Categoría: Reportaje

  • El embargo de carbón a Israel que nunca fue

    Por: Andrés Gómez

    El 20 de mayo de 2025, el Reino Unido anunció que suspendería el Tratado de Libre Comercio con Israel y que negociarán uno nuevo. Al día siguiente, el presidente de Colombia aplaudió al pueblo inglés al escribir: “Felicito al Reino Unido por su decisión digna en contra del genocidio. Ahora Colombia invita a toda Latinoamérica a denunciar los tratados de libre comercio con Israel. No se comercia con estados genocidas”. Sin embargo, Colombia no ha detenido por completo las relaciones comerciales con Israel, a pesar de las declaraciones del presidente Petro de hace un año, en las que anunciaba cortar relaciones con el gobierno sionista presidido por el genocida, Benjamín Netanyahu, y cesar toda exportación de carbón térmico a Israel por el genocidio palestino.

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  • Mujeres rurales: «la Paz no es solo un punto de llegada, sino de partida»

    Por: Ximena Dorado

    En el conflicto colombiano las mujeres son las principales víctimas y sobrevivientes, y son las mujeres rurales las más afectadas, sin embargo, son ellas precisamente las más invisibles y menos convocadas a los procesos, mesas, diálogos, acuerdos, políticas y cualquier tipo de espacio institucionalizado que busca la paz, sin embargo, construyen propuestas de paz desde la juntanza que van más allá de que se silencien las armas.

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  • Gasoline floods the Colombian Amazon

    The incessant consumption of cocaine in the United States and Europe continues to drive the processing of coca base paste in Colombia, which meant that in 2023, an amount of gasoline so large that it could fill and overflow Colombia’s largest lagoon, Lake Tota, with the 1.7 million cubic meters of gasoline used, was poured into the departments with the most coca in the country: Norte de Santander, Nariño, and Putumayo.

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  • La gasolina inunda a la Amazonía colombiana

    Por: Andrés Gómez

    El incesante consumo de cocaína en EE.UU. y Europa continúa motivando el procesamiento de pasta base de coca en Colombia, lo que significó que para 2023 se vertieran en los departamentos con más coca en el país: Norte de Santander, Nariño y Putumayo, una cantidad de gasolina tan grande que podría llenar y rebasar la laguna más grande de Colombia, La Tota, con los 1,7 millones de metros cúbicos de gasolina que se usaron.

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  • Glencore poisons rivers in Cesar and La Guajira.

    Research: Joanna Zapata and Marcela Zuluaga
    Audiovisuals: Iván Castaño
    Drone footage: Plinio Barraza

    Coal mining waste poses a serious problem; companies like the Prodeco Group – Glencore are responsible for changes in water quality, loss of aquatic diversity, and the accumulation of contaminants in the food chain of aquatic species in the communities of Calenturitas and La Jagua in Cesar, and near El Cerrejón in La Guajira.

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  • Glencore envenena ríos del Cesar y La Guajira

    Investigación: Joanna Zapata y Marcela Zuluaga
    Audiovisuales: Iván Castaño
    Imágenes de dron: Plinio Barraza
    Noviembre 29 de 2023

    Los desechos de la minería del carbón presentan un serio problema, empresas como el grupo Prodeco – Glencore son responsables de los cambios en la calidad del agua, pérdida de diversidad acuática, y de acumulación de contaminantes en la cadena alimenticia de las especies acuáticas en las comunidades de Calenturitas y la Jagua, en el Cesar, y cerca a El Cerrejón en La Guajira. 

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  • La paz desfinanciada

    Por: Marcela Zuluaga C – octubre 1 de 2019

    Los recursos definidos en el Plan Marco de Implementación (PMI) y proyectados a 15 años para poner en marcha los acuerdos de paz son insuficientes. El Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022, que el Congreso aprobó recientemente al gobierno Duque, presenta un grave problema de distribución de los recursos estatales para atender un déficit presupuestal que va en aumento.

    La aprobación del PND en el Congreso plantearía una desfinanciación de por lo menos un 40 % anual para el cumplimiento de los acuerdos de paz, de acuerdo con diversos expertos y congresistas consultados por El Turbión. 

    Para el economista Diego Carrero, magíster en Estudios Políticos e investigador del Centro de Pensamiento de Política Fiscal de la Universidad Nacional de Colombia, hay una desfinanciación estructural de la paz: 

    Diferentes estudios señalaban que se requerían por lo menos unos $350 billones para la implementación del acuerdo de paz, documentos que elaboró ANIF, Fedesarrollo, el Banco de América […] Entonces, solamente para el punto 1 son más recursos que todo lo que tenemos para la implementación del acuerdo.

