Categoría: Medio ambiente

  • Los Bofedales: humedales andinos que merecen protección

    La Laguna de la Cocha es el único ecosistema colombiano de bofedales protegido por el Convenio de Ramsar -  Foto: Inyucho

    Por: Gustavo Carrasquel* – febrero 17 de 2012

    Los Bofedales son humedales de altura y se consideran praderas nativas de la región andina, poco extensas y con permanente humedad. Estos ‘inéditos’ humedales existen en las llanuras de los Andes centrales, a los pies de cerros y nevados, desde el norte argentino y pasando por Bolivia, Perú y Chile. Este ecosistema, poco estudiado aún, también puede estar afectado por el calentamiento global y el desconocimiento de su importancia, factores que atentan contra su supervivencia.

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  • Competencia por coltán: reciente amenaza al bioma amazónico

    Coltán: el mineral del conflicto - Foto: ENOUGH Project

    Por: Yuri Leveratto* – enero 30 de 2012

    En la actualidad, las empresas multinacionales están compitiendo silenciosamente por el acaparamiento de los lugares estratégicos del planeta, contando con el beneplácito de algunos países que han cedido parte de su soberanía a entidades externas, a menudo por motivos supuestamente humanitarios, ambientales o indigenistas. En Brasil, por ejemplo, desde hace ya varios decenios, la inmensa zona fronteriza con Colombia, Venezuela y Guyana se ha delimitado oficialmente con el fin de reservarla para algunos pueblos indígenas. Los colonos brasileros fueron obligados a abandonar sus tierras y fueron indemnizados, como en el caso del área indígena Raposa Serra do Sol.

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  • El río Tunjuelo muere al ritmo de la minería en Bogotá

    La explotación minera en Bogotá es una de las principales causas de la destrucción del río Tunjuelo - Foto: "Apuesta por la Ciudad"

    Por: Joanna Zapata – noviembre 23  de 2011

    Gigantescas explotaciones mineras, que llevan más de cincuenta años en la capital de Colombia, sumadas al deterioro que sufre por pasar por varias de las zonas más pobladas de una ciudad con casi ocho millones de habitantes matan cada día al río Tunjuelo, una de las principales afluentes hídricas de Bogotá. Organizaciones sociales, ambientalistas y autoridades locales han advertido que se deben tomar medidas inmediatas ante el desastre ecológico causado, principalmente, por las multinacionales Holcim y Cemex, y por la empresa local San Antonio, de propiedad de la arquidiócesis de Bogotá.

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  • Selva amazónica

    Amazonas - Foto: Neil Palmer

    Por: Alberto Mendoza Morales – octubre 14 de 2011

    Selva amazónica, corazón verde de Sudamérica, océano vegetal, región del misterio, ignoto escenario equinoccial, diversidad botánica hecha flora, mar de esmeralda «donde el hombre es aún un intruso». Vista desde el aire simula motoso tapete verde; vista desde adentro simula palio o dosel inmenso, húmedo, vaporante. Selva, heterogénea masa de árboles, umbrosa formación, intrincada, a veces inexpugnable, pulmón del mundo, parque del Universo hendido por ríos que la escasa pendiente hace lentos y sinuosos. Jungla, habitáculo de vida, pródiga en plantas y animales. Selva, se adorna con lagunas, ciénagas, espejos de agua, cochas sin número.

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  • Útica: ¿un pueblo que desaparecerá del mapa?

    Daños cauados por la avalancha en Útica - Foto: Margarita Ángel

    Por: Christian Peñuela – julio 7 de 2011

    El pasado 18 de abril de 2011, la quebrada Negra se desbordó sobre Útica (Cundinamarca), produciendo un deslizamiento de tierra que afectó gravemente al municipio. El 25 de abril, una segunda gran avalancha arrasó el 90% del casco urbano, afectando gravemente a la Institución Educativa ‘Manuel Murillo Toro ‘ y dejando un saldo de más de 100 viviendas destruidas, 120 seriamente dañadas y unos 2.000 damnificados, la mitad de la población evacuada de esta población.

