Categoría: Medio ambiente

  • Colombia frena exportación de carbón a Israel por genocidio palestino

    Por: Marcela Zuluaga y Andrés Gómez

    La prohibición de exportación de carbón térmico a Israel en respuesta al genocidio que perpetra en Gaza, resalta la necesidad de una legislación que no permita negociar con países que cometen este crimen y la urgencia de una transición energética justa en Colombia que nos haga menos dependientes del carbón sin empobrecer aún más a las regiones.

    Negocios vs. derechos humanos

    La decisión del Gobierno de Colombia de prohibir las exportaciones de carbón térmico a Israel desde finales de agosto provocó la fuerte reacción de varios de los gremios mineros, quienes ponen de manifiesto que priman los negocios.

    Temprana fue la reacción. En la revista Portafolio, el 21 de agosto de 2024, todos los representantes del gremiales entrevistados fueron enfáticos en desaprobar la decisión e hicieron un llamado al unísono de pensar en las regiones.

    Por una parte, Juan Camilo Nariño, presidente de la Asociación Colombiana de Minería (ACM) sostuvo que la moral no tienen cabida en los negocios:

    El argumento de moral pública no puede ser utilizado para justificar decisiones desproporcionadas e inadecuadas que afectan gravemente la economía del país y el bienestar de las regiones.

    Por su parte, Carlos Cante, presidente de Fenalcarbón, argumento a favor de las regalías :

    Este tipo de medidas no son parte de la solución y, por el contrario, sí causan un menoscabo al bienestar de la nación colombiana en una reducción del pago de renta y, por supuesto, del pago de regalías.

    Y, Pablo Felipe Robledo, exsuperintendente de Industria y Comercio y exviceministro de Justicia, propone que es demandable el decreto:

    El decreto expedido por el gobierno de Gustavo Petro que prohíbe exportaciones de carbón a Israel es demandable en nulidad ante el Consejo de Estado por violar las normas constitucionales y legales de protección de la libre competencia económica.

    La Asociación Colombiana de Minería, en respuesta a un Derecho de Petición solicitado por El Turbión, resaltó que la medida incumple acuerdos bilaterales entre ambos países y advirtió sobre la pérdida de regalías que esto implicaría para el país.

    Juan Camilo Nariño, presidente de la ACM, mencionó que en 2023 Colombia exportó 3 millones de toneladas de carbón térmico a Israel, por un valor aproximado de 447 millones de dólares y expresó su preocupación:

    En un contexto económico complejo, con bajos niveles de recaudo y grandes necesidades de inversión social, es fundamental evaluar con responsabilidad la viabilidad de este tipo de medidas. Se deben considerar factores como las implicaciones en el comercio exterior, el cumplimiento de compromisos internacionales y, sobre todo, el impacto en el bienestar y desarrollo del país.

    Si bien Israel representa un mercado clave para el carbón colombiano, generando alrededor de 650 mil millones de pesos anuales en impuestos, regalías y otras contribuciones, de los cuales más de 100 mil millones estarían destinados a La Guajira y el Cesar. Es necesario considerar que Israel está perpetrando un genocidio contra el pueblo palestino desde hace décadas y ha llegado a su punto más letal en el último año, al ser responsable de la muerte de más de 40 mil personas en la franja de Gaza, entre ellas más de 17 mil niños y niñas. Además, el país liderado por un régimen sionista, ha escalado el conflicto a Cisjordania y ha bombardeado objetivos en Irán y Siria, y le ha ordenado, desde principios de octubre, a los habitantes de 25 pueblos del sur del Líbano evacuar, mientras bombardea su capital: Beirut.

    Es lamentable que aun con la crudeza de un genocidio transmitido en vivo y la escalada de un conflicto bélico que preocupa al mundo, los representantes del sector minero colombiano no reconozcan razones humanitarias, y a la par es cínico que mencionen los impactos en las regiones cuando el Turbión ha atestiguado que la minería del carbón térmico ha contribuido al extermino físico y cultural a los pueblos Yukpa y Wayuú, la devastación del pueblo afrodescendiente de Tabaco, así como deforestación del bosque tropical seco, la contaminación de aguas y el antisindicalismo.

    Mucha indignación pocas acciones

    La prohibición colombiana se produce en un momento de condena internacional por el genocidio de Israel contra el pueblo palestino, al punto que en las Naciones Unidas el presidente brasileño, Lula da Silva, calificó a su homólogo israelí de «genocida» en febrero de este año.