    Además, agrega que estos recursos son insuficientes en relación a lo que hoy se dispone para la implementación:

    Los recursos que están relacionados con el Presupuesto General de la Nación […] Terminan siendo el cambio de nombre de programas que ya venían y también están los recursos del Sistema General de Regalías que ya presentan una brecha de los 2 primeros años de la implementación del acuerdo de más de $600.000 millones.

    Diego Carrero, economista

    Por su parte, el senador Wilson Arias Castillo, del partido Polo Democrático y quien presentó ponencia negativa al proyecto de Plan Nacional de Desarrollo del Gobierno, expresó que:

    Hay un problema de financiación muy grave. Contra lo que dice el Acto Legislativo 01 de 2016, no se establecen recursos diferenciados adicionales como lo ha dispuesto claramente la normativa. Hay que ver el incumplimiento de la Constitución y de la voluntad de paz expresada en estos Acuerdos.

    Audio Senador del Polo Democrático Wilson Arias

    A través del Acto Legislativo 01, [Insertar enlace http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/acto_legislativo_01_2016.html] “se establecen los instrumentos jurídicos para facilitar y asegurar la implementación y el desarrollo normativo del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una paz estable y duradera” y se definió que lo dispuesto en lo pactado entrara al bloque de constitucionalidad.

    Pero además, el senador Arias comenta que existe otro problema relacionado con los temas de autonomía que afectan a la justicia transicional en el PND:

    Hay una especie de propósito de separar, no a la estructura orgánica, pero sí separar materialmente una unidad, la Unidad de Investigación y Acusación de la JEP [Jurisdicción Especial para la Paz] como un órgano autónomo, además, asignándole funciones administrativas a un órgano judicial, lo cual no debería. Y proponer una especie de [función] administrativa, técnica y presupuestal que no le sirve a la JEP. Una especie de desmembramiento calculado de la JEP.

    Pulso constitucional

    Actualmente, cursan tres demandas ante la Corte Constitucional contra el PND que giran en torno a la inconstitucionalidad por “no haber incluido el Plan Marco de Implementación frente al Acuerdo de Paz y otra serie de [asuntos] que desde nuestro punto de vista son inconstitucionales”, explicó la senadora Victoria Sandino del partido FARC.

    [Insertar Documento PDF denuncia: Acción Pública Demanda por Inconstitucionalidad del PNDhttps://drive.google.com/drive/folders/1HhQv0HnZplPWBC6Wr9ibUXIAA98MfnLN ]

    Por su parte, la directora de Planeación Nacional, Gloria Alonso, aseguró al diario El Heraldo [https://www.elheraldo.co/politica/el-plan-de-desarrollo-en-deuda-con-la-paz-611658] que la norma se ajusta a la Constitución y que de los $37,1 billones proyectados para la implementación, $20 billones irán dirigidos a los 170 municipios de los PDET y se contempla atender la reincorporación de los 13.000 excombatientes de las Farc, así como los temas de restitución de tierras. 

    Cumplir lo pactado

    El Acuerdo Final firmado en noviembre de 2016 entre el Estado y las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) sentó las bases para dar inicio a un proceso de construcción de paz de mediano y largo plazo. Para ello, las partes definieron un Plan Marco de Implementación (PMI) que concretó los compromisos de política pública necesarios para lograrlo y fue aprobado en 2016 por la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo Final (CSIVI).

    Asimismo, el Gobierno Nacional generó en 2016 un capítulo de paz dentro del Marco Fiscal de Mediano Plazo, el documento que define la política fiscal y el manejo de presupuesto estatal para los próximos 10 años, y aseguró la financiación de la implementación de los acuerdos de paz a través del documento Conpes 3932 [Insertar documento Conpes 3932]. Con esto, permitía que el PMI tuviera una financiación por $129,5 billones para el cumplimiento del acuerdo durante 15 años, que van desde 2017 hasta 2031.

    De esta manera, para los próximos 15 años se debería utilizar el 10,28% del PIB, representando una inversión del 0,8% anual para la paz, mientras para seguridad y defensa se destinan anualmente 3,03% del PIB y para la deuda pública cerca de los 5,0 % del PIB. Para 2019 son $1,63 billones los recursos asignados a los puntos de Reforma Rural Integral, Fin del Conflicto y Víctimas del Conflicto definidos en el acuerdo [http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/procesos-y-conversaciones/Documentos%20compartidos/24-11-2016NuevoAcuerdoFinal.pdf].

