
Por: Patricio Malatrassi A.* – junio 26 de 2013
Pocos recuerdan o quieren recordar que la llamada democracia capitalista no es nada más ni nada menos que la dictadura de clases de la burguesía. En esta dictadura la corrupción es parte íntima del sistema y aflora cada cierto tiempo con mayor o menor virulencia. El capitalismo es esencialmente corrupto, por ello, no es de extrañar que uno de los diputados de la república chilena señalara, no hace mucho tiempo, que “la Cámara de Diputados, en alguna medida, se ha transformado en el corazón de la corrupción”. En los actos proselitistas de la burguesía, es decir la derecha política y los llamados ‘partidos de centro’, se preocupan de reflotar con mayor fuerza todos los mecanismos de la corruptela en aras de mantener su hegemonía económica y política.






