Categoría: Editorial

  • El éxito paramilitar de la desmovilización

    Septiembre 18 de 2007

    Las afirmaciones contenidas en el reportaje que la revista Cambio presenta en su pasada edición, en el que se destaca que el líder paramilitar Vicente Castaño, prófugo de la justicia y miembro de una familia cuya historia esta ligada al nacimiento de las AUC, habría muerto como fruto de una disputa territorial que involucra a varios jefes paramilitares actualmente privados de la libertad y acogidos a los beneficios de la Ley de justicia y paz, como son: Carlos Mario Jiménez, alias ‘Macaco’; y Diego Fernando Murillo, alias ‘Don Berna’, han desatado una polémica cuyos alcances no han sido seriamente tratados, por lo que consideramos necesario ilustrar los elementos más relevantes de esta nueva versión sobre su muerte.

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  • Un uribismo ‘sedicioso’

    Agosto 15 de 2007

    El Derecho distingue, entre las conductas punibles en la sociedad, dos tipos de delitos: el delito común y el delito político. Con la construcción de los estados modernos, esta última clasificación aparece y se va haciendo cada vez más clara, dada la evolución histórica de los movimientos populares y sociales que buscan una sociedad más justa.

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  • Un Reichtag a la criolla

    Julio 11 de 2007

    Así como en 1933 el incendio del Reichstag –sede del parlamento alemán– fue aprovechado por Hitler para el establecimiento de la Alemania nazi, aboliendo la mayoría de los derechos civiles, hoy el presidente Álvaro Uribe Vélez capitaliza a su favor la situación generada por la muerte de los once ex diputados del Valle.

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  • Hay algo aquí­ que no va

    Julio 2 de 2007

    Con el anuncio de la muerte de once de los doce ex diputados de la Asamblea departamental del Valle que, desde hace cinco años, permanecían retenidos por la guerrilla de las FARC, se ha abierto la puerta a un gigantesco debate nacional en el que han imperado la confusión, la multiplicidad de vagas hipótesis y la manipulación gubernamental del dolor de las familias de las víctimas.

    Mientras las acusaciones corren de un lado para el otro, las lágrimas de las familias de los diputados secuestrados son mostradas a todo el país, ‘en vivo y a todo color’, por los principales monopolios mediáticos, que no muestran el más mínimo respeto por las víctimas, ni tampoco ningún interés por escuchar su quejas ante la indiferencia de un gobierno que insiste fanáticamente en un rescate militar de los rehenes que ya ha probado su inutilidad.

    Desde la madrugada del jueves, cuando la agencia Anncol publicó un comunicado del Comando conjunto de occidente de la organización guerrillera señalando la muerte de estas personas “En medio del fuego cruzado cuando un grupo militar, sin identificar hasta el momento, atacó el campamento donde se encontraban”, el alud de versiones emitido por algunos medios, basadas solamente en conjeturas, sólo han contribuido a la confusión y la incertidumbre que han reinado desde entonces en el país.

    Si bien es cierto que la vaguedad de los datos ofrecidos por los comunicados de la organización armada dejan un manto de duda importante sobre el caso, también es cierto que una plausibilidad de las hipótesis basada exclusivamente en suposiciones contradictorias y datos dispersos, ha sido una valiosa excusa para que el gobierno sostenga su versión de los hechos y se encuentren desarrollando una ofensiva diplomática y de opinión para negarse a pactar el intercambio humanitario.

    En irresponsables, pero muy calculadas declaraciones, emitidas en cadena nacional al medio día del jueves y repetidas a las nueve de la noche de ese mismo día, Uribe Vélez y los más altos funcionarios de su gobierno insistieron en mantener la versión de una ejecución masiva practicada por las FARC. Partiendo de una conjetura, buscaron establecer una cortina de humo sobre el caso para eludir su responsabilidad en la muerte de estas personas, posible no sólo en el supuesto de un operativo militar secreto para liberarlas, o eliminarlas; sino por su intransigencia en la negociación del acuerdo.

