Categoría: Opinión

  • Plan Centro: ¿ordenamiento zonal o privatización del espacio público?

    Por: Julio Cortés – octubre 29 de 2009

    Bajo el discurso de la modernización y el desarrollo, se consolida en Bogotá una estrategia de control social donde impera la exclusión, el desplazamiento urbano y la miseria para las mayorías. En una ciudad como Bogotá, la rentabilidad del suelo y la disputa por la apropiación del espacio público es un asunto de interés y preocupación para muchos.

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  • ¿Por qué?

    Por: Rosalba Moreno – octubre 24 de 2009

    ¿Por qué llamar conflicto a lo que guerra ha sido y guerra sigue siendo? Guerra de Baja Intensidad en un contexto global de Guerra Preventiva. Guerra al servicio del gran capital trasnacional. Guerra en Honduras, guerra en Colombia, guerra en el sur y el centro de América. Guerra amenazando derramarse desde Colombia a Venezuela, Ecuador y más allá.

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  • Ni secuestro colectivo ni delito: es una protesta social

    Por: Alexander Gamba* – octubre 24 de 2009

    El pasado 16 de octubre de 2009, un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia sede Bogotá realizó un tumulto, en el cual se confrontó verbalmente con el rector, dado que éste no había concurrido a dar explicaciones públicas al estudiantado.

    Respuesta a una columna del señor Daniel Pacheco, donde ataca a la Universidad Nacional

    Este hecho fue astutamente instrumentalizado por los medios de comunicación y el Gobierno Nacional para señalar que en la universidad pública se estaba cometiendo un delito, al cual llamaron secuestro, otros retención, pero que realmente, tal como lo define el Código de Policía no puede ser llamado más allá que tumulto.

    Con la excusa del hecho, no por el hecho en sí, el gobierno Nacional irrumpió con tanquetas y policías a violentar a los y las estudiantes. Hoy habla de que lo que allí ocurrió fue un delito y ofrece una recompensa por los ‘malandros que lo cometieron’. Me cuentan unos amigos que pasaron por allí, una novia y su novio desparchados que, como buenos colombianos, se acercaron a chismosear el tumulto, que se sentaron en el pasto y se comieron un sanduchito mientras escuchaban los argumentos que iban y venían. Una vez culminaron su manjar se fueron. Ellos estaban en el tumulto obstaculizando el vehículo, ergo, ¿son secuestradores señor?

    Ahora bien, el lenguaje en sí mismo está definiendo un proceso en el cual se desarrolla una forma de justificar una acción subsiguiente. Decir que el tumulto es un delito, llámese secuestro o como quiera, es incurrir en un error de carácter, no solo jurídico sino sociológico. Implica confundir un conflicto social con actividades propiamente delictivas; implica, en tal sentido, justificar que los conflictos sociales sean tratados como delitos y a eso se le llama criminalizar la protesta social.

    La pinta –el grafiti–, la consigna y, en fin, muchos de los repertorios de confrontación pueden ser considerados violentos o agresivos, pero delitos en modo alguno, y es allí en donde se debe entender que la violencia en sí misma no es una forma de anular a otro u otra. Muchas de las expresiones artísticas contemporáneas buscan canalizar la violencia simbólica para llamar la atención, más no buscan destruir al otro o la otra. Por ende, no se puede considerar un crimen ni nada por el estilo.

    Igual ocurre con la protesta social: puede emplear lenguaje soez, a veces ofensivo para algunos oídos –sobre todo los bilingües–; símbolos agresivos; e irrupciones como un bloqueo, una confrontación verbal, lanzamiento de objetos, como vasos de agua, pero no es un acto para destruir al otro sino para expresar un descontento, un conflicto. Lo que ocurrió el viernes en modo alguno implicó un acto para destruir al rector, para anularlo en su persona, ni obligarlo a actuar contra su voluntad en sus aspectos éticos. Implicó una diferencia profunda de opinión sobre a quién le debe rendir cuentas el rector y el medio para hacerlo. Los y las estudiantes plantearon que debía hacerlo en asamblea y él se negó sistemáticamente. Fue un acto de presión para exigir un informe a alguien que tiene entre sus funciones dar informes de la situación de la Universidad. Un rector es un funcionario público y se debe a los estamentos de la universidad, por ende, está en la obligación de dar informes. Se le presionó a cumplir su deber, no a cometer un delito, ni a abandonar a sus hijos, ni nada por el estilo. No cabe la menor duda que el rector ha denunciado la situación actual de la universidad en la prensa nacional, pero no ha dado explicaciones al interior de la Universidad Nacional. Suena parecido, pero es diferente.

    Olvida usted, señor Pacheco, que en los paros indígenas una de las reivindicaciones fundamentales es que el gobernante de turno hable con los manifestantes. Exigir un derecho y que éste se cumpla no es un delito. En la Minga Indígena de 2008 se le obligó al señor Uribe dirigirse a Cali contra su voluntad: él había dicho que no quería hablar con los indígenas, pero, gracias al bloqueo de carreteras –¿secuestro de los choferes?–, se tomó una medida de presión para que hablara. ¿Es eso un delito, señor?

    Sus palabras, señor Pacheco, en donde habla del secuestro colectivo me recuerdan mucho a un personaje en el año 2002: es hoy el ‘señor presidente’, que hablaba sobre acabar con la ‘zona de distensión’ de las universidades públicas. ¿Cree usted eso, realmente?