    La visita del gobernador de Cundinamarca, Andrés Gonzáles Díaz, y del presidente, Juan Manuel Santos, permitió visibilizar a este municipio como uno de los más afectados por la ola invernal a nivel nacional, junto con Gramalote (Norte de Santander). Los mandatarios se comprometieron a entregar los recursos necesarios para la reconstrucción del pueblo y para adelantar las obras necesarias para evitar nuevas tragedias, algunas de las cuales ya llevan un avance significativo.

    Sin embargo, esto no ha resuelto un problema central: los habitantes de Útica se encuentran divididos sobre qué hacer con el pueblo en el que nacieron y vieron transcurrir toda su vida. Algunos demandan la reubicación inmediata; otros exigen que se construyan las obras de mitigación y prevención, anhelando seguir en el municipio; mientras otros tantos piensan en la reconstrucción por sus propios medios, basándose en la unión, el trabajo colectivo y la solidaridad de todo el pueblo, ante la falta de soluciones de fondo por parte de los gobiernos local y nacional a una problemática que se ha presentado por décadas y sólo ahora, cuando la emergencia ha destruido casi por completo a Útica, cobra relevancia.

    Una tragedia anunciada

    En los años cincuenta, Útica aparecía en las guías turísticas como un punto obligado para los viajeros que llegaban a esta zona del centro de Colombia. Era un importante lugar de descanso, frecuentado desde entonces por extranjeros, expresidentes y la clase dirigente del país, que se transportaba en ferrocarril hasta allí, antes de la construcción de las carreteras modernas que los aludes de abril destruyeron por completo.

    Sin embargo, la construcción de la estación del tren de Útica, una de las pocas de su tipo en la región para la época, fue sedimentando el lecho del río Negro.Además, tanto la construcción de esta infraestructura ferroviaria como la de los hoteles que se fueron formando a orillas del cruce de los dos cuerpos de agua, la Quebrada Negra y el río Negro, resultaron en la deforestación de la segunda cuenca más grande de Cundinamarca, lo fue dejando a la población de Útica desprotegida ante las crecientes producidas por sucesivos inviernos.

    De acuerdo a Jorge Eduardo Ángel, habitante del municipio y afectado por la ola invernal, “así como creció esa infraestructura turística y tuvo un florecimiento económico muy grande para el municipio, el río destruyó unos quince o veinte hoteles construidos a orillas del río Negro”. El 13 de noviembre de 1988, en una época en la que el turismo que protagonizó la vida de Útica iba perdiendo su brillo, la quebrada Negra se salió de su cauce y destruyó una buena parte del pueblo, pues no existía nada que parar sus aguas, luego de que se siguiera con la tala de árboles para el cultivo de yuca, plátano y, fundamentalmente, la caña que alimenta a los trapiches de la zona para la producción de panela.

    La reubicación de la población fue la solución planteada por los gobiernos locales y departamentales hace 23 años. Según Ángel, “en esa época costaba alrededor de 33.000 millones de pesos el traslado del municipio y 5.000 millones de pesos construir una infraestructura que previniera desastres futuros y evitara la reubicación”. Hasta la tragedia de abril, no se había viabilizado ninguna de estas dos alternativas. Además, enfatiza que “si ese papel se hubiera cumplido por parte de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca y el Estado para recuperar la cuenca, no habrían tragedias como la de hace unos días. Hay una mala política de planeación y prevención de riesgo por parte del Estado y la tragedia fue anunciada durante más de 22 años”.