    Aún cuando desobedezca los mandatos del gobierno de Bush, que busca desesperadamente la liberación de los tres mercenarios de la empresa Dyncorp en poder la guerrilla; del gobierno de Sarkozy, que ha usado el caso de Ingrid Betancourt como comodín de su campaña política y la de su partido en las elecciones legislativas francesas; de la comunidad internacional, que se ha pronunciado vehementemente en diferentes espacios por el acuerdo; y hasta los de la propia ciudadanía colombiana, que ha apoyado el pedido de canje como una forma de reducir los efectos negativos que tiene la confrontación militar entre las partes, Uribe busca salir nuevamente fortalecido de esta situación para mejorar las condiciones en las que se desarrolla su proyecto autoritario. Exigiendo condenas a la guerrilla, negándose a cualquier propuesta que reactive las negociaciones o permita esclarecer la verdad sobre el caso, como la comisión de encuesta planteada por Francia, Suiza y España, y elevando una rabiosa y fanática voz de condena, el mandatario ha conseguido hacer eco en los sectores de opinión que le son más leales, entre ellos los monopolios de comunicación más poderosos del país, para convencer a la nación y al mundo de las nobles intenciones de su gobierno y de la inviabilidad de cualquier intento de negociación del canje con lo que él insiste en llamar una organización terrorista.

    Los gritos de indignación del mandatario contrastan con la amnesia colectiva que se trata de imponer en este caso. Durante las últimas semanas, mientras el gobierno cedía a las presiones internacionales para liberar a un grupo de desertores de la organización armada y presos comunes, presentándolos como insurgentes, decía a los cuatro vientos que no iba a dejar de buscar el rescate militar de los retenidos, ordenando a los comandantes de las fuerzas armadas y de la policía la realización de operativos de alta contundencia en las zonas en las que pudieran encontrarse los secuestrados. Operativos que, en pasadas ocasiones, causaron la muerte de numerosas personas.

    Cabe resaltar aquí, sólo para ofrecer un ejemplo, que el veintidós de mayo cayó muerto en La Guajira Mauricio Vives Lacouture, quien había sido retenido por el ELN desde noviembre de 2005, durante un operativo de rescate negado inicialmente por el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos. Vives, miembro de uno de los más poderosos clanes familiares de la Costa Atlántica, habría sido presentado inicialmente por el ejército como un insurgente muerto en combate y su cuerpo escondido para evitar investigaciones, lo cual ha sido denunciado por su hermano, el congresista Luís Eduardo Vives quien se encuentra detenido por presuntos nexos con el narcoparamilitarismo.

    La ejecución de los secuestrados, sin dejar de ser posible, habría sido una torpeza política de enorme magnitud para la guerrilla. En un momento en que la presión internacional y de la opinión pública nacional había logrado que el gobierno aceptara la posibilidad de un intercambio, la entrega de estos retenidos habría sido su más grande carta política para avanzar en sus planes estratégicos y generar un respaldo más amplio a su propuesta y acciones.

    No obstante, la pregunta fundamental en este punto es saber qué hacían los once diputados juntos en la zona en la que se calcula que cayeron. Si se recurre al sentido común y a los elementos básicos de cualquier lógica militar, no es posible pensar que el grupo guerrillero tuviese a tantas personas de tal importancia reunidas en un solo sitio, menos aún en una zona tan vulnerable como las montañas del sur del Valle del Cauca, donde se especula pudieron presentarse los hechos. Sin excluir ninguna posibilidad, incluido algún error de comando de la guerrilla que haya traído consigo el trágico desenlace, cabe preguntarse: ¿qué interés, entonces, podrían tener las FARC para tener concentrados a estos retenidos, arriesgándose a perder una poderosa carta de negociación? ¿acaso se estaban preparando las condiciones para un posible despeje de los municipios de Pradera y Florida que esa guerrilla ha exigido para realizar el canje?

    La necesidad de conocer la verdad, cualquiera que sea, es una exigencia que los colombianos y las colombianas no podemos dejar de lado para conocer una cómoda versión oficial que no ofrece pruebas ni argumentos para sustentarse. Una situación de esta gravedad, impone el reclamo a las partes: gobierno y FARC, para que respondan por los hechos ante una población que, mayoritariamente, insiste en que el intercambio es una necesidad para frenar la degradación de la guerra que se ha impuesto en Colombia.

