Categoría: Opinión

  • Migrantes

    Por: Pedro Echeverría V. – mayo 25 de 2011

    Policías estatales y municipales de México aseguraron a 513 migrantes de Centro América, El Caribe y Asia que eran transportados en dos tráileres y detuvieron a dos personas que los trasladaban, informaron fuentes oficiales. Les dieron alcance en Tuxtla Gutiérrez, asegurando un tractocamión con placas de circulación 969AK5, conducido por Jesús Margarito Pérez Hernández, originario de Comitán, que fue detenido junto con su acompañante, Armando Pérez Hernández, de San Cristóbal de Las Casas. Precisaron que en esta unidad viajaban 273 personas: “175 hombres, 32 mujeres y cuatro menores” de origen salvadoreño, ecuatoriano, chino y japonés. En otro camión viajaban 240 personas, originarias de Guatemala, El Salvador, Ecuador, India, Nepal, Honduras y República Dominicana.

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  • Las tragedias serán un negocio

    Las obras de mitigación del desastre invernal serán una fuente de riqueza para empresas constructoras y contratistas - Foto: Santiago La Rotta

    Por: Carlos Jaime Fajardo – mayo 17 de 2011

    A raíz de las víctimas que deja el invierno, se incluyó en el Plan Nacional de Desarrollo la ‘locomotora’ de “Gestión ambiental y de riesgos de desastres”, en el marco de lo que el gobierno denomina “prosperidad para todos”. Bajo dicha política, los gremios económicos y los altos funcionarios tomaron la tragedia invernal como una oportunidad para la inversión de capitales, por ejemplo: el ministro de Transporte, Germán Cardona, afirmó en enero que “ésta es la oportunidad para dotar a Colombia de la infraestructura adecuada”; mientras el presidente del Grupo Grodco y miembro del conglomerado Odinsa, Gustavo Rodríguez, aseguró que “la ola invernal se convirtió en una oportunidad que tanto el Gobierno como el sector de la ingeniería deberán aprovechar”.

    Por ende, no debe extrañarnos que después de cinco meses de la tragedia de los habitantes de Gramalote (Norte de Santander) ésta no haya sido resuelta, a pesar de los anuncios de la agencia Colombia Humanitaria sobre la atención que el gobierno de Santos prestaría a las víctimas del invierno. Sin duda, éste no es el único caso donde las promesas gubernamentales no han sido cumplidas.

    Lo anterior se explica por la concepción del gobierno de no realizar gasto social sino inversión en lo social, es decir, porque busca encontrar en las tragedias unas posibilidades para negociar y para que el capital privado entre a jugar un papel importante. Por ello, sólo se resolverán los casos de los damnificados que encajen en macroproyectos, como la propuesta para conformar nuevos poblados en las zonas donde existen planes económicos de gran importancia, por donde pasen las nuevas líneas ferroviarias o donde se tenga planeada la conformación de grandes explotaciones a las orillas de los grandes ríos. Tal vez, invertir en Gramalote no sea oportunidad de negocio.

    Donde resolver la tragedia sea rentable se hará. Donde no lo sea, los damnificados tendrán que esperar las promesas de los candidatos de las próximas elecciones, quienes también se aprovecharán de ellos para sus campañas. Entonces, ¿prosperidad para quién?

  • El vagón trasero del saqueo

    Julio Roberto Gómez y Juan Manuel Santos - Foto: Presidencia

    Por: Carlos Jaime Fajardo – 15 de mayo de 2011

    Una de las discusiones que se está presentando en el país tiene que ver con las diferencias y similitudes que existen entre el régimen de Uribe Vélez y el de Santos Calderón, particularmente al interior de las organizaciones sociales, pues hoy algunos de sus miembros han decidido hacer parte de la propuesta de ‘unidad nacional’.

    Tal vez, la presencia de un exsindicalista como el actual vicepresidente venda la imagen de que los trabajadores han llegado a mandar en el gobierno, imaginario compartido por otros dirigentes sociales que no sólo están de acuerdo con las firmas de tratados comerciales desventajosos para la nación sino que se atribuyen tal atropello como un gran logro del sindicalismo.

    El régimen de Santos utiliza el pragmatismo como base de su práctica política, esto quiere decir que se alía con todo aquel que le sirva a sus planes. Por eso ha acordado con Julio Roberto Gómez, presidente de la Central General de Trabajadores (CGT), nombrarlo de ministro de Trabajo. Junto a él desfilan un sinnúmero de sindicalistas para que los nombren de inspectores laborales, justificándolo dizque por que Santos no los trata igual que Uribe, pero sin cuestionar ni reflexionar que los dos han desarrollado un modelo económico y político en contra del pueblo.

