Por: Claudia Rafael* – 11 de marzo de 2010
Estiran los bracitos como queriendo abrazarse a la vida, pero demasiadas veces no llegan. Frágiles, vulnerables, endebles, viven en lugares que les son hostiles por decisión sistémica, como si un monstruo abriera sus fauces y los devorara en un gesto desmedido de ferocidad. No es casualidad, en modo alguno podría serlo. ¿Cómo se explica, si no, que el 90 por ciento de las muertes infantiles en el planeta se concentre en 42 países, pero que el 50 por ciento del total se ubique en India, Nigeria, China, Pakistán, República Democrática del Congo y Etiopía?