  • El caso RCTV y la supuesta dictadura de Chávez

     

    Junio 6 de 2007

    El fin de la concesión y la no reanudación de la misma al canal privado venezolano Radio Caracas Televisión (RCTV), por parte del gobierno de Hugo Chávez, ha generado desconcierto entre la mayoría de los medios monopólicos de Latinoamérica; marchas en contra, por parte de la oposición y la oligarquía venezolana, y en pro, por parte de los seguidores de Chávez. La última transmisión hecha por RCTV pudo verse en la noche del pasado domingo, 28 de mayo a las 11:59pm, dando así inicio a la transmisión del nuevo canal del estado Televisora Venezolana Social (TVes).

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  • Las gracias del hijo consentido del Gobierno Nacional

    Abril 29 de 2007

    Indignado apareció la noche del jueves 19 de abril el presidente, Álvaro Uribe, por la negativa del ex vicepresidente norteamericano, Al Gore, de asistir a un foro en la ciudad de Miami en el que el mandatario colombiano también participaría. Esto, como un válido ejercicio político de cuestionamiento a la falta de claridad en torno al tema de las relaciones del Estado con el paramilitarismo.

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  • Crisis internacional: nuevo escudo del gobierno en el paragate

    El martes pasado, en el marco de la audiencia sobre el paramilitarismo en el departamento de Antioquia, se puso en evidencia nacional e internacional la incidencia de políticas gubernamentales, del orden local y nacional, en la creación y obtención de apoyo institucional y político a grupos paramilitares, principalmente a través de las mal llamadas cooperativas de seguridad Convivir y del papel de Álvaro Uribe en su paso por la Gobernación de Antioquia, hechos evidentes que impulsan la crisis internacional que se desata con el freno que el parlamento estadounidense realiza sobre un paquete de más de cinco millones de dólares en financiación del Plan Colombia y sobre la negociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con la nación del norte.

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  • Emergencia en la Universidad Pedagógica Nacional

    Periódico El Turbión número 1 – febrero 3 de 2004

    La actual arremetida contra la universidad ha encontrado su máxima expresión de los últimos tiempos en la extremadamente autoritaria administración de Óscar Ibarra, miembro del Opus Dei y actual rector de la UPN, y sus medidas contra la comunidad universitaria.

    Luego de casi un año de gestión en la rectoría de la universidad, durante el cual ha impulsado las más represivas medidas contra estudiantes y profesores, como las resoluciones rectorales 001 y 0059 que prohíben el derecho a la expresión, de libre reunión y movilización, el derecho de decenas de estudiantes a buscar sus medios de sostenimiento y el derecho de la comunidad universitaria a no ser maltratada, el rector ha tomado una actitud que ha venido dando pié a una desenfrenada campaña de brutal represión y señalamiento contra  quienes realmente conforman la UPN.

    El pasado miércoles la situación llegó a un punto extremo cuando, sin ningún respeto por la autonomía de la universidad ni por la condición humana de quienes allí se encontraban, el rector ordenó la entrada de la policía al campus universitario con el pretexto de desalojarla. El resultado: el Escuadrón de Matones Antidisturbios – ESMAD ingresa a una universidad que ocupa apenas una manzana disparando gases lacrimógenos y golpeado sin motivación a los allí presentes dejando decenas de estudiantes y algunos profesores contusos, incluso con fracturas en sus brazos y clavícula, agrediendo sin miramientos a mujeres en estado de embarazo con sprays de gas paralizante que afectan directamente al sistema nervioso y con golpes de sus macanas, tomándose a sangre y fuego la universidad para callar con la canallada la voz de los estudiantes.

    Los hechos:

    La situación se generó con la expedición de la resolución 0059 que prohíbe de un tajo la venta ambulante en el campus sin tener en cuenta que esta actividad es la única solución que decenas de estudiantes de la UPN han encontrado para la dura crisis económica que enfrentan día tras día. Para garantizar su aplicación el mencionado Ibarra apeló el uso de la fuerza por parte de la empresa de vigilancia a cargo del cuidado de los bienes de la UPN, autorizándoles el uso de perros y gases pimienta contra los estudiantes y el porte de armas de fuego.