    Recursos de los planes de desarrollo nacionales y regionales

    Libardo Sarmiento Anzola, filósofo, magíster en Teoría Económica de la Universidad Nacional de Colombia e investigador independiente, asegura que:

    El plan de desarrollo responde a una concepción que se introdujo en el siglo XX, en la época de Carlos Lleras Restrepo, de modernizar la institucionalidad y agregar que los gobiernos tuvieran un plan y las directrices generales de lo que van a hacer.

    Así, cada vez que un gobierno presenta su PND al Congreso define en ese documento los recursos de inversión con los que cuenta el Estado, lo cual, más o menos, corresponde al 25% del Presupuesto General de la Nación. Para el caso, allí se deberían inscribir los programas de paz, pero en el plan de Duque estos no aparecen claramente definidos por ningún lado.

    Agrega Sarmiento Anzola que los acuerdos de desarrollo rural se encuentran desarticulados de los que debería ser una reforma agraria rural integral:

    Si uno mira lo que fue el acuerdo […] y lo relaciona con lo que ha sido la política de este gobierno, claramente es un desconocimiento de ese capítulo de desarrollo rural, bien sea por la asignación de recursos en este plan de desarrollo o porque reducen los recursos en relación con los presupuestos de años anteriores.

    Audio Libardo Sarmiento Libardo Sarmiento Anzola, filósofo, magíster en Teoría Económica de la Universidad Nacional de Colombia

    Asimismo, agrega que:

    Hoy en día, en el campo colombiano está el 22 % de la población. De los 50 millones de habitantes, estamos hablando casi de 11 millones de colombianos de [población] rural y sobre la cual se sigue ejerciendo violencia, con acumulación agraria por despojo. Entonces, es una mentira el tema de la paz.

    El 4 de julio, al final de un encuentro de 3 días realizado en la Hacienda Hato Grande en Sopó (Cundinamarca) que estuvo encabezado por el presidente, Iván Duque Márquez, y contó con la participación de ministros, viceministros, directores de entidades descentralizadas y asesores, se conoció la revisión estratégica y la planeación del Gobierno Nacional para definir las metas y compromisos del actual Plan Nacional de Desarrollo ‘Pacto por Colombia, Pacto por la Equidad’. Según la Presidencia [https://id.presidencia.gov.co/Paginas/prensa/2019/190705-Durante-3-dias-mas-de-30-horas-trabajo-Presidente-Duque-y-su-equipo-definieron-metas-y-prioridades-para-el-segundo.aspx], “el Gobierno avanza seguro en la generación de las condiciones adecuadas para los 3.000 excombatientes de las Farc que están en proceso de reincorporación en los 24 Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR)”.

    Alrededor de la sustitución, la Presidencia agrega que mantendrá como prioritario el acompañamiento a las familias que hacen parte del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (PNIS):

    A la fecha hay casi 100.000 personas vinculadas. Los campesinos, por su parte, ya han arrancado de raíz cerca de 35.000 hectáreas de hoja de coca, que se suman a las 63.000 hectáreas ya erradicadas. Será prioritario acompañar a esas familias que, en la legalidad, saldrán adelante y le aportarán al país sus productos.

    En la comunicación también se menciona la formulación de 14 de los 16 planes de acción de los PDET para reducir la desigualdad social en 170 municipios donde habitan 6,6 millones de colombianos: “se han entregado, a la fecha, 400 obras PDET de infraestructura comunitaria, que benefician a 76.000 familias de zonas rurales”. 

    La paz en el Pacífico colombiano

    El PND está dividido en 9 pactos regionales. Uno de ellos es el “Pacto Región Pacífico” que incluye los departamentos de Nariño, Cauca, Chocó y Valle del Cauca. En el documento, el Gobierno Nacional prioriza sus esfuerzos en promover lo que llama “la diversidad para la equidad, la convivencia pacífica y el desarrollo sostenible”, a través de grandes obras de infraestructura.

    Para analizar estas iniciativas y firmar dicho Pacto, el 22 y 23 de junio se reunió en Buenaventura la Cumbre de Gobernadores de la Región Pacífico, que contó con la presencia de los mandatarios de estos departamentos. Luego de este acto, los gobernadores de Nariño y Cauca, Camilo Romero y Óscar Campo, aseguraron ante la Federación Nacional de Departamentos [https://www.fnd.org.co/sala-de-prensa/noticias-federacion/4556-con-%C3%A9xito-concluy%C3%B3-cumbre-del-pac%C3%ADfico-2019.html] que los macroproyectos de infraestructura son vitales, pero no deben ser lo único que el Gobierno Nacional garantice para la región, pues también es necesario que se comprometan con el cumplimiento de la sustitución de los cultivos de uso ilícito y la implementación del proceso de paz.

