Categoría: Derechos humanos

  • La tierra para soja, maíz y cerdo, el despojo para los Sikuani

    El pueblo indígena Sikuani resiste en medio de un paisaje devastado. En las sabanas del Meta, donde antes abundaban los morichales, los ríos y la vida, hoy dominan los cultivos mecanizados de soya y maíz, y las granjas industriales de cerdo. Lo que alguna vez fue territorio ancestral se ha convertido en escenario de despojo, contaminación y desplazamiento. Detrás del avance de empresas como Aliar-Fazenda y las colonias menonitas, persiste una historia de racismo, impunidad y violencia que amenaza con el exterminio físico y cultural de los pueblos más antiguos de la Orinoquía colombiana.

    Lea la investigación completa:

    * Esta historia hace parte de una investigación de El Turbión, realizada con el apoyo de Global Exchange y del Fondo para Reportajes sobre Animales y Biodiversidad de Brighter Green, y forma parte de una serie que documenta cómo la violencia, la concentración de la tierra y el ecocidio amenazan la supervivencia física y cultural del pueblo Sikuani.


    En reconocimiento al compromiso del equipo de El Turbión con la integridad y la excelencia en el periodismo, el medio ha obtenido la Certificación de la Iniciativa de Periodismo Confiable, promovida por Reporteros sin Fronteras con la norma internacional CEN CWA 17493:2019.

  • Barrulia: from living on 58,000 hectares to inhabiting a sports centre

    By: Camila Ramírez

    In the Colombian Orinoquía region, 300 kilometres from Bogotá, the Sikuani indigenous community of Barrulia, in Puerto Gaitán, Meta, has been demanding recognition of its ancestral territory for decades, but the state has denied protection measures and violated their rights. Now they face the dispossession and deforestation of their lands by Mennonite foreign religious groups[MM1] , a threat that puts the Sikuani people at high risk of physical and cultural extermination.

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  • Barrulia: de vivir en 58 000 hectáreas a habitar en un polideportivo

    Por: Camila Ramírez

    La comunidad indígena Sikuani de Barrulia, en Puerto Gaitán, Meta, lleva décadas exigiendo el reconocimiento de su territorio ancestral. El Estado ha negado medidas de protección y vulnerado sus derechos, y ahora enfrentan el despojo y la deforestación de sus tierras por parte de la comunidad menonita extrajera, una amenaza que aumenta el ya alto riesgo de exterminio físico y cultural del pueblo Sikuani.

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  • Carranza’s Dead Hand Behind Aliar-Fazenda and the Mennonites in Meta

    By: Andrés Gómez

    Land dispossession, violence, and ecocide have marked the history of the Sikuani people since 1940. Armed clashes, forced displacement, and massacres carried out by the army, guerrillas, and settlers paved the way for control of their ancestral territories. But it was under the shadow of emerald miner war lord and paramilitary Víctor Carranza that thousands of hectares were finally seized.

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  • La Mano Muerta de Carranza detrás de Aliar-Fazenda y los Menonitas en el Meta

    Por: Andrés Gómez

    El despojo de tierras, la violencia y el ecocidio han marcado la historia del pueblo Sikuani desde 1940. Enfrentamientos armados, desplazamientos forzados y masacres impulsadas por el Ejército, guerrillas y colonos allanaron el camino para el control de sus territorios ancestrales. Pero es bajo la sombra del esmeraldero y paramilitar Víctor Carranza, que miles de hectáreas fueron finalmente arrebatadas.

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  • Violencia contra las mujeres: protocolos de papel contra pactos de hombres

    Por: Javier Arturo Martínez*

    En marzo de 2025, un grupo de contratistas y funcionarios del ministerio de Minas y Energía denunciaron a través de un plantón, el nombramiento de personas en cargos de decisión con señalamientos por violencia contra las mujeres, pero las voces de las víctimas no fueron escuchas y al ver ratificadas a las personas en sus cargos las denunciantes salieron de la entidad.

    La protesta de marzo se originó por el regreso de Julián Flórez a la Dirección de Hidrocarburos, quien tiene señalamientos por acoso laboral y sexual, testimonios internos lo describen como un directivo que abre las reuniones con alusiones burlescas a las quejas en su contra. Días después, el Ministerio vinculó como asesor a Gerardo Ochoa, condenado en 2015 por violencia intrafamiliar agravada, y con un proceso de demanda por alimentos en curso. Un tercer movimiento cerró el cuadro: Daniel Augusto Elsahieh llegó a la Oficina Jurídica, pese a una denuncia pública por acoso sexual en su paso por la Unidad de Protección Nacional (UNP), testimonios internos hablan de un clima de intimidación con sus escoltas, quienes son más vistosos que los del propio Ministro.