    Sólo algunas iniciativas del gobierno municipal y sus habitantes permitieron enfrentar las repetitivas inundaciones durante los años noventa. Por aquella época, se pusieron en marcha mecanismos de alarma desde la iglesia del pueblo para anunciar sobre situaciones de riesgo y agilizar las evacuaciones, pues distintos estudios manifestaban la situación de riesgo permanente. Según Jorge Eduardo Ángel, “hay más de veinticinco estudios de instituciones estatales, fundaciones, universidades públicas y privadas, y organizaciones civiles que aseguran situaciones de riesgo y que proponen no solamente salidas desde el punto de vista de lo técnico sino de la experiencia propia de los habitantes, que han vivido durante cien años estas situaciones de riesgo”, agregando que “hace 22 años, una investigación determinó que la quebrada La Papaya tenía nueve millones de metros cúbicos de tierra desestabilizados, con posibilidad de deslizamientos. Hoy por hoy, las administraciones locales no han hecho nada para reforestar alrededor de las quebradas”.

    La historia se repite. Los damnificados de la avalancha de hace veintidós años volvieron a correr con la misma suerte, debido a que construyeron en zonas de riesgo y no contaron con advertencias por pare de ninguna autoridad. El Estado no cumplió con una reubicación adecuada de esta población que vuelve a encontrarse con la tragedia y autoridades como la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), la Oficina de Planeación Municipal, el Comité Local para la Prevención y Atención de Emergencias y Desastres (Clopad-Útica), las Gobernación de Cundinamarca y la Oficina de Atención y Prevención de Desastres de Cundinamarca, en cabeza de Jaime Matiz desde hace quince años, tienen responsabilidades claras por la falta de planeación y seguimiento al desarrollo económico y ambiental de Útica.

    Cuatro meses después de la tragedia, los habitantes de Útica siguen esperando soluciones de fondo y temen que la historia de su pueblo, inciada en 1803, termine de la misma manera que la de Gramalote o, hace 25 años, Armero (Tolima).

  • Estado, mineras y ‘Doña Juana’: responsables por destrucción ambiental en Bogotá

    El relleno sanitario de 'Doña Juana' es uno de los principales causantes de los problemas ambientales en el sur de Bogotá - Foto: Personería Distrital

    Por: Camila Ramírez – junio 22 de 2011

    Varios de los más importantes proyectos desarrollados por las grandes empresas privadas y el Estado en el sur de Bogotá han ocasionado graves problemas sanitarios y ambientales, además de desplazamiento de campesinos, hundimiento de terrenos y fallas estructurales en barrios enteros. Así lo denunciaron más de ciento cincuenta delegados de organizaciones sociales y ambientalistas de las localidades de Usme, Ciudad Bolívar y San Cristóbal, que se reunieron el pasado 12 de junio para exigir justicia ambiental para las comunidades afectadas.

    A la audiencia, realizada en el Colegio Distrital Paulo Freire de la localidad de Usme, fue convocado por organizaciones sociales que han trabajado la problemática ambiental de la Media Luna del sur de Bogotá, donde residen tres millones de habitantes y que por años han soportado la explotación de los recursos mineros, la degradación ambiental y el Relleno Sanitario de ‘Doña Juana’. Según el Movimiento Nacional por la Salud y la Seguridad Social, los habitantes de estas zonas presentan graves enfermedades respiratorias y de la piel, y esta “afectación de la salud de los habitantes se debe a los malos olores, las plagas y la contaminación del agua”.

    Entre las denuncias de las comunidades cobró especial importancia la situación que provoca el Parque Minero Industrial del Tunjuelo, ubicado entre las localidades de Ciudad Bolívar y Usme, en el que las empresas Holcim, de capital suizo; Cemex, de capital estadounidense y mexicano; y la Fundación San Antonio, de propiedad de la Arquidiócesis de Bogotá, realizan explotación minera a cielo abierto para elaborar materiales de construcción y en esta labor desperdician grandes cantidades de agua del río Tunjuelo. Además, se hizo de conocimiento público que las profundas excavaciones han generado grietas, hundimientos, deslizamientos y han afectado las aguas subterráneas de la zona.