    Según expresó el gobernador Romero al diario El Espectador [https://www.elespectador.com/colombia2020/territorio/en-la-cordillera-de-narino-siguen-esperando-la-paz-articulo-866106], “a la cordillera de Nariño no solo no llegó la paz sino que se incrementó el conflicto”. También expresó que a las zonas que dejaron las antiguas FARC no llegó la Fuerza Pública ni se dio otra presencia del Estado sino que fueron copadas por otros grupos armados. 

    Panorama de los programas de paz

    El PND recientemente convertido en ley por el Congreso contiene 16 pactos. El número 11 de estos corresponde al “Pacto por la construcción de paz: cultura de la legalidad, convivencia, estabilización y víctimas”, pero al revisar los montos definidos para su cumplimiento el mismo ocupa apenas el puesto 14 entre las prioridades del Gobierno Nacional con un presupuesto de $10,43 billones, que equivalen al 1% del PIB.

    En dicho Pacto, el gobierno Duque identifica tres condiciones necesarias para llevar a cabo la llamada ‘estabilización’, que es el marco al cual somete la implementación de los acuerdos, de acuerdo con las particularidades de cada territorio y de la priorización de los factores de riesgo: primero, garantizar entornos seguros; segundo, desarrollar una sustitución de cultivos efectiva; y, tercero, generar procesos permanentes y sostenibles de desarme, desmovilización, reintegración y reincorporación a la vida civil de los excombatientes.

    [Cuadro. Distribución por pactos del PND 2019-2022]

    Según datos del Departamento Nacional de Planeación (DNP), el Plan Plurianual de Inversiones para la Paz es de $37,1 billones. Dichos recursos están priorizados para las víctimas, especialmente en los 170 municipios que hacen parte de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET). 

    Para el economista Carrero, estos recursos de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) se encuentren en una encrucijada definida por el clientelismo regional, una institucionalidad ligada a los agronegocios y una tecnocracia que limita los recursos que puedan llegar a los territorios. Por esto, explica, la totalidad de los municipios PDET son de categorías 5 y 6, es decir, tienen poca población y pocos ingresos, y tienen una gran dependencia de los recursos del Sistema General de Participaciones:

    No estamos hablando de recursos nuevos y estamos contando dos veces recursos que, definitivamente, no van a poder ser utilizados porque ya tenían una destinación específica, en contravía de lo que señala el Acto Legislativo 01 de 2016 que plantea en el Artículo 3 que los recursos para la paz deben ser recursos nuevos.

    Al respecto, el senador Arias expresa que hay varias preocupaciones: 

    Le prometimos a la sociedad colombiana que íbamos a cerrar la brecha entre el campo y la ciudad. Revitalizar el esfuerzo social y económico sobre los campesinos […] en un país donde un 1% de los dueños de las unidades de explotación más grandes controlan el 81% de la tierra. Esto es una cifra impresionante. No hay un ápice de cambio de voluntad en la materia. 

    Por su parte, el gobernador Romero le criticó al presidente Duque [https://twitter.com/CamiloRomero/status/1129907996660850688/video/1], en el marco de uno de sus talleres Construyendo País realizado el 18 de mayo en Pasto, su falta de voluntad para implementar los programas dispuestos en el acuerdo de paz y los anuncios de retomar la erradicación forzosa y las aspersiones aéreas con agroquímicos en el departamento:

    ¿Sabe cuántas hectáreas teníamos en 2005? ¡13.875!. Después de 3’700.000 litros de glifosato nuestro territorio pasa de 13.875 hectáreas [de coca] a 17.285 […] ¡Ojo! 10 años fumigando, 10 años con glifosato y en 10 años aumentaron los cultivos de uso ilícito en Nariño. ¿Cuál es la propuesta, entonces, para 45.000 hectáreas? ¿Otra vez 3’700.000 litros de glifosato? Si la vicepresidenta, aquí presente, dijo que 500 litros de agua diarios pueden hacer daño a la salud, ¿cómo no van a hacer daño 3’700.000 litros de glifosato a un territorio verde y biodiverso?

    A la luz de las garantías de la implementación de la paz, la ciudadanía es clave en términos de verificación de los acuerdos y monitoreo. En este sentido, Libardo Sarmiento Anzola asegura que: 

    También de apoyo real, de mantener los 7.000 excombatientes de las FARC que están en estos centros [los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación]. Garantizarles su estabilización, organización, participación política va a ser muy importante. Si no hay el compromiso para hacer la paz sostenible, sin un acompañamiento de una base social, será bastante difícil.

