Luz Marina*, todas las noches podía mirar la luna y las estrellas a través del techo transparente elaborado con el mismo plástico que usó para improvisar su casa, después de salir desplazada de su resguardo en 2008, junto con 70 familias. Su sueño siempre ha sido tener una casa propia, pero la pesadilla del conflicto ha llamado a su puerta desde aquella época en la que tuvo que empezar un asentamiento a las afueras de Samaniego en Nariño, un municipio que ha convivido históricamente con la violencia.
Pasaron dos años de las mayores protestas registradas en la historia reciente de Colombia y quienes sufrieron lesiones físicas y psicológicas por cuenta de la violencia policial siguen exigiendo que se sepa quiénes fueron los responsables y se les sancione, mientras la justicia es para estas personas tan esquiva como su derecho a una atención digna en salud.
En 1975 se produjo un pacto criminal entre los países dictatoriales del Cono Sur de América Latina para el intercambio de información de inteligencia. Formaron una asociación ilícita para delinquir: una vez que el servicio de inteligencia ubicaba al subversivo, el siguiente paso era su detención y traslado a otro país, lo que implicaba tortura y ejecución. Todo ello, supuestamente, para salvar la civilización occidental y cristiana de las garras del comunismo.
El trabajo de un grupo de mujeres del puerto nariñense, que a diario limpia y transforma camarones y langostinos, representa para ellas la posibilidad de ser sostenibles en el tiempo. Su proyecto recibió el apoyo de la Agencia de Renovación del Territorio, a través de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial.
Por lo menos 145 mujeres cabeza de hogar quienes, en su mayoría, fueron desplazadas por la violencia de finales de los años noventa en Nariño, conformaron hace poco más de tres años en Tumaco la Asociación Mujeres Semillas de Paz Perlas del Pacífico (Asmudepaz). Una de sus asociadas, Ivani Plaza, relata que:
Vivía en la vereda Peña Colorada y viajé a Tumaco en el año 2008, huyendo de la violencia. Como tenía a mi hija mayor creciendo, entonces, me daba miedo porque prácticamente ellos [los grupos armados] ya querían como echarle el ojo y me tocó venirme de allá.
La situación se agravó por aquellos años a raíz de la ‘mancha blanca’, un virus que atacó el camarón en Colombia y disminuyó ostensiblemente su producción. La empresa camaronera Tumako Fish, en la que laboraba Luis Rosas, cerró y las mujeres que se dedicaban a descabezar y limpiar el camarón se quedaron sin materia prima para trabajar. Según recuerda Ivani Plaza, para aquella época “en una semana se trabajaba apenas 2 o 3 días, casi no se tenían ingresos”.
Al poco tiempo, con el apoyo de cien mujeres peladoras de camarón, Luis decidió hacerse cargo de la empresa de la que había salido. En medio del proceso, sugirió que las mujeres se asociaran y, de esa manera, nació, en 2015, Asmudepaz para trabajar como organización aliada.
Ivani Plaza, representante legal de Asmudepaz. Foto: Omar Vera.
Actualmente, Asmudepaz y Tumako Fish son beneficiarias de un sistema intensivo de cultivo de camarones con el que se busca producir más a menor costo. Esta iniciativa recibió, en 2016, el apoyo del programa Colombia Responde y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid).
Los aportes les permitieron a Tumako Fish construir 20 piscinas para la cría de estos crustáceos en el corregimiento El Morro, de Tumaco. Estos cultivos son propiedad de la empresa y, a cambio de haber hecho la gestión por la asistencia técnica, las asociadas reciben el 5% de las ganancias. “La idea con el proyecto era lograr más volumen de camarón, más días trabajados y tener más dinero para nuestras familias”, comenta Ivani, recordando que sus ingresos dependen del volumen de camarones que puedan procesar cada día.
Cadena productiva
En Colombia, las exportaciones llevan dos años consecutivos en alza: en 2017 generaron 25,7 millones de dólares y en 2018 alcanzaron 26,5 millones de dólares. En términos de producción, en 2017 se lograron 4.465 toneladas de mariscos, y el año pasado se alcanzaron 5.307, según la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (Aunap).
Gráfica costos de procesamiento de un kilo de camarón de cultivo en Tumaco, Nariño. Realizada por: Marcela Zuluaga C.
La cadena productiva del sector de la camaronicultura incluye diferentes participantes, tales como los proveedores de insumos y servicios, las empresas y granjas dedicadas al cultivo de camarón, las plantas procesadoras y los distribuidores y comercializadores, entre otros. Todos ellos desarrollan un proceso que va desde el cultivo hasta la mesa del consumidor.
Proceso de 1 kg camarón de cultivo. Infografía por Marcela Zuluaga C.