    En Latinoamérica, Chile y Honduras han retirado a sus embajadores. Colombia, Bolivia y Belice han suspendido relaciones diplomáticas, siendo Colombia el único de la región que ha tomado una acción que le significa la pérdida de producción energética a Israel. Baréin y Jordania pidieron a sus embajadores retornar a sus países, y Turquía no solo se sumó llamando a su embajador, sino también detuvo todas las transacciones comerciales, que el año pasado significaron US$7.000 millones.

    En la ONU, durante la 79ª sesión, a finales de septiembre, el Primer Ministro de Israel y principal responsable del genocidio, Benjamín Netanyahu le habló a un auditorio casi vacío, sin embargo el genocidio palestino continúa sin mayores sanciones.

    La prohibición de exportación de carbón térmico a Israel no solo pone en la mesa la necesidad de plantear una legislación que permita condicionar relaciones con estados genocidas, sino la obligación de replantear el futuro de las regiones mineras en Colombia. Esta decisión puso sobre la mesa la dependencia del carbón, y expone la necesidad de una transición energética justa que aborde los impactos socio ambientales en La Guajira y el Cesar, evitando que los pueblos afrocolombianos, Yukpa y Wayuú que los habitan, queden aún más empobrecidos tras el declive de la minería.

    Por una transición justa en las regiones mineras

    Mina de carbón. Foto: Iván Castaño.

    Miguel Ángel Cáceres, geólogo de la Universidad Nacional y miembro de la Corporación Geoambiental Terrae, en conversación con El Turbión, sostiene que las regiones impactadas por la minería del carbón, como La Guajira y el Cesar, enfrentan grandes desafíos con la transición energética, y advierte que los nuevos proyectos de explotación de cobre empeorarían las desigualdades, ya que las comunidades han dejado sus actividades tradicionales debido a la bonanza del carbón, creando un enclave económico que no es sostenible a largo plazo.

    Juan Carlos Solano, secretario minero energético y de medio ambiente del Colectivo de Trabajadores por la Transición Justa, en conversación con El Turbión propone varias alternativas para las comunidades del corredor minero:

    (…) retomar la agricultura mediante cultivos hidropónicos, aprovechar la represa del río Ranchería para desarrollar proyectos agroindustriales y promover la energía eólica, siempre en consulta previa con las comunidades.

    Solano también mencionó la posibilidad de generar energía mediante la desalinización del agua marina, aunque advirtió sobre dos retos importantes: «el incremento de la salinidad en las costas y la falta de infraestructura adecuada para almacenar la energía producida.»

    ¿Hacia un futuro sostenible?

    Tren del Cerrejón que transporta el carbón desde la mina hasta los puertos de exportación en el Mar Caribe.
    Tren del Cerrejón que transporta el carbón desde la mina hasta los puertos de exportación en el Mar Caribe. Foto: Iván Castaño.

    La medida del presidente Gustavo Petro, aunque motivada como sanción ante la sevicia de Israel contra Palestina, puede empezar un camino hacia la descarbonización y la lucha contra el cambio climático, pero dicha ruta necesita bases sólidas.

    El Ministerio de Minas y Energía, en respuesta a un Derecho de Petición del Turbión, señaló que el artículo 23 del Proyecto de Ley Minera para la Transición Energética Justa, la Reindustrialización Nacional y la Minería para la Vida, prevé una reducción gradual de las actividades de carga de carbón en los puertos del Magdalena, y anuncia que estas disminuciones ya están siendo compensadas con la reactivación de los ferrocarriles para otros tipos de carga.

    Sobre la diversificación en La Guajira, Glencore ha anunciado que en el Cerrejón cesará sus operaciones en 2034, y que tiene planes de diversificación hacia energías renovables. Por el otro, en el departamento del Cesar, Glencore ha ejecutado un transición más abrupta: desde 2021, varios títulos mineros han sido abandonados, y la región enfrenta un futuro lleno de dudas.