    Pero que el presidente Santos utilice un estilo que busque engatusar a los líderes sociales no es el problema, pues ésa es otra de las tantas formas históricas para destruir a la oposición. El problema es que estos sectores se estén tragando el anzuelo neoliberal que rechazan verbalmente.

    Por eso, no debemos extrañarnos si, dentro de poco, algunas elites sindicales afectas al gobierno empiezan a tener tribuna en los grandes medios de comunicación, a realizar giras internacionales afirmando que las condiciones para los sindicalistas y trabajadores ha mejorado, a declarar que las protestas sociales son antidemocráticas, a gritar que el Plan Nacional de Desarrollo es “prosperidad para todos” y a negar que ellos son el vagón de cola de las locomotoras del saqueo.

  • El buen vivir

    El Buen Vivir significa, para los pueblos originarios de Los Andes, armonía social entre los seres humanos y de éstos con la nauraleza - Foto: Omar Vera

    Por: Juan Diego García – mayo 13 de 2011

    La actual constitución ecuatoriana establece el principio del Buen Vivir como un instrumento que permitiría tanto armonizar el orden social como alcanzar una relación sana con la naturaleza, inspirándose inicialmente en las propias tradiciones indígenas pero con el propósito de sintetizar éstas con las culturas europea y africana, todas ellas presentes en el complejo tejido multiétnico del país.

    Armonizar el orden social comienza con la redistribución de la riqueza, garantía material de un Buen Vivir, dando de esta manera satisfacción universal a las necesidades básicas de la población. Socialmente, el Buen Vivir supone el fin de toda suerte de exclusión, algo fundamental en una sociedad con un alto porcentaje de población discriminada por su origen racial. De igual forma, el sistema político haría compatibles la democracia representativa con formas nuevas de participación directa de las comunidades en el manejo de los asuntos públicos. La armonía con la naturaleza exigiría un modelo de producción esencialmente diferente al actual y el fin de toda forma de consumismo.

    El Buen Vivir de Ecuador guarda estrecha relación con orientaciones similares en Bolivia y Venezuela, y es compartido por muchos movimientos sociales en la región. En palabras del presidente Chávez, por ejemplo, el objetivo de la Revolución Bolivariana no es hacer a todos más ricos sino permitir el pleno despliegue de las potencialidades individuales y colectivas, algo que se riñe con la idea tradicional que vincula el simple crecimiento económico con el desarrollo. La idea del Buen Vivir tampoco resulta ajena a otros conceptos corrientes hoy en sociedades que ponen en tela de juicio las relaciones de propiedad y poder, así como el vínculo entre su modo de vida y el impacto que éste produce en el medio natural. El énfasis en la dimensión cuantitativa, tan ligada al sentido mismo de la sociedad del consumo, parece dar paso a consideraciones mas cercanas a la calidad de vida, al cuidado de la naturaleza, a cálculos menos restringidos sobre la explotación de los recursos y a la responsabilidad con las futuras generaciones.

    Ahora bien, cualquiera de estas estrategias del Buen Vivir –o del consumo responsable y el rompimiento con el mito de asociar automáticamente crecimiento con progreso y desarrollo– lleva indefectiblemente a cuestionar el sistema mismo, es decir, a preguntarse si un cambio tan radical en el orden social –casi un cambio de civilización– es compatible con el capitalismo y, de no ser así, cuáles serían entre otras consideraciones, las relaciones de propiedad y poder, la participación ciudadana y el tipo de producción y distribución de la riqueza social en ese nuevo ordenamiento. La respuesta en el Nuevo Mundo es cada vez más clara: los movimientos sociales, en el poder o en la oposición, mayoritariamente desconfían del capitalismo y proponen en su lugar un socialismo acorde con sus propias condiciones y más cercano a la idea del Buen Vivir. ¿Un vínculo, acaso, con la tradición del movimiento socialista? En particular, con ese “ocio creador” que tan magistralmente plasmó en su folleto “El derecho a la pereza” el propio yerno de Karl Marx, casualmente el cubano Paul Lafargue.

