa Fe, donde está internado Uribe Turbay, la periodista Gelitza Jiménez y su camarógrafo, ambos reporteros de RTVC Noticias, fueron agredidos por simpatizantes del Centro Democrático mientras cumplían su labor informativa y cubrían la evolución del estado de salud del precandidato. Estos mismos ataques se repitieron en diversas ciudades del país durante las llamadas ‘marchas del silencio’, el pasado domingo 15 de junio.

    Las marchas convocadas por una coalición, que incluyó al presidente del Senado Efraín Cepeda, y a parlamentarios del Centro Democrático, buscaban apoyar a Miguel Uribe y que cesara la polarización, pero no cumplieron con este último objetivo: “Al llegar a la Plaza Bolívar los asistentes a la marcha gritaban consignas contra el Gobierno de Gustavo Petro”, evidenciando que las marchas no solo protestaban contra el intento de homicidio de Miguel Uribe, sino que tenía como intención antagonizar con las personas del Gobierno y la Consulta Popular. Lo que aprovechó María Fernanda Cabal, quien escribió: «Cientos de miles de compatriotas en la Plaza de Bolívar. Esto nos da la esperanza de qué si puede. Petro será cosa del pasado».

    Otros que han cedido a la tentación de usar el atentado para desestabilizar al Gobierno son los exmilitares, quienes convocaron marchas el pasado 12 de junio. Germán Rodríguez, mayor retirado de la Infantería de Marina, afirmó que su motivación es la de:

    Exigirle a los generales que haya ruido de sables. Aclaro que no es para un golpe de Estado, es para exigirles que los colombianos los queremos oír, para presionar al gobierno Petro y que impida que el país se le entregue a la subversión.

    Otras acciones desestabilizadoras han sido lideradas por el presidente del Senado y jefe del Partido Conservador, quien ha señalado que: “seré el jefe de la banda para hundir las reformas que no le convienen al país”, y no solo ha llamado abiertamente a desconocer la autoridad presidencial, promoviendo una alianza de líderes de nueve partidos de derecha, luego del ataque a Miguel Uribe, sino que pidió una reunión con la cúpula de las Fuerzas Militares y la Policía Nacional sin la presencia del presidente Petro.

    Así las cosas, el atentado contra Miguel Uribe se ha convertido en una herramienta electoral y de agitación por parte de la extrema derecha que prepara el terreno para la confrontación. Usar la violencia como excusa para promover una narrativa de odio y, de paso, deslegitimar al primer gobierno popular de nuestra historia reciente, no solo es irresponsable sino peligroso. Si como sociedad no somos capaces de diferenciar entre justicia y propaganda podríamos entrar a una nueva fase de violencia de la que solo saldrán beneficiados quienes la instigan.


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  • Menonitas en la Amazonía Peruana: una amenaza neocolonial enmascarada con la fe

    Por: Elena Bassi*

    La expansión de las colonias menonitas en la Amazonía peruana ha desencadenado graves conflictos territoriales con las comunidades indígenas, cuyas formas de vida dependen del bosque tropical húmedo y su biodiversidad. Estas comunidades han habitado por miles de años estos territorios, desarrollando una relación con la naturaleza que garantiza tanto su subsistencia como su identidad cultural. Pero, la tala masiva y la conversión de bosques en tierras agrícolas por parte de los menonitas han generado un profundo impacto ambiental y social, vulnerando los derechos de los pueblos nativos, y poniendo en riesgo un ecosistema vital para amortiguar el cambio y la crisis climática.

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