Miles de hogares quedaron destruidos en Pereira luego del terremoto

Miles de hogares quedaron destruidos en Pereira luego del terremoto

La solidaridad que sostiene a Pereira

Por: Andrés Gómez

Fotografía: Pilar Angarita

Pereira fue una de las ciudades que resultó más golpeadas por el terremoto que afectó a Colombia el pasado 10 de agosto. Ese día, el sismo ocasionó más de un centenar de muertos y desaparecidos, y ha dejado a miles de personas damnificadas en la ciudad. Hoy, quienes perdieron su casa y no pueden procurarse un lugar donde vivir habitan albergues temporales o parques y el desempleo aumentó, igual que el precio de los arriendos. 

En medio de la precariedad y la incertidumbre, se activaron redes de solidaridad hacia las víctimas del terremoto. En busca de las respuestas de colectivos y personas a la tragedia, El Turbión y CESJUL visitamos Pereira a mediados de agosto, con el apoyo de la organización Global Exchange y encontramos cómo decenas de personas alimentan a cientos, reparten mercados y sanan con arte el trauma social de una ciudad que necesitará un apoyo permanente para reconstruirse.

Arte para Sanar

Con pedagogía de emergencia Agitart trabaja el trauma que el terremoto ha causado en decenas de niños en albergues en Pereira

La Alcaldía de Pereira reportó 35.263 viviendas afectadas: 9.200 con afectación estructural, 10.124 con daño severo, además de 66 edificaciones completamente colapsadas, 34 centros de salud y 165 instituciones educativas afectadas. La cantidad de viviendas y colegios deshabilitados ha causado que cientos de niñas y niños estén viviendo en albergues, donde están hacinados junto con sus padres y otras familias. Según estimados de prensa, 1.500 personas pasaron de vivir en un apartamento o casa a habitar una carpa en albergues. Esta situación ya es difícil en familia y lo es cuando se comparte el espacio con cientos de personas.

Conscientes del trauma del terremoto y los cambios, Agitart ha empezado a trabajar desde el voluntariado en algo que llaman “pedagogía de emergencia” con niñas y niños. Los encontramos en el Parque del Oso, en Pereira, y observamos cómo la organización, compuesta en su mayoría por mujeres jóvenes, facilita espacios para que niñas y niños expresen sus emociones, con el objetivo de actuar en una fase crucial luego de un hecho tan traumático y buscar herramientas desde los propios niños y comunidades para acompañarse, sanarse, y ofrecer entornos de seguridad física y emocional.

Nosotros, como Agitart, estamos trabajando para que los niños crezcan más seguros.

La actividad de Agitart es un reto. Las personas atendidas por el Estado habitan albergues improvisados en el Ecoparque El Vergel, el Parque El Oso, el Parque Olaya, el Polideportivo Belalcázar y la Plazoleta Risaralda. El Coliseo Mayor y el Estadio Mora Mora ya alcanzaron su límite de aforo, y el Parque de la Libertad tuvo que ser evacuado por riesgo de colapso de edificaciones cercanas.

Ante el hambre la solidaridad

El hambre es algo real en Pereira y las ciudades más afectadas. Por ello, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU pidió 23 millones de dólares para proporcionar asistencia alimentaria por tres meses a las más de 100.000 personas afectadas en toda Colombia. Sin embargo, no alcanza a todas las personas y, aún menos, a las mujeres que son cabeza de familia, además se denuncian problemas de acceso y falta de transparencia en la asignación de ayudas.

Ante esta realidad, la colectiva “Las Weras”, organización ecofeminista que nació en la post-pandemia, está cocinando y distribuyendo alimentos para las damnificadas desde el 10 de agosto con su “olla rebelda”.

Las Weras preparando mercados para las mujeres cabeza de familia afectadas por el terremoto

Hoy acompañan a cien mujeres que perdieron su casa, familiares, su empleo o su red de cuidado, así como a mujeres gestantes y lactantes. Y, si bien por ahora dan respuesta a las damnificadas cocinando y repartiendo mercados, Las Weras saben de las necesidades, en el inmediato futuro, que incluyen acompañamiento psicosocial, la búsqueda de empleo, el fortalecimiento de emprendimientos para las mujeres que atienden, y la prevención de violencias basadas en género.

Otra iniciativa que atiende el hambre de cientos de personas que no están en albergues, pero que no pueden cocinar o comprar comida, es el comedor que creó el Museo Intangible la misma noche del terremoto. El Museo, junto con Las Weras y otros colectivos, se juntó en el Parque Olaya por varios días, pero hoy funciona en Casa Abierta, un colectivo cultural en el centro de Pereira que abrió sus puertas para seguir atendiendo la emergencia.

Allí cocinan y reparten comida a barrios como San Nicolás, La Libertad, Corocito, Las Margaritas, Villa Santa Ana y Villavicencio. Los alimentos los preparan decenas de manos de voluntarios(as) que se suman de manera espontánea, pero sostener el fogón es difícil porque cada día disminuyen las ayudas. También saben que la situación de hambre y desempleo no cambiará a corto plazo. Por ello, advierten:

La gente tiene hambre, no va a tener casa por mucho tiempo, no va a tener trabajo por mucho tiempo. La ciudad no se va a reconstruir este año

Protegiendo los animales

Mario Betancourt con un par de su familia perruna

Mario Betancourt es residente de Pereira, migrante retornado de los Estados Unidos, vendedor ambulante y cuidador de cinco perritas que ha rescatado desde 2021. Vendía camisetas, pero ya no puede hacerlo porque muchas de las calles todavía están en peligro de colapsar. Además, el techo de su casa se cayó y hoy está damnificado.