    Los retos que enfrenta esta búsqueda de alternativas al capitalismo no son pocos. Si en el mundo rico algo similar al Buen Vivir supondría drásticos cambios en los patrones de producción y de consumo, en la periferia pobre del sistema las dificultades se multiplican porque no sólo se trata de cambiar el modelo capitalista por otro sino satisfacer primero muchas de las tareas históricas que su capitalismo raquítico, deformado y dependiente nunca resolvió. Una reducción de la actividad económica o, en todo caso, un reordenamiento y racionalización de la misma resulta más cómodo cuando se cuenta con múltiples recursos de capital, conocimientos, tecnología y una población cualificada y que mayoritariamente tiene resueltas sus necesidades básicas, pero no sucede así en las difíciles condiciones del atraso. Los recursos de todo orden que permitieron el desarrollo del capitalismo metropolitano o no existen o se presentan de manera muy precaria en los países pobres.

    La estrategia del Buen Vivir en países como Ecuador, Venezuela, Bolivia y similares tiene, entonces, la urgente necesidad de intensificar la producción y no sólo de propiciar mecanismos de redistribución que mejoren la vida cotidiana de las inmensas mayorías de la población. Tareas obvias, como democratizar la propiedad rural mediante una profunda reforma agraria, industrializar, construir las infraestructuras necesarias, universalizar la educación y la salud, en pocas palabras, acceder a la modernidad, suponen imponer una dinámica y un esfuerzo productivo de dimensiones considerables que exigen abolir los actuales privilegios de las elites –un acto de enorme y revolucionaria violencia en todos los órdenes– y traen consigo un impacto sobre el medio natural que, si no median alternativas realizables, seguiría los mismos o similares caminos de la modernidad en Occidente. Nada de esto resulta compatible con el Buen Vivir. Seguir el ejemplo de China o India resulta bastante alejado de este ideal y muestra que el camino clásico parece indisolublemente ligado a una explotación atroz de los trabajadores y a producir un impacto considerable sobre la naturaleza.

    ¿Es posible la industrialización y la modernización de la agricultura sin generar altísimos impactos en el medio ambiente? ¿Es viable lograrlo sin hacer uso de los mismos métodos de superexplotación del trabajo, típicos de la acumulación primitiva del capitalismo? Ésta es una cuestión central en el debate y constituye un reto no sólo teórico sino práctico cuando se asumen responsabilidades de gobierno. Si reformar el capitalismo dependiente ha sido hasta ahora tarea imposible ante las resistencias oligárquicas locales e imperialistas externas, no resultará nada fácil desmantelar el sistema mismo y construir otro en su lugar. Las medidas de corte keynesiano podrían ser, en todo caso, una respuesta parcial al actual capitalismo salvaje, pero es muy dudoso que sirvan igualmente para dar satisfacción a los interrogantes centrales que plantea una estrategia como la del Buen Vivir.

    Además, contra el Buen Vivir y contra el desarrollo en general actúa el modelo ‘extractivista’, tan típico de los países periféricos –y Ecuador, Bolivia y Venezuela lo son– en los cuales una parte considerable de sus recursos proviene precisamente de la minería, la extracción de petróleo y gas, y otras actividades similares que impactan de manera muy agresiva en el medio ambiente y no generan acumulación interna de capital, pues principalmente se benefician las empresas transnacionales. Al mundo pobre se deja, en todo caso, la industria más contaminante y de menos valor agregado, y se le impone un desarrollo agrícola basado en la gran explotación moderna, enemiga acérrima del medio ambiente y que ni siquiera está dirigida prioritariamente al mercado nacional.

    De esta forma, la economía ‘extractivista’ actúa de lleno contra las intenciones de superar la naturaleza depredadora del industrialismo. Además, y esto resulta de importancia estratégica, el modelo actual no hace más que prolongar en estos países su carácter de economías subsidiarias, complementos menores de las economías metropolitanas, es decir, eterniza la relación de dependencia y agota recursos que serán claves para su desarrollo futuro.

    Alcanzar el consenso social necesario para que una estrategia del Buen Vivir cuente con apoyos suficientes no es sencillo cuando se trata de las llamadas ‘clases medias’ acostumbradas al consumismo, sobre todo en sus estratos más altos, y reacias por tanto a cualquier cambio que suponga renuncias y sacrificios. No por azar, allí se anida la mayor reacción contra los gobiernos de progreso. La oligarquía criolla, aún siendo tan minoritaria –no pasará del 1% de la población– consigue en estos estratos su clientela electoral, a la que se suma, por lo general, el sector social más atrasado políticamente, manipulable por el clero conservador y los monopolios de medios en manos de multinacionales. Pero las mayorías tampoco están a resguardo de esta cultura del consumismo tan diferente al Buen Vivir, sujetas como están a la manipulación que identifica bienestar y consumismo, felicidad y modo de vida metropolitano.

