Etiqueta: Bogotá

  • Plan Centro: ¿ordenamiento zonal o privatización del espacio público?

    Por: Julio Cortés – octubre 29 de 2009

    Bajo el discurso de la modernización y el desarrollo, se consolida en Bogotá una estrategia de control social donde impera la exclusión, el desplazamiento urbano y la miseria para las mayorías. En una ciudad como Bogotá, la rentabilidad del suelo y la disputa por la apropiación del espacio público es un asunto de interés y preocupación para muchos.

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  • Humedal de Techo será un parque ecológico

    Por: Johana Cassaleth – octubre 28 de 2o09

    El humedal de Techo se convertirá por fin en un parque ecológico. El Juzgado Cuarto Administrativo del Circuito ordenó que esta reserva fuera recuperada, al fallar a favor una acción popular interpuesta por habitantes del sector, después de que el espejo de agua fuera declarado en alerta naranja por su alto índice de contaminación.

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  • Construcción de nueva avenida destruiría humedales de Bogotá

    Por: Johanna Cassaleth – octubre 21 de 2009

    Humedales como La Conejera y Capellanía están en riesgo de desaparecer o ser contaminados por la construcción de la nueva Avenida Longitudinal de Occidente (ALO) o Avenida Cundinamarca, en Bogotá.

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  • Marcha nacional contra el hambre llega a Bogotá

    Por: Andrés Gómez – septiembre 19 de 2008

    Llegó a Bogotá, el pasado 12 de septiembre, la Marcha Nacional Contra el Hambre que empezó su camino de denuncia el pasado 28 de agosto, cuando salieron 170 personas entre líderes sociales, mototaxistas, comunidades indígenas y negritudes de la ciudad de Popayán, con el objeto de movilizarse contra el incremento de la aguda pobreza que enfrenta el país. La marcha recorrió las diferentes ciudades y poblaciones que se encontraban en el camino hacia Bogotá, protestando contra las alzas en los alimentos, la falta de empleo, el aumento de los costos de los servicios públicos, el desplazamiento y los falsos informes del DANE en los que desaparecen los pobres por arte de magia, aunque se multiplican en las calles.

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  • Día Internacional del Trabajo en Bogotá

    Por: Fermín Romero – mayo 3 de 2009

    El Primero de Mayo, Día Internacional del Trabajo, millones de trabajadores marcharon en las principales ciudades del mundo, en el marco de la recesión causada por el monopolio que la banca tiene del sistema económico mundial y por la inflación que originó EEUU al emitir de forma irresponsable millones de dólares. Por ello, cientos de manifestaciones demandaron acciones que respondan a las necesidades de la gente y generen cambios globales en materia política, económica y ecológica. En Bogotá, durante la jornada, 60.000 personas denunciaron la responsabilidad de la banca y se manifestaron en contra de la reelección de Uribe y de la ‘seguridad democrática’, exigiendo que se aclaren los miles de casos de vulneración de derechos humanos de los que han sido victimas indígenas, sindicalistas, periodistas, estudiantes y líderes sociales, y evidenciaron que las acciones paramilitares amparadas por las actuales políticas de Estado.

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  • Agonizan los humedales en Bogotá

    Por: Johanna Cassaleth – abril 19 de 2009

    La Secretaría Distrital de Ambiente (SDA), encabezada por Juan Antonio Nieto, hizo conocer el pasado 2 de febrero el “Protocolo de recuperación y rehabilitación de los humedales en centros urbanos”, con el fin de sancionar a aquellas personas que contaminen o invadan estos ecosistemas. También se cerrará cualquier empresa que vierta o descargue sustancias contaminantes o desechos de cualquier tipo sobre estos cuerpos de agua.

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  • Escrituras sin territorio: el reino de lo visible en el espacio público

    Por: Lucia Cierna – abril 2 de 2009

    Los límites para definir la legalidad del uso del espacio público quedan cuestionados ante la repartición del espectro visual que tienen la publicidad y los gobiernos de turno, en contraste con la que tienen ciertas expresiones de la llamada ‘contracultura’. Una muestra de este desbalance es la marginalidad en la que se mantiene al grafiti.

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  • “Por las noches sólo se oye a la gente toser”

    Por: Omar Vera – julio 18 de 2008

    Con su carreta, por el centro de Bogotá, Chepe* mira para todas partes cuando sabe que viene la tos. Las lluvias han estropeado el cartón que recoge y le han dejado gran dificultad para respirar y la sospecha de morirse pronto. Él, como al menos otros 1.500 habitantes de la calle, pasa sus noches en El Bronx, a unas cuadras de la Casa de Nariño, gastándose en droga lo que reúne con su extenuante trabajo. “Es preferible morirse aquí acompañado, que encerrado en una pieza de hospital”.

    “Este es de los que sí trabaja, pero no va a durar mucho: ninguno dura mucho por acá”, nos dice de Chepe el viejo Murillo*, nuestro guía por las ollas atestadas de clientela. Según él, gente como Chepe llega allí para consumir drogas, pero también para buscar refugio, a pesar del hacinamiento: “no importa si en una pieza caben 10 ó 40: lo importante es no quedarse afuera cuando llueve”, y agrega que “por las noches sólo se oye a la gente toser en estas piezas y en los andenes”.

    En Bogotá, de las más de 630.000 personas en condición de indigencia que reporta la Administración Distrital, unas 8.500 viven en la calle y muchas de ellas se hacinan en sitios que, como este, se convierten en privilegiados espacios de contagio de tres enfermedades inseparables: miseria, descomposición social y tuberculosis.

