Categoría: Opinión

  • El analfabetismo político

    Por: Andrés Granada – abril 8 de 2008

    El analfabetismo político es uno de los principales problemas padecidos por Colombia. En apariencia no existe, pero sus consecuencias han sido lamentables en la medida en que las malas elecciones o la negativa a participar de los procesos políticos han facilitado la llegada al poder de grupos o individuos ávidos de explotar las arcas del Estado o de colocar éste al servicio de intereses particulares, en detrimento de la atención a los grandes dificultades sociales.

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  • Acuerdo humanitario y conflicto

    Por: Marcos Silva Martínez – abril 4 de 2008

    Los hechos de sangre, circo diplomático, retórica y cinismo que matizan el rigor y la gravedad del conflicto colombiano, desinforman y hasta confunden a los ciudadanos. Estos hechos deben  desenmascarar los íntimos  propósitos del régimen y sus mentores, internos y externos. Le han servido a aquél para distraer a despistados y disipar la inocultable ilegitimidad del mismo. Los  resultados de las investigaciones, juicios y condenas de la narcoparapolítica lo evidencian.

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  • Carimagua

    Por: Juan Diego García – marzo 21 de 2008

    Los escándalos políticos en Colombia son tantos y tan seguidos que a Uribe Vélez tan sólo le cabe el consuelo de ver cómo el escándalo de hoy tapa al de ayer y el de mañana se encargará de hacer olvidar el que ahora le preocupa. Y cuando no hay un asunto nuevo que sirva de tapadera temporal ya se encargan la autoridades de Bogotá de invitar a algún funcionario gringo a que despotrique contra Venezuela y haga sonar tambores de guerra, algo de por sí demasiado grave como para permanecer indiferentes.

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  • La guerra con Venezuela

    Por: Ovidio Cardona – marzo 21 de 2008

    Es absolutamente evidente que los ánimos se están caldeando en Colombia y ya en muchos círculos se está hablando de una guerra con Venezuela. Hay quienes atizan y la gran mayoría se deja arrastrar por intereses foráneos que desde las sombras han venido fraguando toda clase de artimañas para derrocar al presidente Hugo Chávez y, además, robarle el petróleo.

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  • Otra Colombia es posible

    Por: Emir Sader – marzo 13 de 2008

    Recuerdo la preocupación de García Márquez cuando veía lo que estaba ocurriendo en Argentina, alrededor de 1977, porque Colombia no se transformase en otra Argentina. Él, que no había recibido todavía el Premio Nóbel que dio a su país un relieve mundial, había advertido el camino por el que se dirigía Colombia.

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  • 6 de marzo

    Por: Mauricio Rodríguez – marzo 4 de 2008

    Ya nadie espera, el miedo se fractura y la esperanza crece. Aquellos que callaron por  tantos años, presos del dolor de la muerte, el terror del retorno de los homicidas y los recuerdos detenidos en el tiempo, han tomado la decisión de no guardar silencio, han recuperado el ímpetu para torcerle la cola a la historia. Se cansaron de la impunidad y las vagas promesas de reparaciones futuras, ‘siempre y cuando olviden o perdonen a los asesinos’.

    En el siglo X de nuestra era, los condenados por herejía eran quemados vivos para que no sobreviviera el alma. En América, a partir del siglo XV, los indios eran lacerados hasta morir o los negros morían de hambre y físico cansancio, después de repetir cien veces el rosario. En el siglo XX, en África, los franceses dejaban morir a los niños de algunas tribus, para que se incrementara la ayuda humanitaria, con la cual se construían canchas deportivas en Lion o en París.

    Y, sin embargo, en Colombia, la historia pasa por encima como si no tuviera nada que decirnos. En el preludio del siglo XXI, y antes de cumplirse su primera década, son más de cuatro millones de desplazados y desplazadas, más de la mitad menores de 14 años y un tercio de ellos niños que no conocen su tercera navidad. Son más de dos mil desaparecidos, miles de muertos que no conocieron un velorio propio, ni en grupo. Aún en las fosas los huesos permanecen amarrados, buscando evitar que las almas escaparan del tormento de la muerte.

    En Colombia, los asesinos cuentan pero no denuncian. Reciben beneficios si declaran el sitio de las fosas, el número de muertos, la cantidad de tierras robadas y el terror producido. Pero no dicen el nombre de los jefes, los autores intelectuales o los verdaderos ‘comandantes’ de sombrero y gabán. En Colombia, van a la cárcel los paramilitares como presos políticos, porque descuartizar, violar o jugar balón con las cabezas son prácticas políticas de una clase dirigente que se acostumbró a gobernar gracias a los cortes de franela. En Colombia, los medios justifican y perdonan, muestran la valentía de los cobardes y esconden la voz incesante de las víctimas.