  • La ciudad de las puertas cerradas

    Por: Omar Vera – mayo 29 de 2019

    El miedo y el poco avance en la implementación del acuerdo de paz mantienen en vilo la reincorporación de excombatientes de las antiguas FARC en Tumaco.

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  • ¿Por qué los indígenas awá no se le midieron al PNIS?

    Por Joanna Zapata – abril 19 de 2019

    Incumplimientos, erradicaciones forzosas, militarización e imposiciones del gobierno llevaron a estos indígenas a no meterse en la sustitución en Nariño.

    Los awá, como muchos de los pueblos indígenas de Colombia, se vieron obligados a
    adaptarse y subsistir de la hoja de coca. A pesar de nunca haberse establecido propiamente como agricultores, pues su población era seminómada y dedicada a la caza y la recolección, la oleada de desplazamiento que ocasionaron a principio de siglo los paramilitares, las fumigaciones y el Plan Colombia desde el departamento del Putumayo hacia el occidente de Nariño, fue vinculándolos a las complejas economías de la coca.

    Nariño [Insertar enlace a la nota del PNIS en Tumaco] es el departamento del país con mayor extensión sembrada con coca, con 45.735 hectáreas, de acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc) [Insertar
    enlace: https://www.unodc.org/documents/colombia/2018/Octubre/INFORME_MONITOREO_
    DE_CULTIVOS_ILICITOS_2017_FINAL.pdf ], de las cuales 12.065 ha se encuentran en Tumaco.

    Después de más de una década de fumigaciones, erradicaciones forzadas y militarización de sus territorios en una guerra que no es suya, los awá vienen buscando mecanismos para que las familias de su pueblo que viven de la coca puedan pasarse voluntariamente a sembrar otro tipo de cultivo y salir por fin del círculo vicioso de la llamada “guerra contra las drogas”.

    Sin embargo, decidieron no vincularse al Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (PNIS) dispuesto en los acuerdos de paz [Insetar enlace: http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/procesos-y-
    conversaciones/Documentos%20compartidos/24-11-2016NuevoAcuerdoFinal.pdf ] firmados por la antigua guerrilla de las FARC y el Estado colombiano, puesto que no ven que se haya respetado su derecho a la consulta previa ni ajustado la iniciativa a su cosmovisión como pueblo originario.

    No obstante, según denuncian sus autoridades tradicionales, lo decisivo para tomar distancia ha sido ver que, luego de más de un año de implementación del PNIS en la costa Pacífico de Nariño, a las comunidades vecinas y a sus territorios el Gobierno no les estaba cumpliendo lo acordado y continuaba con las erradicaciones forzosas, por lo cual consideran que no hay garantías para ellos.

    ¿Quiénes son los awá?

    En su lengua, el awapit, los awá se definen como gente de montaña. Después de siglos de defender su territorio de incas, españoles, criollos, colonos, Fuerza Pública y grupos al
    margen de la Ley, se mantienen en varias zonas de la actual frontera entre Colombia y
    Ecuador, especialmente en los departamentos de Putumayo y Nariño, donde la selva del
    piedemonte costero y la cuenca del río Telembí concentran la mayor parte de su población de cerca de 30.000 personas que comparten unos 22.000 km2 por los que vienen luchando desde que el Estado empezó a reconocer sus resguardos y autoridades tradicionales con la Constitución de 1991.

    Se definen como un pueblo tranquilo que, en medio de las dificultades, ha tratado de
    preservar su territorio como un lugar para el desarrollo del pensamiento, para trabajar y
    disfrutar, pero esto no ha sido fácil: el despojo de sus tierras, la presencia de grupos
    armados, la minería y los cultivos de palma que se han ido implantando allí ya no les
    permiten pescar, cazar ni cultivar plantas medicinales en la selva, según sus costumbres.

    La población awá ha tenido que sufrir los rigores del desplazamiento, por lo que sus
    tradiciones hoy se encuentran en alto riesgo de desaparecer, al punto que la Corte
    Constitucional los ha incluido en la lista de pueblos en peligro de extinción étnica.

    Al respecto, Jairo Javier Bisbicús, fiscal de la Unidad Indígena del Pueblo Awá (Unipa),
    asegura en tono nostálgico que:
    [Esto se origina en] los distintos intereses que hay en el territorio, un territorio que se ha convertido en campo de batalla, un territorio que ha servido para todos los grupos armados como corredores estratégicos para mover el narcotráfico, para el tema de la minería […] todo esto ha costado muertos de nuestros compañeros, desapariciones, un sinnúmero de víctimas, un sinnúmero de niños huérfanos.