Sus hijas, como él llama a sus perras, se llaman Celeste, Julieta, la Niña, la Negra y Canela. Todas son juguetonas y su pelo brilla al sol, al tiempo que están atentas a lo que Mario diga cuando corren libres por el parque. Mario hoy no sabe cómo sostener a su familia de cinco perras rescatadas, y lo presiona la incertidumbre:

Apenas está empezando, la economía se frenó y yo vivo de lo que vendo en la calle.

Como respuesta, abrió un Instagram para vender y así continuar con el cuidado de la familia que decidió formar.

Mario no es el único que tiene problemas para mantener animales rescatados. Ricardo Cardona es el propietario de Café Bigotes, el primer café para gatos con sentido social del Eje Cafetero. Un lugar que estaba libre de jaulas y que, en palabras de su dueño, ha rescatado “más de 1.500 animales” y ha dado en adopción a 482 gatos.

El terremoto se llevó la estructura física del café, pero no a sus gatos. Ricardo sacó a casi todos de entre los escombros y, en medio de las réplicas, solo le falta una gata, a la que le deja comida. Los vecinos la han visto cuando hacen guardia para salvar sus propiedades de los ladrones que buscan oportunidad entre los escombros. 

Hoy Ricardo necesita una casa con espacio, cómoda para los gatos, donde también pueda instalar su única fuente de ingresos: un café. Con los recursos que ofrece Café Bigotes, sostiene todo el trabajo de apoyo a los animales.

El voluntariado tiene sus límites y costos para las personas que atienden la emergencia humanitaria, continuar este trabajo en el tiempo solo puede hacerse con el apoyo solidario desde otros lugares. No hay reconstrucción sin solidaridad con quienes apoyan. Las Weras y el Museo Intangible ya están haciendo su parte al cocinar para cientos de personas y proveerles mercados. También Agitart, al buscar sanar el trauma con arte, e igualmente Mario y Ricardo, al seguir cuidando los animales que han decidido proteger.

La respuesta Gubernamental de la ciudad y del departamento de Risaralda, y de Abelardo de la Espriella, denuncian algunas de las personas entrevistadas, ha sido insuficiente y violenta.  

Violencia como respuesta a la tragedia

En Pereira, las estadísticas oficiales disponibles son del 19 de agosto y provienen del “Puesto de Mando Unificado” de la Alcaldía. Desde entonces, ese dato es el saldo oficial: 99 fallecidos, 132 desaparecidos y 259 heridos. Lo cierto es que no se sabrá cuántas personas pudieron salvarse o ser encontradas. La decisión de Abelardo de La Espriella de no permitir el ingreso de equipos de búsqueda especializados provenientes de países no alineados con la ultraderecha, retrasó tres días de labores, lo que costó la vida de personas en todas las ciudades afectadas. 

A esta incomprensible decisión, se le sumó la crueldad de ordenar levantar los escombros y activar la economía de las ciudades a menos de una semana de la tragedia.

Para las personas que vivieron el terremoto, estas decisiones fueron emocionalmente desoladoras. Fueron testigos de personas potencialmente heridas que no se rescataron, y que fueron tratadas como escombros luego del 14 de agosto. Así lo afirma María Cristina López Bolívar, docente de la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP), quien presenció cómo, en lugares donde sabían que estaban personas y cuerpos enterrados, de la noche a la mañana solo quedaron espacios vacíos ¿Qué pasó con los cuerpos?

De La Espriella no entendió que un terremoto deja traumas individuales y colectivos, y vulnera de forma tajante el derecho al rescate y al duelo. En otros países donde se han sufrido tragedias similares, como en Venezuela, los grupos de rescate tardaron semanas desenterrando cadáveres para entregarlos a familiares y ayudar, de esta manera, a cerrar el trauma de las personas y de la sociedad.

Además, miles de personas que dependían de negocios en predios destruidos o de la economía informal perdieron sus fuentes de ingreso. El hambre y el desempleo acompañan la incertidumbre, y la respuesta, de nuevo, es violenta y muestra cómo serán tratadas las personas damnificadas. En Pereira, del 2 al 3 de septiembre pasados, 30 familias damnificadas del terremoto que comían de una olla comunitaria fueron desalojadas por Unidad de Diálogo y Mantenimiento del Orden (UNDMO),  acusadas de invadir el espacio público.

La política de la violencia por encima de la vida. Mientras más de 367 municipios de los 1.100 que tiene Colombia, esperan ayudas y el apoyo para iniciar su reconstrucción, Abelardo de la Espriella ha reactivado una política de bombardeos que ya deja varios niños y niñas muertos, y caminó entre cadáveres recocijándose de su política de “mano dura” contra organizaciones criminales.

La reconstrucción de las ciudades y poblaciones afectadas es un proceso social que demanda solidaridad, memoria y justicia. Reconstruir no es recoger escombros y levantar edificios, sino garantizar duelos dignos y responder con empatía a las personas y sus necesidades. La reconstrucción es un asunto de la mayor importancia para Colombia y solo será posible si se construye con transparencia, con las personas afectadas, y obviamente con un compromiso real con la vida y la dignidad de quienes lo perdieron todo.


En reconocimiento al compromiso del equipo de El Turbión con la integridad y la excelencia en el periodismo, el medio ha obtenido la Certificación de la Iniciativa de Periodismo Confiable, promovida por Reporteros sin Fronteras con la norma internacional CEN CWA 17493:2019.

Si encuentras un error, selecciónalo y presiona Shift + Enter o Haz clic aquí. para informarnos.

About The Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.