    El sistema cuenta, entonces, con la ventaja de la cultural predominante, extraña por principio a la idea del Buen Vivir. El sueño de alcanzar los niveles de consumo que observan en la clase dominante y sobre todo el que se transmite por los medios de comunicación puede llegar a dificultar la aceptación de una idea como la del Buen Vivir, aunque, considerando el grado de pobreza de las grandes mayorías –inclusive de sectores crecientes de la pequeña burguesía empobrecida por el neoliberalismo y sumida en la desesperanza por la actual crisis–, es de suponer que para el pobrerío de estos países será siempre más realista optar por un ideario que se traduce en la satisfacción real de sus necesidades básicas –aunque sólo sea eso, ya es mucho– que permanecer indefinidamente viviendo del sueño irrealizable de una vida dorada en el capitalismo.

    El apoyo mayoritario de la población, la fuerza que adquieren ideas como las del Buen Vivir, será probablemente la clave del apoyo electoral mayoritario que hasta hoy ha permitido a los presidentes Correa, Morales y Chávez sortear con éxito el juego tramposo que supone la democracia burguesa: ‘con cara gano yo, con cruz pierdes tú’.

  • Industria cultural y conocimiento en Internet

    ¿En qué quedará el conocimiento cuando sólo lo manejen los intereses privados? - Foto: William P. Gottlieb

    Por: Jairinflas – mayo 11 de 2011

    Durante el foro informativo que se dio hace unos días sobre la #Leylleras, a la que el ministro pidió se rebautizara en medio de chistes que dejan muy mal parado su sentido del humor, algunos de los representantes de la industria cultural de nuestro país hicieron una defensa muy aguerrida de los derechos de autor y el copyright, esgrimiendo argumentos que van más allá del contenido y el alcance de la ley en cuestión.

    Jose Gaviria, músico, compositor y productor, dice que la industria musical en Colombia es difícil, que mucha gente no compra discos compactos porque son muy caros, que él algunas veces está de acuerdo con eso y que cuando puede aboga para que se vendan baratos, pero también manifestó que lo caro no era motivo para que la gente se lo ‘robara’. Sin entrar en un debate acerca de la propiedad privada, me pregunto por lo acertada o no de esta afirmación, en la que pone al mismo nivel un objeto ostentoso como un carro de lujo con un producto cultural como la música o el conocimiento que, por su naturaleza, la única forma de robarla es acabando con su existencia o cerrando el acceso a la obra, cosa que de una u otra forma hace la gran industria.

    Me parece irresponsable la afirmación que hace Gaviria acerca de lo que sucede en Internet. Compara a los usuarios que comparten contenidos en la red con atracadores de callejón oscuro. No, señor Gaviria, lo que pasa en Internet es muy distinto: en la red se comparte, cosa que es una gran herramienta para que la cultura no se convierta en un objeto de lujo.

    Ahora bien, no se trata de que los artistas se busquen un trabajo de medio tiempo como cajeros de supermercado, pero tampoco, ni por error, puede tratarse de que la gente no pueda tener acceso al conocimiento y al arte porque a unas cuantas industrias se les ocurrió convertirlos en un producto para pocos.

    El Copyright y la actual industria cultural son hijos dignos del sistema excluyente que les dio vida. Los representantes de la cultura son personajes que, como el señor Gavira, son llamados ‘empresarios’ y para quienes la capacidad adquisitiva es el indicador del acceso al arte y al conocimiento. Pero, gracias a la Internet, eso ha cambiado y se puede escuchar música que de otra forma sería imposible, bien sea por el precio o porque no llega al país. Además, se accede a distintas iniciativas creativas que encuentran en la red su mejor forma de difusión, donde se comparte aquello que la industria niega y entre quienes no pueden o no están dispuestos a pagar sus altos costos.

    Las dinámicas en la red democratizan los contenidos y ponen en una situación incómoda a la gran industria. Desafortunadamente, ésta, en lugar de dar la talla y avanzar hacia nuevas formas de mercado acordes con las nuevas dinámicas, busca restringir el acceso y esgrimir argumentos como los de Gaviria. Parece que ignoran que miles de músicos comparten su música en Internet y que escritores nuevos y reconocidos liberan sus libros, sin que eso signifique que no reciben un centavo por su producción artística.

