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Periódico El Turbión número 1 – febrero 3 de 2004

La actual arremetida contra la universidad ha encontrado su máxima expresión de los últimos tiempos en la extremadamente autoritaria administración de Óscar Ibarra, miembro del Opus Dei y actual rector de la UPN, y sus medidas contra la comunidad universitaria.

Luego de casi un año de gestión en la rectoría de la universidad, durante el cual ha impulsado las más represivas medidas contra estudiantes y profesores, como las resoluciones rectorales 001 y 0059 que prohíben el derecho a la expresión, de libre reunión y movilización, el derecho de decenas de estudiantes a buscar sus medios de sostenimiento y el derecho de la comunidad universitaria a no ser maltratada, el rector ha tomado una actitud que ha venido dando pié a una desenfrenada campaña de brutal represión y señalamiento contra  quienes realmente conforman la UPN.

El pasado miércoles la situación llegó a un punto extremo cuando, sin ningún respeto por la autonomía de la universidad ni por la condición humana de quienes allí se encontraban, el rector ordenó la entrada de la policía al campus universitario con el pretexto de desalojarla. El resultado: el Escuadrón de Matones Antidisturbios – ESMAD ingresa a una universidad que ocupa apenas una manzana disparando gases lacrimógenos y golpeado sin motivación a los allí presentes dejando decenas de estudiantes y algunos profesores contusos, incluso con fracturas en sus brazos y clavícula, agrediendo sin miramientos a mujeres en estado de embarazo con sprays de gas paralizante que afectan directamente al sistema nervioso y con golpes de sus macanas, tomándose a sangre y fuego la universidad para callar con la canallada la voz de los estudiantes.

Los hechos:

La situación se generó con la expedición de la resolución 0059 que prohíbe de un tajo la venta ambulante en el campus sin tener en cuenta que esta actividad es la única solución que decenas de estudiantes de la UPN han encontrado para la dura crisis económica que enfrentan día tras día. Para garantizar su aplicación el mencionado Ibarra apeló el uso de la fuerza por parte de la empresa de vigilancia a cargo del cuidado de los bienes de la UPN, autorizándoles el uso de perros y gases pimienta contra los estudiantes y el porte de armas de fuego.

Con esta actuación lo único que se logró fue acrecentar el amplio rechazo que ha generado la política de este defensor de la Revolución Educativa de Uribe. Agravando este malestar nos encontramos con las cotidianas agresiones por parte de la vigilancia contra docentes y estudiantes, el despilfarro diario de recursos en pintura para impedir la expresión de la comunidad en murales y pintas ante la crisis que vive la pedagógica, la negativa del uso de medios de comunicación como el megáfono y otros equipos de sonido y –el colmo– la constante prohibición del derecho a reunirse en asamblea pública implantado por la resolución 001 expedida
recién iniciada su gestión. Todas estas circunstancias sólo permitieron que la lucha de los estudiantes vendedores poco a poco se convirtiera en una causa común a la cual se solidarizan hoy varios centenares de estudiantes que no se aguantan un abuso más por parte de este pequeño Montesinos y quieren sacar adelante su universidad ganándole por lo menos una a Ibarra.

Al indagar con muchas precauciones al ESMAD por las razones de su intervención los estudiantes supieron que fue el rector en persona quien dio la orden de militarización de la universidad aduciendo que los estudiantes tenían tomado uno de los edificios y habían secuestrado a dos celadores. Nada más lejos de la verdad: los estudiantes se encontraban en un cese pacífico de actividades, reuniéndose en el patio central para almorzar en la Olla Comunitaria que con gran esfuerzo prepararon y decidiendo la manera de actuar ante la negativa del rector a resolver la situación de los estudiantes-vendedores, fue entonces, hacia el medio día del miércoles 18, cuando ingresó la policía por la fuerza al campus universitario con las consecuencias ya mencionadas.

El jueves 19 los estudiantes encontraron la universidad abierta normalmente. Sin embargo, al reunirse para hablar de lo sucedido y proponer soluciones a la crisis, nuevamente se encuentran saltando las rejas de la universidad para poder escapar de la brutalidad policial desatada luego de sonada la sirena de evacuación de la universidad. De nuevo la UPN se cierra y esta vez se mantiene así indefinidamente. Ante esto los estudiantes han mantenido su cabeza en alto, exigiendo, de diversas formas, la reapertura inmediata de la UPN y llamando a las otras universidades públicas de Bogotá al apoyo solidario.

Las mentiras de Ibarra continúan

El pasado viernes al encontrar cerrada la universidad los estudiantes se encontraron con un pronunciamiento de las directivas que los señala como únicos responsables de los hechos violentos en la universidad y que indicaba que las directivas de la universidad no iban a dialogar bajo ningún tipo de presión. Esa tarde se reuniría el Consejo Académico de la institución, donde, de entrada, se dilucidó la actitud que se tomaría respecto a los estudiantes: “ud. no es bienvenida, si fuera por mí no la dejaba entrar a este consejo, pero la ley me obliga”, fueron las primeras palabras que Ibarra dirigió a la representante de los estudiantes. Durante el resto de la sesión este individuo centró todo su discurso tratando de ubicar como único problema de la universidad a los estudiantes, tergiversando los hechos e irrespetando la opinión de profesores y decanos miembros de éste órgano colegiado.

Las mentiras han llegado incluso a los medios de comunicación que, además, han rehuido a difundir los hechos de la UPN y se han mantenido al margen. El jueves el periódico El Tiempo titulaba en una pequeñísima nota “Disturbios en la Pedagógica” cuando nunca hubo tales disturbios ni enfrentamientos entre los estudiantes y la policía, pareciendo ser su única fuente de información la rectoría de esa casa de estudios.

¿Qué hacer?

Ante la actual oleada de represión contra la Universidad Pública, llamamos a todos nuestros lectores a unirse en torno a una campaña por la autonomía de nuestras universidades, por la no intervención de la policía en los asuntos meramente universitarios, porque se respete el espíritu deliberativo y crítico de la comunidad y el carácter de la Universidad como espacio reflexivo de debate académico y de discusión científica. Llamamos a exigir a las directivas de la UPN el respeto por la declaración de la UNESCO sobre la resolución de los problemas internos de la universidad precisamente entre los universitarios sin ningún tipo de intervención externa, el cambio de la empresa de vigilantes y al desarme de los mismos, la desactivación del aparato represivo semicarcelario que se intenta implantar en el campus, la búsqueda de una solución viable y en condiciones de dignidad a la problemática de los estudiantes-vendedores y la reapertura inmediata del campus universitario acompañada de un amplio proceso de discusión sobre los problemas reales de la UPN que permitan sacarla de la crisis en la que se encuentra.

Demostremos a Óscar Ibarra que los estudiantes de la UPN no están solos y que la lucha por defender nuestra Universidad Pública nos involucra a todos.

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