    En Colombia, los senadores que viven de la muerte van a la cárcel y podrán recibir nuevos beneficios si declaran que son parte activa de los asesinos, si reconocen que su actividad delictiva está fuera del Estado y no como es en la realidad: que mandaron asesinar, arrasar y robar tierras para llegar al poder, aprovechándose de su lugar en la escala burocrática. En Colombia, los paramilitares gobiernan la mayor parte del Congreso, mandan a los congresistas, a los mismos que hace veinte años les dieron trabajo en grupos de limpieza, como celadores de fincas coqueras o como escoltas personales.

    Pero, también en Colombia, la mayoría de los colombianos se cansó del silencio y el establecimiento otorga, porque callar es la mejor manera de mostrar su infamia. Y en medio del silencio cómplice de medios, empresarios y gobierno, el 6 de marzo se iniciará un nuevo capítulo en la lucha del pueblo por la dignidad, por la justicia y la reparación efectiva.  En Colombia marcharemos miles y miles, y otros miles, por muchas circunstancias, no saldrán a las calles, pero en su espíritu resucitarán las ganas, se opacará el miedo y encenderá la luz de la esperanza. En Colombia casi nadie quiere seguir esperando el triunfo de la guerra fratricida. Por eso, el seis de marzo saldremos a las calles para exigir acuerdos humanitarios y la paz negociada.

    En Colombia quiere ganar la vida y es nuestro deber acompañarla en esa lucha.

  • La larga marcha

    Por: Juan Diego García – marzo 4 de 2008

    El próximo día 6 de marzo se realizará una marcha internacional para honrar a las víctimas del terrorismo de Estado y abogar por la salida negociada del conflicto armado en Colombia.

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  • ¿Pero es una dictadura o no?

    Por: Mariano Cereijo – febrero 24 de 2008

    Durante las últimas semanas, la campaña mediática en España contra el presidente Hugo Chávez ha sido impresionante. Pocas veces había visto tan poca seriedad en los medios, y tanta manipulación y tergiversación descarada. He leído algún que otro reportaje contra Chávez que ni un becario en periodismo se atrevería a firmar por temor a manchar su currículo. He visto como articulistas de medios provinciales, expertos en escribir chorradas de la farándula local, se atrevían a meterse en política internacional y repetir como loros los monólogos oficiales del politiquismo correcto.

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  • Se veía venir

    Por: Juan Diego García – febrero 22 de 2008

    La suspensión de las gestiones para el intercambio de prisioneros con las FARC no debería sorprender a nadie. En realidad, lo extraño hubiese sido que Uribe permitiera que el proceso culminase de forma feliz, al coste de un protagonismo enorme pero inevitable para la guerrilla, del aumento de la influencia de Hugo Chávez en la región y del desgaste de los argumentos sobre los cuales el presidente colombiano ha sustentado su estrategia de la ‘seguridad democrática’. Ni el intercambio de prisioneros ni, menos aún, una negociación del conflicto armado tienen cabida en la agenda de Uribe: lo eligieron precisamente por su promesa de no negociar y erradicar la guerrilla en pocos meses. En consecuencia, la liberación de los prisioneros en manos de los insurgentes sería, en todo caso, el resultado de exitosos operativos militares. La negación del conflicto –argumentando que no existen razones para alzarse en armas contra la democracia colombiana– y el rechazo sistemático al intercambio –sosteniendo que no se negocia con terroristas– han sido consignas permanentes de la actual administración. Tan sólo la presión de la opinión pública abogando por el intercambio humanitario ha conseguido variar, en ciertas coyunturas, la cerrada posición del gobierno, pero una y otra vez se ha encontrado la excusa apropiada –por ridícula que parezca– para sabotear cualquier iniciativa. La actual es tan sólo una entre muchas.

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  • La formación de la mentalidad sumisa

    Por: Eduardo Andrés Granada Becerra – febrero 22 de 2008

    Se dice que los medios de comunicación son el cuarto poder, además del Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. En un país como Colombia, ¿qué tan cierto será dicha afirmación? ¿No serán, por el contrario, los grandes medios unos apéndices del Ejecutivo? ¿Son éstos realmente independientes, objetivos y éticos? ¿Contribuyen efectivamente con la formación política, social y ciudadana de los individuos?

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