    Claro que lucrarse con la obra de otro no es lo más legítimo de la vida, pero el verdadero obstáculo que enfrenta la cultura y el conocimiento no es precisamente la piratería sino ese modelo de negocio al que los usuarios comenzamos a cuestionar e, incluso, a confrontar.

  • Libia – El día que mataron a Abdul

    Lanzamiento de misiles Tomahawk de EE.UU. sobre Libia - Foto: Charles McCain

    Por: Juan Linares – abril 29 de 2011

    El hecho ocurrió el sábado 19 de marzo, en horas de la tarde. Abdul, que en árabe quiere decir “sirviente de Alá”, salió de su casa en Trípoli con sus dos hijos, Akil, que significa “inteligente, que usa la razón”, de nueve años y Annakiya, que en africano quiere decir “rostro dulce”, de siete.

    Los tres caminaban animados rumbo a la casa de la madre de Abdul, la abuela Fátima, “esposa de Alí, el musulmán”, antes del cuarto rezo de la jornada –cada musulmán debe rezar cinco veces al día en dirección a La Meca–, cuando «rostro dulce» (Annakiya) pidió a su padre detenerse brevemente en la fuente de los tres deseos, próxima al emblemático edificio Assai Al-Hamra, o “castillo rojo”, de Libia. Un acto inocente que le agregaría un detalle a la anécdota familiar.

    Nunca sabremos si alcanzaron a cumplir en vida con aquel acto, nunca sabremos si consiguieron verse reflejados en esa fuente pública o si lograron bañarse las manos y los ojos antes de ser recibidos por Alá “el grande” en el paraíso: un terrible misil Tomahawk, lanzado desde un submarino aliado instalado en las profundidades del mediterráneo, los lanzó fuera de este mundo.

    El 20 de marzo de 2003, Estados Unidos y sus aliados –los mismos países que hoy atacan a Libia– bombardearon Bagdad (Irak). Las armas de destrucción masiva que el tirano Saddam Hussein, “nieto del profeta”, escondía en secretos arsenales representaban una amenaza y un ‘peligro grave y creciente’ para la humanidad. El tridente mortal, Bush, Blair y Aznar, reunido en las Azores decidió pedir para el almuerzo un menú de sangre inocente: se calcula que entre ochocientas mil y un millón de personas, entre civiles y militares, perdieron la vida en esa aventura. Nunca se encontraron las armas. Lo único masivo que Irak tenía era su inmensa pobreza. La mente humana no tiene fronteras en la barbarie.

    Ahora, el enemigo público número uno del planeta tierra es el líder libio Muamar el Gadafi: un villano capaz de descuartizar a una mariposa con sólo mirarla, un perro infiel que, acompañado por un grupo de bestias uniformadas, sale por las noches a matar a su propia gente en las calles de Trípoli, todos borrachos de pura violencia, todos ebrios de impunidad. Ése es el hombre que tiene aterrorizado a todo el norte de África, ése es el perfil que los medios de comunicación que coproducen la realidad intentan vender al mundo.

    Todos conocemos que el grupo empresarial de guerra está formado por los sospechosos de siempre: Estados Unidos, Francia, Inglaterra, España e Italia. Todos estos países recibieron a Gadafi con honores de jefe de Estado, todos le vendieron armas de última generación para que se proteja. Todos sabemos por experiencia de qué hablan los países centrales, los dueños del mundo, cuando claman por justicia y libertad. Pero, ¿alguien sabe quiénes son los rebeldes? ¿Alguien conoce sus proyectos de país? ¿Puede un pueblo, supuestamente sometido por un tirano, tener artillería antiaérea y cañones de largo alcance? ¿Quién es el líder de esta revuelta? ¿En nombre de qué o de quién se levanta el supuesto pueblo?

    La realidad muestra que en este mundo sobreviven los países que tienen capacidad de pisotear al más débil y arrebatarle sus recursos petroleros, gente que se aprovecha de la democracia para ocupar territorio. De eso se tratan las relaciones bilaterales. Los nuevos ‘amos ausentes’ son aquellos países que pueden gobernar a otros con sólo nombrar a un perro fiel que les cuide el patio de comidas. Para los países centrales, un líder nacionalista –lo llaman populista–, que quiera beneficiar a su pueblo con las riquezas de sus propios recursos, representa una amenaza para la justicia, la libertad y la paz mundial.

    Tanto Estados Unidos como Europa vienen perdiendo, a ritmo sostenido, influencia y credibilidad sobre los países emergentes, que los escuchan pero no les creen. Nadie ignora que la economía de Estados Unidos, para que sobreviva, necesita de continuas guerras: donde sea y con quien sea.