    Al parecer, señor Pacheco, los únicos secuestrados de la Universidad Nacional son usted y algunos otros y otras, pero no por los ‘revoltosos’, como les llama en la columna, sino por RCN y Caracol. Habrá que esperar que se organice una ‘operación jaque’ que lo rescate de su estado de demencia temporal, el cual podríamos llamar, sin sonrojarse, como un estado de enajenación mediática.

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    * Profesor Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia.

  • El golpe preventivo

    Por: Juan Diego García – octubre 21 de 2009

    El golpe militar en Honduras contra el presidente Manuel Zelaya es un intento de romper la cadena de los movimientos populares y nacionalistas del continente ‘por su eslabón más débil’. Los agentes del golpe son los mismos de siempre: los empresarios, los políticos tradicionales, un poder judicial profundamente reaccionario, un tribunal electoral hecho a la medida de los intereses oligárquicos y que ya demoró tres meses en reconocer, a duras penas, el triunfo de Zelaya contra el candidato de la derecha más dura y la cúpula de las iglesias católica y evangélica. Y el instrumento que realiza el trabajo sucio ha sido, igualmente, el acostumbrado: las fuerzas armadas.

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  • El tóxico de Uribe

    Por: Atilio Borón – septiembre 25 de 2009

    ¿Qué pretende Uribe con su frenética gira por Sudamérica? Nada menos que vender una iniciativa tóxica, para utilizar el lenguaje impuesto por la crisis capitalista: justificar la escalada de la ofensiva militar del imperio con el propósito de revertir los cambios que, en los últimos años, alteraron la fisonomía sociopolítica de la región. Ante esta desconcertante realidad, la táctica de la Casa Blanca ha sido abandonar la retórica belicista de Bush y ensayar un discurso igualitarista y respetuoso de la soberanía de los países del área, pero desplegando nuevas bases militares, manteniendo a la Cuarta Flota y fortaleciendo sin pausa al Comando Sur.

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  • ¿Una corte mundial para las multinacionales?

    Por: Juan Hernández Zubizarreta y Pedro Ramiro* – septiembre 24 de 2009

    Con la difusión de dos informes elaborados por el relator de la ONU para los derechos humanos, Martin Scheinin, y por el relator para la tortura, Manfred Nowak, se ha puesto de nuevo sobre la mesa la pertinencia de instaurar una Corte Mundial para los Derechos Humanos en la que puedan juzgarse los abusos cometidos por las grandes corporaciones.

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  • Presos políticos

    Por: Juan Diego García – septiembre 19 de 2009

    “Nada hay más valioso que la independencia y la libertad”
    – Ho Chi Minh

    […] En las prisiones de tantos países, sin que puedan salvarse del baldón las democracias consolidadas de Occidente –y en primerísimo lugar, por supuesto, los Estados Unidos–, miles de seres humanos padecen cautiverio: unos, por sostener opiniones diferentes al poder establecido y  promoverlas de forma pacífica; otros, porque haciendo uso del derecho a la rebelión contra la tiranía, la opresión o la ocupación, resisten oponiendo a la violencia del agresor las armas de la insurgencia.

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  • Honduras y abismos que nos empujan hoy

    Por: Fabio Hipólito* – julio 3 de 2009

    Este tema del golpe en Honduras me lleva a reflexionar sobre cómo se pueden estar dando algunos acontecimientos en nuestra época. Dicho de otra forma, tengo la sensación que se puede estar gestando un nuevo escenario de relaciones y confrontación, herencia de la mezcolanza entre experiencias y locuras de los viejos tiempos de las dictaduras, de las políticas del Cono Sur, de la Escuela de las Américas, enredados con las sensaciones, crisis y respuestas del presente.

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  • Y Morazán vigila

    Por: Rosalba Moreno M. – julio 2 de 2009

    “Alta es la noche y Morazán vigila.
    ¿Es hoy, ayer, mañana? Tú lo sabes
    […]
    Hermanos, amanece. (Y Morazán vigila)”
    – Pablo Neruda

    ¿Es hoy, ayer, mañana? Pregunta el poeta chileno Pablo Neruda en su homenaje al héroe hondureño Francisco Morazán, apóstol de la unidad centroamericana. Oportuna sigue siendo la pregunta ante los titulares periodísticos que al mundo vuelan estos días, desde el centro y el sur de América: golpe de estado en Honduras, avance de la derecha en las elecciones de Argentina y Uruguay, anuncio del aumento de la presencia militar norteamericana en Colombia. Titulares que, inevitablemente, traen al recuerdo años de crueles dictaduras militares bajo las que se torturó, asesinó, desapareció y condenó al hambre y a la miseria a millones de latinoamericanos, cuyos herederos sobreviven hoy entre hambre, miseria y terror.

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  • ¿Tenemos alcalde en Bogotá?

    Por: Maureén Maya – julio 1 de 2009

    Casi 100 días llevan las familias desplazadas por la violencia viviendo en condición de hacinamiento en el parque Tercer Milenio. Las negociaciones se dilatan, cada día llegan más y más familias al parque, los auxilios humanitarios cesaron hace varias semanas y el alcalde de Bogotá ni siquiera ha hecho presencia en el lugar.

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