    Las respuestas del Ministerio

    Ante estas situaciones, El Turbión radicó un derecho de petición el 16 de mayo de 2025 para conocer criterios de nombramientos y medidas frente a estas denuncias; el 4 de junio el Ministerio respondió bajo el Radicado 2-2025-020022.

    Para el caso Flórez, afirmó: “sin fallo sancionatorio vigente y sin inhabilidad”, e informó que su cargo es de libre nombramiento. Para el caso de Ochoa sentenció que: “no existe sentencia ejecutoria ni medidas que impidieran su ingreso” pese a la condena de 2015. Y para el caso de Elsahied aseguró que no hubo notificación de autoridad competente: “las referencias mediáticas por sí solas, no constituyen una prueba”.

    La respuesta también enumeró ocho denuncias entre el 2022 y el 2025 bajo reserva, las cuales tienen medidas como: cambios de supervisor, separación temporal, apoyo psicosocial y capacitaciones.

    Tras el plantón de marzo, el ministerio anunció jornadas formativas y de apoyo a las mujeres. En efecto ha difundido afiches, volantes y otras piezas comunicativas promoviendo un pacto por la eliminación de las violencias de género, al tiempo que impulsa una política amigable con las mascotas en las oficinas y divulga mensajes institucionales sobre la transición energética.

    La violencia contra las mujeres, si bien aparece en la comunicación interna de la entidad, no tiene relevancia específica y se pierde en medio de los otros temas, lo que la hace aparecer como un punto más en la agenda informativa.

    Dayra Santacruz, neuropsicóloga y pedagoga social, fundadora de la Red de Psicólogxs Feministas Colombia, sostiene que tener jornadas de sensibilización, rutas de atención y protocolos al interior de las entidades del Estado no equivale a contar con un sistema protector, al respecto señala:

    “Muchos de estos protocolos son genéricos, burocráticos y no incorporan un análisis de poder. No tienen en ninguna parte un enfoque feminista y de género. De igual manera, creería que también falta protección a las denunciantes. […] estos protocolos en el papel enseñan un aprendizaje perverso, y es que la norma existe sólo como trámite, no como una garantía”.

    El pacto entre hombres

    Acoso – Por: cj_dsgn

    Una de las participantes en la protesta de marzo, Ana Mercedes** resumió el efecto:

    “quienes participaron salieron, las víctimas también; el entorno no ofreció condiciones para seguir”.

    Según su relato, el patrón se repite en otras entidades del gobierno:

    “Tengo amigas abogadas en otras entidades como el Ministerio de la Igualdad y en el Distrito, donde también pasa que institucionalmente revictimizan a las víctimas al desconocer sus denuncias o reclamos.”

    Ésta práctica de violencia se extiende desde la cúpula del gobierno nacional hasta las direcciones misionales de ministerios e institutos y unidades administrativas, según declaraciones como las del Presidente de la República, Gustavo Petro, cuando Juanpis González le preguntó por Hollman Morris, director de RTVC, y en el Ministro de Interior por Armando Benedetti, quienes tienen denuncias por presuntas violencias basadas en género:

    “no es un asunto de creer… no puedo manejar el Gobierno por creencias”, dijo el presidente.

    Este enfoque reduce un nombramiento a un fallo judicial y desplaza el deber de prevención, protección y no repetición, lo que termina en protocolo de papel.

    Dayra Santacruz expresa que en contextos donde los denunciados son figuras poderosas, el riesgo se multiplica aún más, y agrega:

    “La denuncia en contextos patriarcales se convierte en una práctica de resistencia que desafía normas tácitas de obediencia por eso tiene tanto costo, porque amenaza el pacto de silencio que protege a los hombres en el poder. […] vemos cómo la estructura mediática, política y judicial educa a la sociedad en la desconfianza hacia las mujeres y en la normalización del descrédito de sus voces”.

    Si no se identifica el riesgo, ni se hacen investigaciones que expongan el impacto de trabajar bajo acoso en las entidades, los pactos de hombres y la ausencia de rutas que protejan el empleo de quien denuncia, seguirán siendo constantes que llevan a las mujeres a renunciar; lo que muestra que el hablar tiene un costo laboral y político excesivo para las mujeres.

    Sobre esto, Dayra Santacruz explica que denunciar significa exponerse a represalias, aislamiento social, pérdida de proyectos vitales y manifiesta:

    “El costo psicológico es alto, ya que es producto de una cultura institucional patriarcal que no protege sino que abandona, la consecuencia clínica más grave, por ejemplo, es la internalización de la culpa y la resignación, que perpetúan los ciclos de violencia”.

    Las consecuencias no solo son el sufrimiento sicológico en las víctimas o la disminución de productividad y confianza en las instituciones, según la OIT el acoso sexual dificulta el acceso de las mujeres a trabajos de alto nivel y buenos salarios, tradicionalmente dominados por los hombres.

