13 millones de voces que seguirán transformando a Colombia

El 21 de junio se demostró que el proyecto de izquierda no puede ser ignorado y tiene vocación de poder. Casi 13 millones de personas votaron por la profundización de políticas sociales y ambientales que transformen Colombia, y son una fuerza cohesionada y plural. Por su parte, De la Espriella, el próximo mandatario elegido en medio de denuncias de fraude, tiene como base a millones de personas confundidas con mentiras, compra de votos e injerencia extranjera que, además, han sido llevadas a pensar que devolver a Colombia a su pasado fascista les reportará algún tipo de beneficio.

Este ideario de la ‘nueva’ derecha, que sigue teniendo a Uribe como el gran protagonista tras bambalinas, es toda una colcha de retazos, llena de afirmaciones contradictorias y promesas imposibles de cumplir que puede explicar por qué la derecha no crece en Colombia, aunque gane elecciones.

Hace 20 años, cuando el candidato era Carlos Gaviria Díaz, la izquierda obtuvo 2,6 millones de votos, así que estas elecciones nos dejan con un proyecto político que ha crecido en más de 10 millones de personas que respaldaron la candidatura de Iván Cepeda. La derecha, de otra parte, solo ha aumentado 5 millones, si se parte de los 7,3 millones de votos que en ese tiempo obtuvo Álvaro Uribe Vélez para su reelección. A esto se suma que el presidente Petro ha denunciado una posible alteración del software de la Registraduría que permitiría la manipulación de los votos de las colombianas y colombianos por parte de países extranjeros, es decir, Estados Unidos e Israel, en favor de Abelardo de la Espriella.

Estos números nos ponen ante un asunto clave de la historia reciente del país: aunque la hegemonía de la extrema derecha durante los gobiernos de Uribe -incluido el experimento fallido que resultó Duque- afianzó un tipo de capitalismo que profundizó la desigualdad y representó jugosas ganancias para los más ricos entre los ricos, terminó erosinando la alianza entre las grandes empresarios, especuladores financieros, terratenientes, mafiosos y corruptos de altísimo nivel que la sostuvo en el poder, abriendo el paso a un movimiento popular amplio y variado que creció, con el estallido social, al punto de poner presidente en 2022 y quedar muy cerca de lograrlo una segunda vez en 2026. 

En ese contexto se erigió, en 2022, la propuesta de gobierno progresista de Gustavo Petro, la cual buscó dar respuesta, con sus alcances y límites, a las demandas de la población eternamente excluida. Las acciones políticas y de gobierno durante su mandato quedan como referencia para el devenir del campo popular en el país. Sin embargo, la llegada de Abelardo de la Espriella a la Casa de Nariño las pone en tensión y abre un escenario de disputa política e ideológica que puede profundizarse en el futuro inmediato.

Así las cosas, lo que el país experimenta no es solo un giro a la derecha sino la tensión de las estructuras políticas, un vaivén cuya inercia el proyecto progresista aún logra contener mediante una nueva fuerza de gravedad, materializada en políticas sociales y en la densa presencia del Pacto Histórico y sus aliados en el aparataje legislativo. 

Esta contención es posible porque el proyecto aún conserva fortaleza política y social para mantenerse vigente, así como la capacidad de articular la resistencia de los diferentes sectores sociales que impulsan transformaciones en el país, lo que resulta fundamental ante la andanada de agresiones a los derechos de la gente que ha anunciado el próximo ocupante de la ‘Casa de Nariño’.

Por esto, el devenir del país dependerá de la capacidad que desplieguen quienes han sido beneficiados de estos últimos cuatro años por los programas sociales del llamado Gobierno del Cambio para defender lo que han ganado, aunque siga siendo poco de cara a sus necesidades, es decir, las comunidades indígenas, negras y campesinas; los sectores obreros y populares; las diversidades sexuales, las mujeres, los adultos mayores y las víctimas, entre otros. Durante este nuevo periodo presidencial, que augura el autoritarismo como credo oficial, su capacidad para consolidarse como una alternativa más poderosa y disputar no solo el gobierno sino el poder a largo plazo se definirá en los territorios y las calles, allí donde se construye la vida.

Procesos de articulación para la movilización social - Foto:Ernesto Che Mercado
Procesos de articulación para la movilización social – Foto:Ernesto Che Mercado

Por ello, es necesario afianzar la juntanza y la organización territorial, pero también asumir una urgente modernización. No podemos seguir actuando como espectadores pasivos de la narrativa de los monopolios mediáticos: necesitamos construir una pedagogía de la comunicación que desmienta que cualquier intento de transformación social deriva en autoritarismo o pobreza. Es fundamental construir relatos que muestren que el cambio no es una amenaza sino una posibilidad concreta, una esperanza, y que el miedo sembrado desde las pantallas no es más que el reflejo del temor de quienes ven peligrar sus privilegios.

Vienen tiempos de lucha y no somos los mismos de antes. Es urgente, por esto, que las 13 millones de voluntades que se expresaron en las urnas se traduzcan en un poder real que, desde abajo y desde los márgenes, siga empujando las transformaciones que Colombia y el continente reclaman y para esto necesitamos seguir uniéndonos y contando nuestra historia desde las palabras de quienes luchan por transformarla. 

¡El cambio sigue y depende de nosotros luchar por una Colombia distinta!


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