    La incertidumbre creada por Glencore al abandonar los títulos mineros en el Cesar, la abordó el Instituto del Ambiente de Estocolmo (SEI) en su reporte de enero de 2024: “Carbón y transiciones justas en el Caribe colombiano”, el cual presenta los desafíos del sector minero:

    La repentina suspensión de las operaciones mineras de carbón en el Cesar por parte de Prodeco dejó a los municipios con posibilidades limitadas para enfrentar los problemas de desempleo, recesión económica y falta de alternativas económicas. Lo que el Cesar y los municipios cercanos a la operación de Prodeco están experimentando es solo el inicio de un declive estructural y progresivo de la industria del carbón en Colombia

    Los desastres heredados de la mega minería del carbón térmico crea la necesidad de una diversificación económica que respete los derechos de las comunidades y del medio ambiente. Y si bien el camino hacia una transición energética justa no es fácil, ni inmediata, es necesario hacer dicha transición con los pueblos afrodescendientes e indígenas de Cesar y La Guajira, y respetando su autonomía territorial como pueblos únicos, de lo contrario se agravaría su proceso de genocidio lento al que han sido sometidos.

  • Resistir a la sombra del carbón

    Investigación: Marcela Zuluaga C.

    La actividad minera de carbón en el caribe colombiano no solo afecta la salud de sus vecinos, sino que también ha desplazado comunidades enteras, dejando una huella de despojo y resistencia.

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  • La gasolina inunda a la Amazonía colombiana

    Por: Andrés Gómez

    El incesante consumo de cocaína en EE.UU. y Europa continúa motivando el procesamiento de pasta base de coca en Colombia, lo que significó que para 2023 se vertieran en los departamentos con más coca en el país: Norte de Santander, Nariño y Putumayo, una cantidad de gasolina tan grande que podría llenar y rebasar la laguna más grande de Colombia, La Tota, con los 1,7 millones de metros cúbicos de gasolina que se usaron.

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  • Glencore poisons rivers in Cesar and La Guajira.

    Research: Joanna Zapata and Marcela Zuluaga
    Audiovisuals: Iván Castaño
    Drone footage: Plinio Barraza

    Coal mining waste poses a serious problem; companies like the Prodeco Group – Glencore are responsible for changes in water quality, loss of aquatic diversity, and the accumulation of contaminants in the food chain of aquatic species in the communities of Calenturitas and La Jagua in Cesar, and near El Cerrejón in La Guajira.

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  • Glencore envenena ríos del Cesar y La Guajira

    Investigación: Joanna Zapata y Marcela Zuluaga
    Audiovisuales: Iván Castaño
    Imágenes de dron: Plinio Barraza
    Noviembre 29 de 2023

    Los desechos de la minería del carbón presentan un serio problema, empresas como el grupo Prodeco – Glencore son responsables de los cambios en la calidad del agua, pérdida de diversidad acuática, y de acumulación de contaminantes en la cadena alimenticia de las especies acuáticas en las comunidades de Calenturitas y la Jagua, en el Cesar, y cerca a El Cerrejón en La Guajira. 

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  • La Guajira: “Basta ya de explotación minera”

    El agua del arroyo Bruno es la mayor preocupación para los habitantes de La Guajira. Foto: Camila Ramírez.
    El agua del arroyo Bruno es la mayor preocupación para los habitantes de La Guajira. Foto: Camila Ramírez.

    Por: Camila Ramírez – diciembre 13 de 2017

    Durante prácticamente cuatro décadas, las comunidades indígenas wayúu, afrodescendientes y campesinas del departamento de La Guajira se han resistido al desplazamiento forzado, los asesinatos de sus líderes sociales, la pérdida de sus costumbres culturales, el deterioro de sus ecosistemas, la extinción de animales y plantas, la destrucción de las fuentes hídricas y las enfermedades que ha traído consigo el hecho de tener como vecino a la mina de carbón a cielo abierto más grande del mundo: el Cerrejón.

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  • Territorios de paz para los animales y el ambiente

    Cría de búho en Caño Cristales, La Macarena (Meta), uno de los territorios que podrían verse afectados por la explotación petrolera luego del posible desarme de la guerrilla de las FARC. Foto: Luis Alejandro Bernal Romero.
    Cría de búho en Caño Cristales, La Macarena (Meta), uno de los territorios que podrían verse afectados por la explotación petrolera luego del posible desarme de la guerrilla de las FARC. Foto: Luis Alejandro Bernal Romero.

    Por: Carlos A. Crespo C.