    Para Luz Linares, enfermera jefe de Urgencias del Hospital San Blas, la enfermedad no es asunto sencillo: “hace cinco años práticamente no se veían pacientes habitantes de la calle con tuberculosis, teníamos máximo un caso por año. En estos seis meses hemos visto unos seis o siete”. Precisa que muchos casos no son detectados porque los enfermos mueren rápidamente o no colaboran nunca con las muestras necesarias para detectar la tuberculosis e iniciar el tratamiento.

    A pesar de considerar a la tuberculosis como una enfermedad pasada a la historia, 17 países han encontrado una variación multirresistente, es decir, tolerante a los antibióticos, y un reciente informe de la Universidad Nacional ha señalado una posible emergencia sanitaria sin detectar. Martha Murcia, una de las autoras de la investigación, señala que “me sorprendió que muchas muestras eran de pacientes habitantes de la calle, de manera que es una bomba la que tenemos en Bogotá porque estarían regando la bacteria por todos lados”, debido a su movilidad por la ciudad y a la resistencia que oponen al tratamiento.

    “Ellos no van al hospital por su patología sino a satisfacer otras necesidades, como la alimentación, sin entender las connotaciones de tener tuberculosis y de hacerle daño a otras personas”, señala Linares, precisando que retenerlos para tratamiento es muy difícil: “son tres fases de tratamiento, cada una de un mes: si se falla, se agrava el problema. Conforme pasan los días, su farmacodependencia les lleva al consumo y ellos se retiran sin que podamos hacer nada”, agrega.

    El tratamiento de la tuberculosis sigue un protocolo que incluye un cóctel de antibióticos, uso de tapabocas especiales, soporte nutricional y aislamiento del paciente durante la primera fase. Pero, los efectos de la carga de medicamentos, la abstinencia de bazuco y la ansiedad producida por el encierro estropean casi cualquier esfuerzo por lograr la curación y terminan generando resistencia a las medicinas. Mientras tanto, un número incalculado de habitantes de la calle puede estar infectado sin saberlo y sin que se puedan detectar sus casos y tratarlos, pues muchos mueren sin que ninguna institución se tome la molestia de identificarlos.

    Murillo no lo duda: “Últimamente es mucha la gente enferma y si le ponen a uno un médico es para dar vueltas por todos lados y que, al final, nadie lo atienda”, indicando que los habitantes de las ollas “se deterioran muy rápido, pero prefieren quedarse acá”. Mientras muestra a los clientes de un expendio señala que, “apenas vuelve por acá, se enferma otra vez la gente”.

    “Las fumadas de todo lo que uno consigue por acá van acabando la salud: si llegan 10 kilos de mercancía, los rebajan para convertirlos en 13 o más. Nadie sabe qué se está fumando y se enferma un montón de gente”, nos dice mientras compra los alimentos que, seguramente, desechó algún restaurante.

    La malnutrición de los habitantes de la calle, sus largas vigilias, sus sueños a la intemperie, las lluvias permanentes y su rechazo al tratamiento médico propician la transmisión de la enfermedad. “Sus defensas se bajan mucho y llegan en muy mal estado al hospital», señala Linares, agregando que «nos esforzamos por darles lo mejor, pero nuestros servicios de urgencias no cumplen con los requerimientos mínimos y eso, junto a la falta de colaboración de los pacientes, dificulta las cosas y nos expone a un alto riesgo”.

    El tratamiento de la tuberculosis se ha limitado a un tema clínico y es una enfermedad social, relacionada con el hambre y las condiciones de vida de los habitantes de la calle. Políticas de choque para tratarla siguen en mora y cualquier esfuerzo por controlarla es insuficiente mientras no se atienda la relación entre contagio, tratamiento y pobreza extrema de una población marginada y excluída. “Luego de que acaban con El Cartucho, nos pasan a sitios más reducidos, que no están a la vista del mundo, y nos riegan por toda Bogotá, pero los problemas siguen ahí y son más graves que antes”, nos dice Murillo.

    Chepe, mientras tanto, ha cogido unas monedas y se fuma una pipa amarillenta, luego de tomarse un aguadepanela con calentado, esperando otro acceso de tos. Pareciera ser que pronto será otro muerto sin nombre, que nunca más volverá a la olla. Y aunque esto pasa cada día en nuestra ciudad, en la Bogotá visible, la agonía social, humana y vital de este hombre sigue siendo solo un tema incómodo para muchos.

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    * Nombres cambiados para proteger a las fuentes. Publicado originalmente en el periódico POLO.

  • ¿Fue un desastre natural?

    Junio 10 de 2008

    En la ciudad de Bogotá no es extraño encontrarse con accidentes de transito, rupturas de tuberías y otras emergencias que son atendidas por los organismos de atención de la ciudad. Sin embargo, en dos épocas del año la cosa se torna de otra magnitud: cuando comienzan las acostumbradas lluvias de abril y de noviembre, que obligan a los habitantes de la ciudad a no olvidar su sombrilla en casa porque pueden ser víctimas de una tremenda lavada. Ése es el escenario de las personas que suelen caminar por el centro de la ciudad o por barrios comerciales como el Restrepo, Kennedy Centro, Venecia o Fontibón, y no es extraño ver a los que se divierten, de manera intrépida, jugando bajo la lluvia, arriesgándose a ‘pescar un resfriado’.

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