    Nadie ignora que Inglaterra y Francia atraviesan dificultades económicas monumentales y se han visto en la necesidad de implementar reformas previsionales –aumentar la edad de la jubilación y reformas en el sistema educativo, entre otras– para poder enfrentar la crisis, pero el caso más patético es el de España, que le agregó al quiebre económico que enfrenta –casi el 21% de desempleo– un condimento moral.

    La primera medida de gobierno del presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, fue retirar las tropas de Irak. Incluso encabezó una multitudinaria manifestación en contra de la guerra, de cualquier guerra. “¡No hay guerra justa!”, gritaba desaforado, como si tuviera un taco de dinamita en los zapatos. Hoy, su postura ha cambiado radicalmente, ahora obedece a Bruselas y necesita cuadrar caja: miente sabiendo que miente. Se ha unido a la coalición de París y poco le importa que las bombas caigan en el comedor o en el dormitorio de los hogares libios. ¿Cuánto tardaremos en meditar sobre el espanto?

    Son los países centrales los que provocan el caos para poder hacer luego lo que se les antoja. Ellos son el problema y la solución. Fueron ellos los que crearon y alimentaron a pavorosos monstruos terrenales: Manuel Antonio Noriega, Saddam Hussein y a este impresentable coronel Muamar el Gadafi, al que ahora es preciso destruir para ‘asegurar la paz mundial’ –y su petróleo–.

    Bomberos tunecinos fueron los encargados de recoger los despojos calcinados de Abdul y sus pequeños hijos. No había maneras ni formas de que Abdul, «el sirviente de Alá», supiera o siquiera entendiera que el nuevo orden mundial exige subordinación total a la tecnología y al radicalismo de los países que la poseen. Ya pasó antes con Irak.

  • Internet y ‘Ley Lleras’, una primera mirada

    "Free click" - Foto: Sami Ben Gharbia

    Por: Jairinflas – abril 25 de 2011

    Justo cuando muchos comenzábamos a entender que esto de la Internet sirve para más que ver porno, leer periódicos o buscar la forma correcta de deletrear una palabra, le da al ministro Lleras por promover una ley que recuerda el alboroto de los españoles con la Ley Sinde y los franceses con la Ley Hadopi. (más…)

  • ¿Cómo va la guerra en el país?

    El rumbo de la guerra colombiana se encuentra en uan oscura encrucijada - Foto: Ejército

    Por: Carlos Medina Gallego – abril 19 de 2011

    Entre finales de marzo y comienzos de abril de 2011 aparecieron en circulación entrevistas a dos de los responsables de la guerra en el país. La primera, al general Alejandro Navas Ramos, comandante del Ejército Nacional, publicada por el periódico El Nuevo Siglo, y la segunda, a Rodrigo Londoño Echeverry, conocido con el alias de ‘Timochenko’, miembro del Secretariado y segundo al mando de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y que se publicó en Anncol.

    Para el general Navas, la trasformación de la confrontación y los logros alcanzados por el Estado y la Fuerza Pública obedecen a la decisión del gobierno de la ‘seguridad democrática’ de colocar toda la voluntad política en alcanzar la victoria militar sobre la insurgencia y haber convocado todos los campos del poder –político, económico, social, militar– a acompañar y desarrollar la confrontación, superando el “error estratégico e histórico de emplear el poder militar solamente para sofocar la violencia”. Según el general, la guerra se la habían dejado a los militares, “siendo que las guerras no las ganan los ejércitos sino los pueblos”. Para él, un papel importante lo han jugado en la guerra las marchas de la población contra las FARC, los impuestos para fortalecer a las Fuerzas Militares, las redes de cooperantes y la creación del servicio militar de soldados campesinos.

    Los logros alcanzados por la Fuerza Pública en la confrontación a la insurgencia hacen que el general se incline hacia una salida en la que la presión militar combine de manera coherente y complementaria el Plan de Seguridad y Defensa del Ministerio, el Plan de Guerra de las Fuerzas Militares, los planes de campaña de la Armada Nacional y la Fuerza Aérea, y el Plan Estratégico de la Policía Nacional, dejando un pequeño espacio político a la negociación con unas reglas de juego favorables al Gobierno Nacional para que se pueda aplicar la pax romana: aquella que se le da al vencido.