    [Insertar video: entrevista a Jairo Javier Bisbicús]

    Víctimas indígenas

    Los crímenes contra los awá son casi incontables y, en algunos casos, de extrema gravedad. Tal vez el más recordado sea la masacre de Tortugaña Telembí [Insertar enlace a PDF con pronunciamiento de Unipa], cometida por la Columna Móvil ‘Daniel Aldana’ de las antiguas FARC el 4 de febrero de 2009 y que espera sea tratada en el Caso 002 de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) [Insertar enlace:
    https://www.jep.gov.co/Relatoria/Sala%20de%20Reconocimiento%20de%20Verdad,%20de%
    20Responsabilidad%20y%20de%20Determinaci%C3%B3n%20de%20los%20Hechos%20y%
    20Conductas/Autos/Auto_SRVR_004%20de%2010%20de%20julio%20de%202018.pdf#sear
    ch=caso%20002 ].

    No obstante, también la Fuerza Pública, los paramilitares de distintas denominaciones y el crimen organizado han dejado víctimas por todo el territorio de este pueblo indígena que, tras la firma de los acuerdos de paz en noviembre de 2016, cuenta 26 asesinatos, 64 amenazas y más de 800 personas desplazadas.

    Por esta razón, la Unipa ha venido construyendo su “Camino de protección propia” como
    parte del Plan Integral de Reparación Colectiva que el Estado está obligado a implementar en cumplimiento de lo dispuesto por la Corte Constitucional y en el marco los programas de seguridad y protección contemplados en el capítulo étnico del acuerdo de paz [Insertar enlace:
    https://www.onic.org.co/images/noticias/2016/08/Cap%C3%ADtulo_%C3%89tnico.pdf ]. Se trata de un programa de fortalecimiento para la guardia indígena destinado a la protección de sus líderes y comunidades que se inició en 2017 con un contrato por $300’000.000 entre la Unidad Nacional de Protección (UNP) y la Unipa.

    [Insertar PDF: Convenio Interadministrativo 383]

    Sin embargo, estas medidas no son suficientes para resolver la grave situación que viven las comunidades indígenas en las zonas cocaleras del occidente de Nariño, toda vez que desde el inicio del gobierno del presidente Iván Duque Márquez más de 5 líderes de la Unipa han sido asesinados en estos territorios por los grupos armados que han venido tomándose el lugar que antes ocupaban las FARC para hacerse con el control, entre otras cosas, del negocio de la coca.

    Además, hoy no se sabe si podrá continuar la ruta de protección mencionada, que se desarrolló principalmente en los resguardos del municipio de Barbacoas, pues el nuevo Ejecutivo no le ha dado continuidad a la financiación de esta iniciativa.

    ¿Por qué no hacer parte del PNIS?

    De acuerdo con un informe [Insertar enlace: http://www.odc.gov.co/Portals/1/politica-
    regional/Docs/2016/REATLAS0639_narino.pdf ] del Observatorio de Drogas de Colombia y la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (Unodc), a final de 2016 la
    extensión de cultivos de coca en territorios indígenas de Nariño constituía 4.174 hectáreas, asunto especialmente agudo hacia el Pacífico y el piedemonte andino, justamente donde viven la mayoría de los awá.

    [Incrustar mapa de ubicación de resguardos indígenas de Nariño. Fuente:
    http://urnadecristal.gov.co. Código: <div class=’tableauPlaceholder’ id=’viz1553538181185′
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    Según Henry Marín, consejero de Organización y Territorio de la Unipa, muchos indígenas
    han recurrido a la hoja de coca para sobrevivir en medio de la presión de las armas y la
    pobreza: “cada familia solo cultiva un poco, apenas para sobrevivir de lo que le vende a los grupos armados”.

    Esto los ha hecho mucho más vulnerables a la violencia y el desplazamiento, generando una situación que se ha vuelto particularmente riesgosa después de que diversos grupos armados empezaran a disputarse el territorio que controlaban las antiguas FARC en Nariño, especialmente en el municipio de Tumaco donde más de 12 grupos armados amenazan a los 16 resguardos de este pueblo originario.

    La falta de confianza en las instituciones es la primera razón que manifiestan las comunidades para no pertenecer hoy al PNIS, creado mediante el Decreto Ley 896 de 2017 [Insertar enlace:
    http://es.presidencia.gov.co/normativa/normativa/DECRETO%20896%20DEL%2029%20DE
    %20MAYO%20DE%202017.pdf ] como herramienta de gestión para la sustitución de cultivos de hoja de coca, amapola y marihuana.

