Solo el pueblo salva al pueblo - Foto: Christian Escobar Mora

Solo el pueblo salva al pueblo - Foto: Christian Escobar Mora

Mientras De la Espriella lava cara al sionismo, el pueblo colombiano salva vidas

Colombia enfrenta un terremoto con graves consecuencias para las comunidades históricamente más pobres del occidente del país. Mientras miles de voluntarios, rescatistas y entidades de atención de emergencias luchan por salvar a quienes siguen atrapados entre los escombros tras más de 8 días luego del sismo, la respuesta de De la Espriella deja dudas sobre sus intereses y capacidades.

Aparte de posar frente a las cámaras de manera desobligante para las víctimas, y anunciar que atendería la catástrofe personalmente, para entregar balones a personas sin techo y comida, De la Espriella no ha usado la capacidad del Estado de forma inteligente, y mucho menos diligente, particularmente con las personas más vulnerables, como las comunidades afrocolombianas e indígenas del Chocó, departamento epicentro del terremoto.

Un ejemplo es que no haya usado las Fuerzas Armadas para atender emergencias, a pesar de estar equipados, sino para militarizar Cali, Pereira, y Manizales, ciudades donde se decretó el toque de queda durante los primeros días. Ante la estupidez inhumana de la medida, las personas desafiaron los decretos y continuaron con el rescate de personas atrapadas.

Tampoco usa la tecnología con la que cuenta la Fuerza Aérea Colombiana para obtener información precisa del Chocó, donde no se sabe de las afectaciones a resguardos indígenas y consejos comunitarios por estar incomunicados. Al contrario, sí fueron usadas aeronaves de la Fuerza Aérea para bombardear comunidades campesinas en el municipio de El Tarra (Norte de Santander), intentando bombardear objetivos de las guerrillas del Ejército de Liberación Nacional (ELN). 

Es evidente que la concentración de Abelardo De la Espriella está en otro lado. El del capital y la ultraderecha internacional: Ecuador, Salvador, EE.UU, e Israel; pero no con el país que preside y vive las consecuencias de un terremoto. Eso lo demuestra con la decisión, en medio de la tragedia, de reconocer los Altos del Golán como parte del Estado genocida de Israel y de retirar el reconocimiento diplomático a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). En medio del trauma de un país sacudido y en llamas, De la Espriella  complace al sionismo y el genocida y criminal de lesa humanidad Benjamín Netanyahu. 

La fidelidad de Abelardo al sionismo en medio de una tragedia ya es reprochable, además de los bombardeos a civiles, ambas acciones que muestran cuales son las prioridades de quien dirige el país. Pero a la complicidad con criminales y la negligencia le sigue una soberbia que asesina personas. 

De la Espriella, luego de bloquear la entrada de equipos de rescate de países no alineados a la ultraderecha, como son China, Brasil y México, permitió que 82 rescatistas de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) entraran a las calles de Cali cuatro días después del temblor. Esto ha generado que rescatistas voluntarios colombianos que no aceptan que se lave la cara al genocidio que comete Israel contra Palestina, hayan confrontado al ejército sionista, lo que se teme derive en persecuciones contra estos rescatistas. 

El desprecio de Abelardo De la Espriella a los ofrecimiento de brigadas de rescatistas experimentados costó vidas. Los Topos Azteca, como las personas que se lanzaron a las calles en medio del toque de queda, afortunadamente no hicieron caso de la necedad y llegaron a Cali 48 horas después de la tragedia y todavía están en la ciudad. 

Es tan inoperante De la Espriella, que las vías a Buenaventura hasta hace pocos días fueron despejadas, siendo Buenaventura el puerto más importante del Pacífico, y la ciudad, según los escasos reportes, enfrenta interrupciones en los servicios de electricidad y gas, graves daños en sus edificaciones, al menos diez muertos y unos 170 heridos, mientras el Hospital Luis Ablanque de la Plata y la Clínica Santa Sofía están al límite de su capacidad y esta última tiene comprometida el 70 % de su infraestructura.

Las horas decisivas para rescatar con vida a las víctimas del terremoto se escaparon en las grietas de la mezquindad del mandatario. Tras 200 horas del evento sísmico las probabilidades se reducen drásticamente dada la inoperante y distractora gestión de Abelardo y su gabinete, que prefiere según denuncias, no seguir buscando, sino hacer remoción de escombros para empezar a construir y activar el comercio. El tiempo dirá cuántas vidas se perdieron por cuenta de las inhumanas decisiones de Abelardo.

Y la ruindad se demuestra no solo en impedir que entren personas especializadas de otros países, sino también en un modelo que canaliza las donaciones para la emergencia a través del sistema financiero, en lugar de garantizar que lleguen directamente y con la mayor rapidez posible a quienes las necesitan. ¿Cuánto dinero permanece en las cuentas, qué rendimientos genera y quién se beneficia de ellos mientras miles de damnificados esperan ayuda?

La grandeza de un pueblo sin embargo se ve en la solidaridad de su pueblo y no en la miopía mezquina de quienes resultan puestos en sillas presidenciales, y eso está mostrando el pueblo colombiano.

Además de las cientos de toneladas de alimentos que se recogen en Bogotá y otras ciudades para dirigirlas a las ciudades afectadas, hay iniciativas como la de: «Terremoto.com.co«, página que reporta «daños, personas extraviadas, refugios, centros de acopio, donaciones de sangre y solicitudes de ayuda», a las ciudades afectadas.

En Pereira, habitantes se han sumado a los equipos de emergencia en la búsqueda de sobrevivientes entre los escombros, y otros organizan comederos en parques, como el Museo Intangible de la memoria, quien le da comida a las víctimas. Otras iniciativas se enfocan en aspectos sicosociales, como la iniciativa Escuela de Pedagogía de Emergencia Agitar, quienes trabajan para que los niños «puedan de manera progresiva asimilar el tema del trauma y superar esta situación.»

Las organizaciones indígenas también se movilizaron. Desde el Cauca partió la Minga Humanitaria por la Vida hacia el Chocó con alimentos y elementos de primera necesidad, mientras una misión médica se desplazó hacia las comunidades afectadas. En Cali, integrantes de la Guardia Indígena del norte del Cauca se sumaron a la remoción de escombros y al acompañamiento de las zonas más golpeadas, junto con personas de la Primera Línea.

Mientras el Gobierno decide qué ayuda internacional acepta, las comunidades buscan a sus vecinos, y mientras Abelardo discute qué equipos extranjeros pueden entrar, voluntarios trabajan día y noche entre los escombros, y mientras se anuncian centros de coordinación desde Bogotá, ciudadanos organizan alimentos, acopios, transporte de ayudas y cocinan alimentos en improvisadas ollas comunitarias. 

La grandeza de Colombia no está en quien ocupa la Casa de Nariño.

Está en quienes, sin tener el poder del Estado, están haciendo lo que pueden para salvar a otros. Solo el pueblo salva al pueblo.


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