    Para el general Navas, el proceso de negociación debe producirse cuando la insurgencia esté vencida y su moral de combate haya sido quebrantada. Según la percepción del general, en el momento actual, el gobierno ha neutralizado el plan estratégico de la FARC, ha frenado el avance del Bloque Oriental de esa organización sobre la capital de la República y ha sido obligada a retornar la guerra de guerrillas, el uso de explosivos, la colocación de minas y bombas, y la utilización de francotiradores para enfrentar la ofensiva de la Fuerza Pública. Considera el general que las bases de la guerrilla están desmotivadas, que los golpes dados a los mandos y a los comandantes han sido fuertes porque eran jefes experimentados y difíciles de reemplazar.

    No obstante, el general reconoce que las FARC persisten en su plan estratégico de la toma del poder, que no están derrotadas y que el tramo que queda por recorrer a la Fuerza Pública es el más difícil, que “el fin del fin” fue un eslogan, un grito de combate, que les dio buenos resultados en su momento, pero que el esfuerzo que queda por hacer es el más fuerte y difícil, por ser el más cruento. Para el general, la guerra está entrando en un nuevo momento y el mismo requiere de reentrenar la tropa, sobre todo la oficialidad operativa, colocando al frente de los entrenamientos su ‘fe’ en la causa como sustento de su moral de combate.

    Para el general, la particularidad de Cauca y Nariño como polos de intensa confrontación corresponde con una situación en la que se combinan las prácticas de terrorismo, la implementación de las acciones milicianas, la defensa de la actividad del narcotráfico, el involucramiento de la población como escudos de guerra y las adversidades del sistema atmosférico, que no deja desarrollar como en otras partes los apoyos aéreos de inteligencia y operativos.

    Sin embargo, su balance general señala que las FARC perdieron su capacidad para tomarse pueblos, montar bloqueos de vías por largas horas, hacer ‘pescas milagrosas’, reunir columnas de doscientos y trescientos hombres para tomarse un pueblo, una base militar o una estación de policía, y que con la fuerza que conservan sólo pueden hacer terrorismo. Gran parte de la estrategia de confrontación a la guerrilla de las FARC se centró sobre el logro de objetivos de gran impacto, entendidos estos como los principales responsables de la organización, comandantes y miembros del Secretariado. No obstante, el general Navas Ramos termina señalando que el centro de gravedad de las FARC no es alias ‘Alfonso Cano’, porque, al tener un cuerpo de mando colegiado, si muere uno de los miembros éste es reemplazado inmediatamente.

    La segunda entrevista es a la que accedió ‘Timochenko’. Parte de aceptar que las FARC han recibido duros golpes, sobre todo las bajas en el Secretariado, el Estado Mayor, los comandantes de frente y numerosos guerrilleros, la mayoría de ellas propinadas por bombardeos que la guerrilla no está en condiciones de enfrentar y que no constituyen muertes en combate. Señala, igualmente, que los golpes que ha tenido la organización obedecen a los procesos de infiltración de los organismos de inteligencia, que han logrado llegar muy cerca de los miembros del Secretariado, como en los casos de ‘Reyes’, ‘Ríos’, ‘Jojoy’, ‘Rincón’ y ‘Fabián Ramírez’. A esta situación le suma el papel de los desertores, que se venden por algunos millones, entre los que se encuentran mandos superiores, como los que posibilitaron el éxito de la Operación Jaque. Sin embargo, señala ‘Timochenko’, todos esos elementos son parte de la guerra, son sus imponderables, así lo entienden y así los asimilan por fuertes que sean.

    Según ‘Timochenko’, se ha recompuesto el Secretariado y el Estado Mayor Central, los mandos están completos y los muertos han sido reemplazados. Además, esa organización se está preparando para la lucha política y militar, incorporando nuevo guerrilleros y militantes a las FARC para realizar trabajo de masas en las regiones y en las ciudades, y se consideran una fuerza real con base social, que no se sienten ni derrotados ni reducidos a la profundidad de la selva.

    ‘Timochenko’ no se hace ilusiones sobre que el gobierno de Santos va a ser distinto al de Uribe. Señala que, durante el tiempo en que fue su ministro de Defensa, fue agresivo en la aplicación militarista de la política de seguridad democrática. Además, menciona que el presidente representa al sector más tradicional de la oligarquía y que, hasta ahora, no ha presentado una política de paz. Comenta que la Ley de Victimas y la Ley de Tierras son importantes, pero no lo suficientemente fuertes para que tenga impacto en la paz.