    La comunidad asistente denunció que las multinacionales llevan quince años explotando los recursos naturales a su conveniencia, mientras que decenas de familias de la parte alta de la localidad de San Cristóbal no cuentan con agua potable ni sistema de alcantarillado. De igual manera, se denunció que con la Operación Nuevo Usme, una de las acciones estratégicas del Plan de Ordenamiento Territorial de Bogotá, pretende construir 36.000 viviendas a partir de la expropiación del territorio de los campesinos de la localidad para construir un proyecto de expansión urbana que no contempla las necesidades de esta población. Según el gerente de Metrovivienda, Francesco Ambrosi Filardi, la empresa del distrito ya cuenta con 930 hectáreas destinadas a la construcción de vivienda, zonas comerciales, zonas industriales, espacio público y vías.

    Los delegados de las instituciones asistentes –la Secretaría de Hacienda de Bogotá, el Ministerio de Minas y Energía, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, Metrovivienda y las alcaldías locales de Usme y Ciudad Bolívar– no se comprometieron con la comunidad a suspender las actividades de explotación, pero aseguraron que están vigilando que la normatividad se cumpla. Por su parte, las empresas privadas asistentes evadieron las preguntas de la comunidad, arguyendo que están cumpliendo sus contratos con el Estado y con las disposiciones de las autoridades competentes, por lo que no estarían afectando el medio ambiente en el territorio de la Media Luna.

    Al finalizar la audiencia, las organizaciones sociales y la comunidad exigieron el cierre del botadero de basura de ‘Doña Juana’ y del Parque Minero Industrial, así como el cambio de la administración de Metrovivienda para lograr una negociación justa, justicia ambiental, un ambiente sano, una mejor calidad de vida de los habitantes del sur y que se cumpla la propuesta desarrollada por algunos campesinos de la zona rural y de las organizaciones sociales de Usme.

  • La extracción petrolera está acabando con el agua de Casanare

    Por: Andrés Gómez – 6 de abril de 2010

    Una de las afirmaciones sobre las que se basan los mega proyectos de extracción petrolera es que el bien general prima sobre el bien particular y que, al ser necesaria la explotación de petróleo para la economía y progreso del país, las exploraciones y posterior extracción no pueden ser detenidas. Sin embargo, los habitantes de Tauramena (Casanare) piensan diferente: indígenas, labriegos, ganaderos y habitantes del municipio y de veredas cercanas han visto los daños que ha ocasionado en sus fincas el uso de explosivos para la toma de muestras del subsuelo, con las que se determina qué tipo de gases o líquidos se encuentran bajo la tierra, y han presenciado con preocupación la dramática reducción de los caudales de los ríos. Muchos pobladores temen que el ecosistema haya sido transformado de manera irremediable y que tienda a empeorar, al ser Casanare declarado departamento petrolero. (más…)

  • Colombia está a la venta

    Por: Johanna Cassaleth – 03 de febrero de 2010

    En Colombia, el mercado de carbonos materializa una estrategia que desde el tratado de Kyoto se viene realizando, y que no genera los beneficios ambientales, ecológicos, ni sociales, que anunciaba, por el contrario, podría agudizar los problemas que se vienen presentando en cuanto a contaminación, acumulación de riquezas, desplazamiento, conflicto social, y vulneraciones de DDHH.

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  • Humedal de Techo será un parque ecológico

    Por: Johana Cassaleth – octubre 28 de 2o09

    El humedal de Techo se convertirá por fin en un parque ecológico. El Juzgado Cuarto Administrativo del Circuito ordenó que esta reserva fuera recuperada, al fallar a favor una acción popular interpuesta por habitantes del sector, después de que el espejo de agua fuera declarado en alerta naranja por su alto índice de contaminación.

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  • Construcción de nueva avenida destruiría humedales de Bogotá

    Por: Johanna Cassaleth – octubre 21 de 2009

    Humedales como La Conejera y Capellanía están en riesgo de desaparecer o ser contaminados por la construcción de la nueva Avenida Longitudinal de Occidente (ALO) o Avenida Cundinamarca, en Bogotá.

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