Asmudepaz participa en esta cadena como transformadora y dinamizadora, aportando mano de obra calificada. Por su parte, Tumako Fish, como cultivador, se encarga del manejo técnico y de los insumos. Finalmente, la comercialización está a cargo de Hipermar Fish, un supermercado de mariscos que actúa como aliado a nivel nacional para llevarlo al consumidor final, quien puede adquirirlo en sus tiendas o consumirlo en su restaurante Coctel del Mar.
Alianza con condiciones
Las mujeres asociadas en Asmudepaz no tienen horarios en la planta de Tumako Fish y sus ingresos están determinados por lo que produce cada una de ellas, es decir, trabajan al destajo, como se dice popularmente. Ivani explica que:
Depende de si es más rápida, pues gana más. Los ingresos varían: por descabezar un kilo de camarón pagan $1.300 y por pelarlo $1.800 […] Nosotras no producimos ni comercializamos […] lo que hacemos es prestación de servicios. Nosotras somos una parte pública, Tumako Fish nos provee el producto y lo que hacemos es descabezarlo y desvenarlo.
Gracias a las gestiones de Asmudepaz con la Agencia de Renovación del Territorio (ART), bajo el Programa de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) para el Pacífico Nariñense, esta organización espera convertirse en productora de alimento concentrado para peces y mariscos a base de los residuos o subproductos del camarón, como las cabezas y las conchas. El valor total de este proyecto fue tasado en $120 millones y la ART entregó a Asmudepaz maquinaria e insumos para fabricar ese producto.
Banco de maquinaria aportado por la ART a Asmudepaz en el marco del PDET de Pacífico y Frontera Nariñense, para su proyecto de concentrados para camarón. Foto: Omar Vera.
Producir este alimento concentrado significa para Asmudepaz una gran oportunidad, dado que no se elabora en la región y hay que traerlo hasta Tumaco o importarlo, por lo que tendrían en Tumako Fish a un comprador asegurado, mientras que la empresa se beneficiaría de la reducción de sus costos, lo que explica que haya entregado una pequeña parte de su planta en comodato a la organización de mujeres para desarrollar esta iniciativa.
Por el momento, la operación del proyecto de alimento concentrado se encuentra parada porque el molino granulador que la empresa donó no se encuentra en funcionamiento debido a que el diseño de sus piezas no se ajusta a los requerimientos de la materia prima. Sin embargo, según comenta Ivani, las integrantes de Asmudepaz no se dan por vencidas y quieren seguir adelante con su proyecto:
Actualmente, se está buscando la forma en que se pueda arreglar y ampliar la máquina para poder seguir en su elaboración […] También faltan las pruebas de alimentación con camarones y peces que luego serán de consumo humano, entonces, toca hacer varias pruebas sanitarias y verificar […] Buscamos ser sostenibles en el tiempo, pero también independientes, poder estar en la parte productiva y también en la parte de comercialización, para lo cual estamos estudiando para tener la cadena productiva completa.
Las mujeres de la asociación destacan que sus actividades demuestran que el Pacífico nariñense no es como lo pintan: “en Tumaco los buenos somos más; necesitamos cambios en infraestructura, creación de empresas para poder sostenernos y un buen trabajo para tener una vida digna a pesar de los conflictos”, concluye Ivani, quien, junto a sus compañeras, se trazaron como meta seguir avanzando, capacitarse aún más y fortalecer su independencia gracias al camarón.
En mayo de 2016, la Universidad del Atlántico ofreció el grado póstumo a José Luis Martínez Castro y Adolfo Altamar Lara, entre otras víctimas del plan de exterminio del paramilitarismo contra miembros de dicha institución. Foto: Unidad para las Víctimas.
Por: Aidén Salgado Cassiani – febrero 4 de 2018
Cuando, el 24 de septiembre del 2016, se firmó en La Habana (Cuba) el acuerdo de paz, después de casi cuatro años de negociaciones entre el Gobierno Nacional y la entonces guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionaria de Colombia (FARC-EP), los colombianos nos alegramos por el hecho innegable que disminuiría la violencia, lo que realmente sucedió, y entraríamos a una nueva etapa de nuestra historia, ya que cerraríamos un ciclo de violencia con la guerrilla más vieja del hemisferio que ya completaban 54 años de confrontación armada contra el Estado.
Jaime Enrique Gómez con sus hijos. Foto: Archivo familiar.
Por: Antígona Gómez – marzo 24 de 2017
Pasa el tiempo, él sigue su curso y atrás se queda nuestro derecho a saber y la sanción social a todo aquello que no debería ocurrir en humanidad.