    No es para menos: en el pasado la gestión del Estado frente a las necesidades de las comunidades indígenas en Nariño ha sido, cuando menos, escasa y es poco lo cumplido de lo que se ha pactado en las mesas de negociación surgidas de las mingas y protestas, así como de lo definido en el Auto 004 de 2009 de la Corte Constitucional [Insertar enlace:
    http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/autos/2009/a004-09.htm ] en materia de
    saneamiento ambiental, vías, comunicaciones y salud, entre otros asuntos, para evitar la
    desaparición de los awá como pueblo.

    A todo esto se suma que, de acuerdo con Unipa, desde la puesta en marcha del PNIS en sus territorios no solo se han aumentado las agresiones de los grupos armados contra las comunidades [Insertar enlace a la nota de seguridad y PNIS] sino que se ha incumplido a las comunidades campesinas y afrodescendientes vecinas a sus resguardos. Según cuenta Henry Marín, las familias vinculadas al PNIS en estos territorios no fueron informadas adecuadamente sobre el propósito del programa y terminaron sometidas a que, en algunos casos, la Fuerza Pública arrancará la coca:
    La primera fase, era la firma de la carta de intención y luego, cuando ya firman esos acuerdos, el Gobierno manda la erradicación forzosa. Los cultivadores de coca no sabían que la cosa era de sustitución voluntaria […] Nosotros, como organización Unipa, no nos acogimos al programa y enviamos una solicitud al Gobierno, o a la institución encargada de esta sustitución voluntaria, donde se decía que para nosotros tiene que entrar primero la socialización del programa dentro de los resguardos indígenas y dentro de esa socialización íbamos creando una ruta como indígenas, para mirar a ver cómo era que queríamos la sustitución voluntaria.

    [Insertar video: entrevista a Henry Marín]

    Incertidumbre

    Los programas de sustitución voluntaria, tal como se plantearon en el acuerdo de paz,
    suponen un apoyo para la generación de oportunidades para las familias cultivadoras y
    recolectoras, de forma que puedan tener alternativas económicas que permitan la reactivación de municipios como Tumaco, Barbacoas o Ricaurte, donde se concentra la
    mayor población awá y, al mismo tiempo, donde más expuestos a riesgos se encuentran por la presión de los grupos armados que se lucran del negocio de la coca.

    Sin duda, de acuerdo con Daniel Ramírez, coordinador departamental del PNIS en Nariño, el reto de implementar el punto cuarto de los acuerdos de La Habana en este departamento es grande:
    Lo más importante es ofrecer alternativas económicas a las familias que derivan sus ingresos de esos cultivos ilícitos. Si la estrategia no se plantea con ese objetivo fundamental, efectivamente podemos seguir en un círculo vicioso de erradicación forzosa y resiembra por parte de las comunidades, porque […] se trata de una opción de vida, de una forma de generación de ingresos.

    [Insertar imagen de la página 107 del acuerdo final -se incluye en el Drive-]

    Así, al menos como se preveía, las familias vinculadas al PNIS en Nariño se han comprometido a eliminar voluntaria y concertadamente la coca, y el Estado a llevar a cabo un proceso que partía de asambleas con los cultivadores y recolectores para la construcción de los Planes Integrales Comunitarios y Municipales de Sustitución y Desarrollo Alternativo (Pisda) que aseguraran el éxito de la iniciativa y se integraran con los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) que se adelantan tanto en la zona de Pacífico y Frontera Nariñense como en la región del Alto Patía. Adicionalmente, las instituciones encargadas del PNIS debían entregar un apoyo económico de corto y mediano plazo que hiciera posible a las familias cocaleras llevar a cabo esta transición.

    [Insertar PDF: Decreto 896 de 2017]

    Respecto a la participación de las comunidades en este proceso, Daniel Ramírez asegura
    que:
    Desde el marco del proceso de implementación, nosotros tenemos muy clara la real voluntad de las comunidades con terminar definitivamente con esta actividad ilícita porque están cansadas de la guerra, porque están cansadas de la violencia, porque saben que, en últimas, la coca lo único que les ha traído ha sido pobreza, miedo y desplazamiento.

    Volviendo a los aportes que el Estado debe hacer a cada familia cocalera, estos ascienden a $36’000.000 y están diseñados para entregarse durante dos años: en el primero, se realizan pagos bimensuales hasta completar $12’000.000 a los beneficiarios por su trabajo en la sustitución de cultivos bajo la figura de ingreso laboral, además de $1’800.000 para asegurar la alimentación inmediata, $9’000.000 para la ejecución de proyectos de ciclo corto y $1’600.000 para asistencia técnica; mientras, en el segundo año, se paga un ingreso laboral de $4’000.000 distribuido en 8 meses, junto con $6’000.000 para los proyectos productivos y $1’600.000 de asistencia técnica.