    Considera que el gobierno exige, pero no hace gestos de paz y que no existe la menor posibilidad de claudicación y entrega, y que están orientados hacia el dialogo, pero en igualdad de condiciones. Indica que están dispuestos a pactar una paz si es con democracia y justicia social, y, en ese caso, a dejar las armas, pues están a la búsqueda de una paz para hacer la política sin armas, pero no en condición de rendición o derrota. El líder guerrillero, además, recuerda que han dado a conocer cinco temas sobre los que están dispuestos a dialogar: tierras y víctimas, soberanía nacional, modelo económico, reformas políticas y apertura democrática.

    No obstante su insistencia sobre la paz, ‘Timochenko’ señala que las FARC harán la guerra mientras exista el conflicto y se insista en acabarlos por la vía militar. Para él, las formas de lucha cambian cuando se accede a la democracia y a los cambios que requiere el país respecto a las causas que dieron origen al conflicto armado.

    Para las FARC, en la voz de ‘Timochenko’, resulta difícil transitar un camino de paz si en él no existe contrapartida y las soluciones se dan a medias: “se propone una Ley de Tierras, pero no una reforma agraria; se habla de reparar a las víctimas, pero se siguen matando sindicalistas y gentes de izquierda; la violación de derechos humanos es una realidad. No han cambiado las razones que dieron origen a la lucha armada”.

    El segundo al mando de las FARC asegura que están dispuestos a pactar acuerdos humanitarios: a ponerle fin a las retenciones, si el gobierno acaba con los falsos positivos y la desaparición forzada; a ponerle fin al minado, si el gobierno suspende los bombardeos; a ponerle fin a la guerra, si se le abre paso a la paz. Acabar la guerra demanda de estar dispuestos a un dialogo constructivo. Si se abre el proceso de dialogo y paz, lo prioritario es lo político. Asegura ‘Timochenko’.

    Las dos entrevistas nos ubican en espacios distintos: uno, el del general Navas, hace énfasis en la necesidad de la victoria militar y la pax romana; el otro, el de Timochenko, reconoce los golpes recibidos, señala la disposición para la paz, pero no la acepta como resultado de la redición o la derrota.

    Después de más de medio siglo de conflicto armado en Colombia, las posibilidades de dar por terminadas las hostilidades entre el gobierno y la insurgencia parecen estar muy lejanas, a pesar de los esfuerzos que desde distintos lugares de la sociedad civil y la comunidad internacional se realizan.

    El gobierno optó por la solución militar en el contexto de la implementación de la política de seguridad democrática y ha desplazado a un segundo plano la salida política negociada. Resultan claros los pronunciamientos coincidentes entre el general y el presidente Santos en el sentido de que para ganar la guerra falta poco. ¿Qué tanto? Lo que dure la terquedad de uno y otro para decidirse a andar el camino de la solución política negociada.

    No obstante, es necesario reconocer e insistir que ninguna de las partes se niega a considerar la posibilidad de un diálogo de paz para encontrar solución al conflicto armado. Los intentos y experiencias acumuladas en épocas anteriores, durante las administraciones Betancur y Pastrana, se constituyen, a pesar de los resultados, en una importante escuela de aprendizajes, de cuyas lecciones se pueden corregir procesos y precisar objetivos y metas alcanzables para pactar una salida política y negociada a la guerra del Estado con las guerrillas.

    Por ahora, sería pertinente crear una comisión ilustrada de diplomáticos de la paz, con suficiente capacidad para moverse de manera discreta entre los actores, explorando posibilidades, escuchando inquietudes, generado acercamientos y, en general, construyendo sólidas bases para que un proceso futuro pueda tener éxito, porque lo que se lee en las palabras de los entrevistados es que si se les deja a los militares la tarea de construir la paz, los civiles y demócratas de este país nunca la vamos a ver.

  • Aleteos de mariposa

    Haití no tuvo la oportunidad de anunciar su propia tragedia al mundo - Foto: Simone Bruno

    Por: Silvana Melo – abril 15 de 2011

    El violento sacudón de la tierra en Japón fue vorazmente consumido en directo por televidentes e internautas de todo el planeta. La tragedia de la gente abolió las fronteras y la relación espacio – tiempo en la difusión del desastre, pero golpea en todo el planeta proporcionalmente al nivel de desarrollo de la tierra victimizada.

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  • TLC: un tratado nefasto

    Por: Carlos Jaime Fajardo – abril 12 de 2011

    Con bombos y platillos se anunció, el 7 de abril, que el presidente Obama iba a tramitar el TLC con Colombia en el Congreso, después de que el gobierno cumpliera algunas condiciones sobre la problemática laboral del país.

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