    Se dejan atrás las armas, se dejan atrás una cantidad inimaginable de víctimas de los conflictos que la guerra no pudo resolver y se dejan atrás también los territorios que hasta ahora han sido ocupados y controlados por la guerrilla de las FARC, y a todo esto se suman los anuncios del inicio de las conversaciones con el ELN. También vuelven a la vida ciudadana muchos que solo han conocido la guerra como proyecto de existencia y se acerca un reto gigante para el pueblo, manipulado en sus conciencias por el interés de los belicistas.


    Los otros territorios

    Por muchos años, casi los años que ha durado la guerra, fueron vastas zonas las que no contaron con la soberanía del Estado, que eran dominadas por las fuerzas irregulares de las guerrillas y donde estas eran vistas como autoridad y ley reconocida, en detrimento de un Estado desconocido o al cual solo se veía a través de la televisión. Un ente lejano que no daba respuestas ni soluciones, y que dejó a los habitantes de esos territorios en medio de todos los fuegos, legales o ilegales.

    En este contexto, resulta interesante que en los actuales diálogos de paz no se negocie el modelo económico, actitud mezquina del Estado al ser su premisa fundamental y un asunto aceptado por los grupos insurgentes.

    Los territorios controlados por el Estado, en el contexto de un sistema capitalista y neoliberal, son vistos principalmente como fuente de recursos económicos. Todo lo existente en ellos es susceptible de venta, renta, préstamo, explotación o aprovechamiento y es el gobierno quien, a libre arbitrio, dispone de lo que allí se encuentra, no siempre con el acuerdo o para beneficio de quien se supone es realmente el Estado, o sea el pueblo.

    Las comunidades que conforman el pueblo y que habitan esos territorios son quienes realmente tienen el derecho de usufructuar estos recursos que dan sustento a las necesidades de los seres vivos. Esta afirmación tiene dos acotaciones.

    La primera, que los animales no humanos, de acuerdo al enfoque antiespecista, no deben ser considerados recursos, en tanto no son propiedad de nadie más que de ellos mismos. En este sentido, como habitantes de los territorios los animales no humanos también tienen derecho a usufructuar los recursos del territorio de acuerdo a sus necesidades y, de hecho, a contar con sus propios territorios.

    La otra acotación tiene que ver con la inevitable sostenibilidad que exigen estos tiempos. Los recursos, en tanto perecederos, deben ser usados con mesura, garantizando la posibilidad de acceso para todos los seres sintientes, incluidas las generaciones futuras.

    Con o sin guerra, los animales han sido víctimas del desplazamiento y la violencia en sus territorios. Ejemplo de ello ha sido el asesinato de dos ojos de anteojos por parte de campesinos en este inicio de año, hecho en el que también estuvo implicado un concejal. Muertes causadas a animales por coexistir en territorios que los humanos hemos invadido.

    Definitivamente la guerra ha pauperizado las condiciones de vida de todos. Durante los desplazamientos las personas no solo se dirigieron a las grandes urbes sino a otros lugares donde los humanos no deberíamos tener asiento permanente, como los páramos. En estos sitios se ha estado forjando un conflicto entre estos humanos y los animales habitantes originarios de estas zonas.

    Asimismo, el conflicto deja una cantidad de preguntas, generalmente sin respuesta. ¿Cuántos animales y de cuántas especies han sido desplazados de sus territorios? ¿Cuáles son las cifras de animales asesinados en bombardeos o por efecto de las minas quiebrapatas? ¿Cuántos animales, usados como carne de cañón, han explotado a cambio de los combatientes humanos? ¿Cuántos animales han sido usados como práctica de tiro, para desensibilizar a los actores del conflicto frente a la muerte y la tortura, o como insumo para la producción de armas?

    Las guerrillas han sido participes de negocios que contribuyen a la degradación ambiental, como el cultivo extensivo de la hoja de coca, que hace que la seguridad alimentaria de los campesinos sea sustituida por unas efímeras bonanzas, en tanto las ganancias verdaderas no quedan en sus bolsillos. Esto, claro, sin hablar de la criminalización y estigmatización de esa planta tradicional. También son relevantes tanto su participación en la explotación minera del coltán, entre otros minerales, como las terribles catástrofes ambientales que dejan los atentados a oleoductos. A pesar de ello, su presencia también ha permitido que amplias extensiones permanezcan vírgenes, preservando los ecosistemas y manteniendo lejana la frontera agropecuaria o la ‘locomotora’ minero energética, pilar del gobierno del presidente Santos.