Ya han pasado once años desde que te llevaron. Once años de persistencia recurrente y de luchar por tus derechos, los nuestros y los de la sociedad en su conjunto. Once años en los que las instituciones del Estado no dan respuesta a nuestro anhelo, a nuestra necesidad y a su obligación. Once años de llevarte en la memoria, de hacerte parte de la dignidad, de recordarte y caminar contigo caminos que conduzcan a la construcción de una sociedad más decente. Once años en los que decir verdad y justicia no se desligan de imaginar un país más justo, un país donde el daño al otro, su eliminación física y simbólica no sean la manera de lidiar con quienes piensan distinto. Once años en los que este país lo pensamos desde el necesario fin del conflicto armado interno y de aquello que permanente se quiere desconocer: la violencia del Estado.
Han sido años de trabajo incansable por la paz, años en lo que, incluyendo los derechos que tenemos como personas a las que la violencia marcó, se ha puesto en el centro de este caminar como objetivo principal una Colombia sin violencia y un país que camine hacia su transformación positiva.
Batallamos por el ‘sí’ y cuando el ‘no’ ganó pusimos todo el esfuerzo en que se firmará el acuerdo de paz. El triunfo del ‘no’ nos sorprendió con retrocesos para una gran porción de quienes han sido victimizados en este país y la implementación inicial del acuerdo ratifica que un gran porcentaje del Estado, el gobierno, la clase política, los medios de comunicación y la sociedad sigue siendo sordo a nuestro dolor, a nuestras propuestas, derechos y contribuciones a la paz.
Buscamos verdad y sanción social no por capricho, no repitiendo acríticamente el estribillo de la justicia transicional sino porque somos conscientes de que son fundamentales para la sanación, el duelo y el ‘nunca más’. No imaginamos conocer la verdad solo para tenerla o recordar solo para hacer memoria. Verdad y memoria son para nosotros y nosotras cimientos para transformar este país, semillas que, como nosotros y nosotras, son indispensables para construir esa otra Colombia que se aleje de la que hasta ahora nos ha dado vida desde la muerte.
Estos once años sirven para ratificar que el camino de Creonte no es la solución y que, al tiempo que alzamos la voz y exigimos los derechos que el Estado está obligado a materializar, avanzamos en procesos propios de memoria y justicia, nunca desde la venganza o la negación del otro sino desde la dignidad y la propia convicción de que solo habrá cambios con sujetos abiertos a transformar la opresión en libertad en el día a día.
Son once años de llevarte en el corazón, son también once años de pensar permanente por dónde caminar. El horizonte sigue estando lejano. El trayecto es largo, no es fácil, pero sigue plagado de aliento, de dignidad y de necesidad de producir vida. No queremos más muerte. Por eso, hoy que te recuerdo, exijo Paz sin más líderes asesinados.
Siempre en mi corazón, en mi memoria, en mi diario caminar. Te extraño, papi.
Cualquier morgue en cualquier lugar del mundo es, con seguridad, el último lugar al que cualquier ser humano querría ir a parar. Tampoco nadie querría enfrentar el momento terrible de entrar a una sala de autopsia para reconocer la identidad de un cuerpo, permanecer horas o días para hacer los trámites y esperar que el cuerpo de su ser querido le sea devuelto.
Ante la inminente aprobación parlamentaria del Proyecto de Acto Legislativo No. 02/17 (Senado), «Por medio del cual se crea un título de disposiciones transitorias de la Constitución para la terminación del conflicto armado y la construcción de una paz estable y duradera», la corresponsal en Colombia de Radio Nizkor, Claudia Julieta Duque, ha entrevistado al senador Alexander López Maya sobre su posición frente a este proyecto de reforma constitucional que se da en el marco de la llamada Jurisdicción Especial para la Paz. El senador López explica qué es lo que se plantea en este proyecto legislativo y qué le ha llevado a presentar una ponencia alternativa al proyecto que se pretende aprobar.
Las víctimas exigen resultados en las investigaciones y que se juzgue a los culpables. Foto: Camila Ramírez.
Por: Camila Ramírez – noviembre 17 de 2016
Los días 2 y 3 de noviembre, diferentes organizaciones de víctimas exigieron que la Fiscalía General de la Nación actúe con celeridad en las investigaciones por crímenes de Estado, que en Colombia mantienen una impunidad casi absoluta, y que sus derechos sean respetado en las modificaciones que se han introducido en los acuerdos de paz de La Habana.
Tres décadas después de los hechos del Palacio, los familiares de las víctimas siguen reclamando justicia. Fotos: Camila Ramírez.
Por: Marcela Zuluaga – noviembre 16 de 2016
El 6 y 7 de noviembre de 1985 tuvo lugar el Holocausto del Palacio de Justicia, 31 años después las víctimas exigen que se sepa la verdad sobre estos hechos, sobre sus familiares y sobre los responsables de estos crímenes.