    A pesar del hermetismo con el que se ha manejado todo lo relacionado con el PNIS desde la posesión de Iván Duque y de la incertidumbre por el futuro del programa por la disolución de la Agencia para la Sustitución de Cultivos Ilícitos, que pasó a ser una dirección dentro de la Consejería Presidencial para la Estabilización y la Consolidación que hoy encabeza Emilio José Archila Peñalosa -quien no ha respondido ninguna de las consultas que hemos elevado a la oficina de prensa de su despacho-, hoy el PNIS continúa implementándose en Nariño en medio de las dificultades.

    [Insertar video: entrevista a Jairo Javier Bisbicús 2]

    A través de un documento, Unodc, la entidad encargada de administrar
    estos recursos en Nariño de acuerdo al Memorando de Entendimiento COL W40 firmado entre la organización internacional y el Gobierno Nacional en noviembre de 2017 [Insertar enlace: http://www.posconflicto.gov.co/sala-prensa/noticias/2017/Paginas/20171102-
    Colombia-y-Naciones-Unidas-suscribiran-proyecto-para-fortalecer-el-monitoreo-a-la-politica-
    de-reduccion-de-cultivo.aspx ], manifestó que, hasta el 31 de enero, se habían vinculado al PNIS 16.568 familias en la zona de Tumaco, de las cuales 14.753 son cultivadoras, 1.512 habitantes de zonas afectadas por los cultivos ilícitos y 303 recolectoras. Adicionalmente, asegura la organización internacional, de estas familias apenas 1.035 han recibido la totalidad de los aportes económicos del primer año, lo que correspondería a $12.420 millones ejecutados en este componente de los recursos entregados por el Estado colombiano.

    [Insertar PDF de respuesta de Unodc]

    Por su parte, y de forma extraoficial, funcionarios de Unodc manifestaron que la organización internacional ha logrado atender con el PNIS apenas a 9.000 familias de las 17.000 que se tienen proyectadas en la zona de Tumaco, lo que representaría recursos por $324.000 millones cuando se completen los pagos. Esta significativa diferencia está relacionada con la grave situación que se vive en la vereda el Tandil del corregimiento de Mataje, donde se ha dificultado la entrega a las familias cocaleras de estos aportes.

    No obstante, agregan los funcionarios consultados, se han presentado dificultades tanto por los ataques violentos y las extorsiones a las personas vinculadas al PNIS [Insertar enlace a nota sobre extorsiones] como por demoras en la entrega de la asistencia técnica y los insumos causadas por problemas con los operadores contratados, que no han cumplido a tiempo con los rigurosos requisitos de la entidad.

    Estas demoras han generado graves tensiones con las autoridades en esta zona del país,
    como la protesta cocalera que el pasado 5 de octubre cerró la carretera que lleva de Pasto a Tumaco para rechazar los incumplimientos, encontrando como única respuesta la
    intervención del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) de la Policía, que dejó varios
    heridos.

    Adicionalmente, la situación de seguridad para las comunidades se ha venido
    agudizando con la militarización de la región y los resguardos indígenas ordenada por el
    Gobierno, lo cual ha generado nuevos hechos violentos, como el que vivió recientemente un equipo de erradicadores de la Policía que cayó en un campo minado el pasado 27 de
    febrero.

    Al respecto, el consejero Henry Marín expresó que:
    Entran con su maquinaria de erradicación forzosa a desminar porque tienen su equipo especial para eso. En la desminada […] empiezan a activar los demás explosivos alrededor para activar solo esa que buscan. Nosotros no estamos de acuerdo con eso porque pone en riesgo a los indígenas […] que nunca han escuchado este tipo de explosiones de seguido: 10 o 20 detonaciones por día. Entonces, eso hace que la comunidad se desplace. En este momento tenemos 2 o 3 familias que están fuera.

    Ante este panorama, los awá hoy le exigen al Gobierno Nacional un programa especial que tenga en cuenta la situación de sus resguardos, su cultura y, sobre todo, no se plantee la militarización como método sino que respete a sus autoridades tradicionales y la guardia indígena como elemento de protección de sus territorios, ya que el programa de
    erradicación debió coordinarse inicialmente a partir de la consulta previa a la que tienen derecho como pueblo originario.

  • Tumaco y el reto de dejar atrás la coca

    Cultivos de coca en Tumaco. Foto: Bram Ebus.
    Cultivos de coca en Tumaco. Foto: Bram Ebus.

    Por: Andrés Gómez, Marcela Zuluaga, Yovana Vargas – marzo 7 de 2019

    En Nariño, la sustitución de cultivos de coca afronta grandes retos, en medio del abandono estatal y el conflicto.

    (más…)