    Sin embargo, y a pesar de la destrucción que deja la guerra, entre otras la de la naturaleza, también es cierto que el control que han tenido hasta ahora las guerrillas sobre importantes extensiones de territorio ha tenido como efecto una gran limitación para que las grandes multinacionales con permiso del Estado, en el nivel macro, y los grupos de colonos, en lo micro, exploten ciertos recursos y destruyan el ambiente.

    No obstante, los cambios que han traído consigo las negociaciones de paz han dejado a los seres vivos en estos territorios en una creciente desprotección. Un ejemplo de ello es el de la atelopus farci, una rana de color olivo descubierta hace unos 30 años y que debe su particular nombre a su estrecha relación con las FARC, en tanto que existió camuflándose en zonas controladas por esa guerrilla y se extinguió cuando esa guerrilla perdió el control de los territorios por encima de los 2000 msnm donde habitaba el anfibio comedor de insectos investigado por el biólogo estadounidense John Douglas Lynch. Otro ejemplo es el del mono araña café ateles hybridus, para quien la baja en la intensidad del conflicto significó un aumento en los cultivos de palma aceitera, disminuyendo el bosque nativo donde vive.


    Paz para los animales

    El primer punto de la negociación del gobierno colombiano con las FARC sobre política de desarrollo agrario integral habla de mejoramiento de las condiciones de la población rural, reactivación del campo, distribución de la tierra y eliminación de la pobreza, todos elementos muy importantes. Lastimosamente, lo acordado queda incompleto por su sesgo antropocéntrico, pues solo se menciona tangencialmente la preservación de las zonas hasta ahora protegidas por la presencia guerrillera, viendo estos territorios más bien como una oportunidad de aprovechamiento, con toda seguridad no tanto para el beneficio de los campesinos sino para la llegada de inversión extranjera.

    Lo cierto es que con o sin guerra, con o sin negociaciones, el gobierno ha venido haciendo una feria con los recursos de los territorios, dejando muchas veces sin sustento a sus actuales habitantes humanos e impidiendo que se refuercen los por ahora utópicos proyectos de preservación y conservación de recursos para los otros animales o para las generaciones futuras. Este no es para nada un escenario para un territorio de paz, más bien es todo lo contrario.

    Sólo para citar un ejemplo que ganó una importante visibilidad recientemente, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) autorizó hace algunas semanas a la multinacional Hupecol para explotar petróleo en las inmediaciones del paradisiaco Caño Cristales, ubicado en la serranía de La Macarena, un histórico bastión de las FARC. Por fortuna, gracias a la enorme presión social que este caso ha concitado, la licencia ha sido suspendida temporalmente, a pesar de las irresponsables delaraciones del presidente de Ecopetrol, Juan Carlos Echeverry, donde destaca las ventajas que la paz traería para la extracción de hidrocarburos.


    Los animales y los acuerdos de La Habana

    Se acerca el denominado ‘posconflicto’ y, tal y como hace tres años una parte del movimiento animalista le expresó en una misiva a los grupos de negociadores de La Habana, los animales deben ser tenidos en cuenta si es que se quiere un acercamiento real al concepto de paz. Una paz sin este elemento seguirá siendo una paz incompleta, pues los animales también han sido y son víctimas.

    Así como se requiere construir territorios de paz que den cuenta de la justicia social con equidad, con protección de la vida e integridad de pobladores originarios y reincorporados para evitar repetir las dolorosas experiencias vividas en el pasado, también es necesario tener en cuenta que en Colombia no habitamos solo los humanos.

    En este sentido, es importante resaltar que cuando, en el numeral cuatro del acuerdo sobre política agraria de la negociación entre el Gobierno Nacional y las FARC en La Habana, se habla del sistema especial de seguridad alimentaria y nutricional, del fortalecimiento de mercados locales, del manejo adecuado de alimentos y de los programas contra el hambre, aquellos no tienen por qué estar ligados a la explotación de los animales.

    Al respecto, hay que decir que no son inmodificables los planes de negocio para la población vulnerable, donde invariablemente se encuentran los galpones de gallinas y los chiqueros para cerdos. Estos pueden ser replanteados a través de alternativas rentables, sustentables, colaborativas, solidarias y, sobre todo, éticas y que estén al tenor de los nuevos parámetros del biocentrismo y de los llamados de la Organización de las Naciones para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para que los Estados promuevan formas de alimentación sostenibles, especialmente la vegana.