    Con esta actuación lo único que se logró fue acrecentar el amplio rechazo que ha generado la política de este defensor de la Revolución Educativa de Uribe. Agravando este malestar nos encontramos con las cotidianas agresiones por parte de la vigilancia contra docentes y estudiantes, el despilfarro diario de recursos en pintura para impedir la expresión de la comunidad en murales y pintas ante la crisis que vive la pedagógica, la negativa del uso de medios de comunicación como el megáfono y otros equipos de sonido y –el colmo– la constante prohibición del derecho a reunirse en asamblea pública implantado por la resolución 001 expedida
    recién iniciada su gestión. Todas estas circunstancias sólo permitieron que la lucha de los estudiantes vendedores poco a poco se convirtiera en una causa común a la cual se solidarizan hoy varios centenares de estudiantes que no se aguantan un abuso más por parte de este pequeño Montesinos y quieren sacar adelante su universidad ganándole por lo menos una a Ibarra.

    Al indagar con muchas precauciones al ESMAD por las razones de su intervención los estudiantes supieron que fue el rector en persona quien dio la orden de militarización de la universidad aduciendo que los estudiantes tenían tomado uno de los edificios y habían secuestrado a dos celadores. Nada más lejos de la verdad: los estudiantes se encontraban en un cese pacífico de actividades, reuniéndose en el patio central para almorzar en la Olla Comunitaria que con gran esfuerzo prepararon y decidiendo la manera de actuar ante la negativa del rector a resolver la situación de los estudiantes-vendedores, fue entonces, hacia el medio día del miércoles 18, cuando ingresó la policía por la fuerza al campus universitario con las consecuencias ya mencionadas.

    El jueves 19 los estudiantes encontraron la universidad abierta normalmente. Sin embargo, al reunirse para hablar de lo sucedido y proponer soluciones a la crisis, nuevamente se encuentran saltando las rejas de la universidad para poder escapar de la brutalidad policial desatada luego de sonada la sirena de evacuación de la universidad. De nuevo la UPN se cierra y esta vez se mantiene así indefinidamente. Ante esto los estudiantes han mantenido su cabeza en alto, exigiendo, de diversas formas, la reapertura inmediata de la UPN y llamando a las otras universidades públicas de Bogotá al apoyo solidario.

    Las mentiras de Ibarra continúan

    El pasado viernes al encontrar cerrada la universidad los estudiantes se encontraron con un pronunciamiento de las directivas que los señala como únicos responsables de los hechos violentos en la universidad y que indicaba que las directivas de la universidad no iban a dialogar bajo ningún tipo de presión. Esa tarde se reuniría el Consejo Académico de la institución, donde, de entrada, se dilucidó la actitud que se tomaría respecto a los estudiantes: “ud. no es bienvenida, si fuera por mí no la dejaba entrar a este consejo, pero la ley me obliga”, fueron las primeras palabras que Ibarra dirigió a la representante de los estudiantes. Durante el resto de la sesión este individuo centró todo su discurso tratando de ubicar como único problema de la universidad a los estudiantes, tergiversando los hechos e irrespetando la opinión de profesores y decanos miembros de éste órgano colegiado.

    Las mentiras han llegado incluso a los medios de comunicación que, además, han rehuido a difundir los hechos de la UPN y se han mantenido al margen. El jueves el periódico El Tiempo titulaba en una pequeñísima nota “Disturbios en la Pedagógica” cuando nunca hubo tales disturbios ni enfrentamientos entre los estudiantes y la policía, pareciendo ser su única fuente de información la rectoría de esa casa de estudios.

    ¿Qué hacer?

    Ante la actual oleada de represión contra la Universidad Pública, llamamos a todos nuestros lectores a unirse en torno a una campaña por la autonomía de nuestras universidades, por la no intervención de la policía en los asuntos meramente universitarios, porque se respete el espíritu deliberativo y crítico de la comunidad y el carácter de la Universidad como espacio reflexivo de debate académico y de discusión científica. Llamamos a exigir a las directivas de la UPN el respeto por la declaración de la UNESCO sobre la resolución de los problemas internos de la universidad precisamente entre los universitarios sin ningún tipo de intervención externa, el cambio de la empresa de vigilantes y al desarme de los mismos, la desactivación del aparato represivo semicarcelario que se intenta implantar en el campus, la búsqueda de una solución viable y en condiciones de dignidad a la problemática de los estudiantes-vendedores y la reapertura inmediata del campus universitario acompañada de un amplio proceso de discusión sobre los problemas reales de la UPN que permitan sacarla de la crisis en la que se encuentra.

    Demostremos a Óscar Ibarra que los estudiantes de la UPN no están solos y que la lucha por defender nuestra Universidad Pública nos involucra a todos.