    De otro lado, en guerrilla y gobierno han adelantado discusiones sobre el punto del fin del conflicto, llegando a un «Acuerdo sobre limpieza y descontaminación del territorio de la presencia de minas antipersona» para cuya aplicación no es necesario poner ‘en átomos volando’ a numerosas víctimas animales sino implementar la tecnología necesaria para un desminado seguro y eficiente.

    Es necesario que se extiendan por todo el país territorios de paz, pero venciendo el especismo antropocéntrico y teniendo en cuenta que para que los mismos existan no necesariamente tienen que contar con la presencia humana.

    Por esto, resulta perentorio no repetir la experiencia de animales hoy desaparecidos como la ranita atelopus farci, reestructurar la ruta del jaguar, volver a poblar los páramos y bosques de osos de anteojos y que el cóndor de los andes vuelva a alzarse imponente sin un fusil apuntando a su cuerpo. Necesitamos mantener el agua pura fluyendo para que continúe existiendo la posibilidad de vida, misma que el petróleo o los metales de las minas reducen. Debemos comprender que en los territorios de los no humanos somos nosotros los invasores. ¿Estarán el Estado y la sociedad en capacidad de mantener esos territorios despejados de la mano destructora humana?

    En resumen, es imprescindible crear por lo menos dos tipos de territorios de paz, si es que queremos un fin de la guerra que no discrimine con base en la especie. Una para aquellos seres que no han tenido contacto mayor con los humanos y cuyo entorno natural necesita ser protegido de la degradación del resto de lugares del país. Estos son los territorios que el humano debe despejar totalmente para preservar y conservar. Pero también construir territorios de paz donde se convive no solo entre humanos sino entre especies, donde todos y todas merecen y tienen derecho a ser respetados en su esencia, su vida e integridad, desarrollando sus capacidades de manera plena y siguiendo la vida que desean llevar sin ningún tipo de coerción.

    Todos tenemos responsabilidad en la construcción de la paz. Debemos afirmar que territorios de paz podemos ser cada una y cada uno de nosotros, más cuando hablamos de nuestra relación con los animales no humanos. Rememorando el bello ensayo de Hakim Bey «La zona temporalmente autónoma», la voluntad libre y decidida a crear un mundo más justo e igualitario para todos está en nuestras manos, aquí y ahora, eludiendo la estructura formal de la educación y el sistema especista.

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    * Activista antiespecista, psicólogo, candidato a magíster en Bioética, integrante de Resistencia Natural (REN) y de la Red Internacional Antitauromaquia.

  • Así se lucha contra el incendio forestal en Bogotá

    Por: Ernesto Che Mercado Jones – febrero 5 de 2016

    Durante 5 días, cerca de 500 bomberos y centenares de vecinos de los barrios Aguas Claras y El Dorado han luchado sin pausa contra el incendio forestal que consume un importante sector de los cerros orientales de Bogotá.

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  • Alarma por incendios en cerros orientales de Bogotá

    El incedio forestal arrasa una de las principales reservas naturales de Bogotá - Foto: William Oquendo.
    El incedio forestal arrasa una de las principales reservas naturales de Bogotá – Foto: William Oquendo.

    Por: Marcela Zuluaga y Omar Vera – febrero 3 de 2015

    Desde el lunes 1 de febrero al medio día se presenta un incendio de grandes proporciones en los cerros orientales de Bogotá. Según personas de las comunidades afectadas y fuentes al interior de los cuerpos de emergencia, el fuego podría haberse generado por la actividad de la Escuela de Logística del Ejército ubicada en la zona.

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  • Los problemas que está trayendo el puerto

    "Manos de pescador" - Foto: Alejandro Arango
    «Manos de pescador» – Foto: Alejandro Arango.

    Por: María Alejandra Herrera Palacio – octubre 5 de 2015

    A orillas del río Magdalena, en el suroccidente del departamento del Cesar, se ubica Gamarra, municipio caracterizado por tener grandes complejos de ciénagas a su alrededor y pobladores que tradicionalmente se han dedicado a la pesca, a la agricultura, el comercio y la ganadería. Actualmente, los pescadores artesanales se ven amenazados por la construcción del Puerto Fluvial de Andalucía.

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