    Ana Mercedes* lo resume en una frase:

    “Espacios como este Ministerio, y otros del Estado, no son seguros para las mujeres”.

    Se puede resumir que el pacto entre hombres opera de la siguiente manera: las denuncias se archivan, se hacen ascensos/contrataciones beneficiando a denunciados bajo la ausencia de fallos, y en medio de silencios administrativos se acallan la voz y credibilidad de las víctimas.

    De este modo la pregunta ya no es si existe violencia contra las mujeres en las instituciones estatales, sino de qué manera impedir que el Estado siga reforzando las estructuras que sostienen a los agresores a expensas de la salud mental de las víctimas, la credibilidad en las instituciones en momentos de cambios políticos y la ralentización del acceso de las mujeres a cargos de alto nivel.

    Qué falta

    La Violencia Basada en Género en MinMinas es un «asunto más» – Por: Javier Martínez

    La Organización Internacional del Trabajo (OIT) recomienda integrar el “Acoso Sexual” como un factor de riesgo psicosocial que se evalúe junto con otros riesgos y que incluya medidas preventivas que favorezcan una ambiente de trabajo saludable, respetuoso y que fomente la igualdad entre mujeres y hombres, e indicadores de salud que: “permitan la identificación del riesgo a través de la vigilancia de la salud, especialmente en las encuestas y exámenes de salud.”

    Para romper el pacto patriarcal contra las mujeres tal vez se necesita más. Dayra Santacruz expresa que es prioritario que las instituciones “transformen su rol pasivo o cómplice en uno activamente protector, preventivo y reparador”, indica:

    “protección integral, debe haber unas medidas para evitar represalias laborales, que haya una prohibición de retaliaciones, unas sanciones administrativas y disciplinarias reales, apoyo económico temporal si la denunciante pierde el empleo, las garantías de que va a estar bien y de que su proyecto de vida no se va a ver estancado ni afectado”

    Radha Kumar, académica india afirma en este sentido que el Estado no es un árbitro neutral, sino que está implicado en la producción y reproducción de la violencia de género a través de sus leyes, políticas y prácticas, que reflejan y refuerzan estructuras patriarcales. Su análisis permite describir al Estado colombiano, en tanto produce y reproduce violencias de género con nombramientos, protocolos y silencios.

    Y es que el libreto no es exclusivo del sector minero, ni de este gobierno. El 9 de enero de 2018 la periodista Claudia Morales aseveró que un jefe de años atrás la habría violado y aunque nunca nombró al perpetrador las sospechas recayeron en el expresidente y hoy condenado por por fraude procesal y soborno, Álvaro Uribe Vélez.

    Desde la perspectiva de Dayra Santacruz y la Red de Psicólogxs Feministas en Colombia es necesario un trabajo a nivel de la sociedad:

    “se tendría que hacer una pedagogía activa, se requiere un cambio cultural sostenido que enseñe a la sociedad que la violencia contra las mujeres no es tolerable ni justificable, que esto no es normal.”

    Y es que la escena se repite en distintos oficios y profesiones. Demasiados hombres convierten el vínculo laboral en llave sexual, el cuerpo lo imaginan como peaje y el pacto del machismo blinda toda esta dinámica. Así, la urgencia no es solo denunciar el pacto patriarcal, sino desmontarlo desde adentro de las instituciones para que dejen de blindar a los agresores y se proteja a las víctimas.


    En reconocimiento al compromiso del equipo de El Turbión con la integridad y la excelencia en el periodismo, el medio ha obtenido la Certificación de la Iniciativa de Periodismo Confiable, promovida por Reporteros sin Fronteras con la norma internacional CEN CWA 17493:2019.

  • The Coal Embargo on Israel That Never Was

    On May 20, 2025, the United Kingdom announced it would suspend its Free Trade Agreement with Israel and negotiate a new one. The next day, the President of Colombia praised the British people, writing: “I congratulate the UK for its dignified decision against genocide. Now Colombia invites all of Latin America to denounce free trade agreements with Israel. One does not trade with genocidal states.” However, Colombia has not completely ended its commercial relations with Israel, despite President Petro’s statements a year ago announcing the severance of relations with the Zionist government led by the genocidal Benjamin Netanyahu, and a halt to all thermal coal exports to Israel due to the Palestinian genocide.

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  • This house overwhelms me and no one is grateful

    By: Camila Ramírez

    In Bogotá, thousands of women have had to postpone their personal, academic, and professional projects indefinitely in order to take on—by social mandate—unpaid care work in the home, community, and society. This is nothing new, of course. Entire generations of women have dedicated their lives to care work without economic or social recognition.

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  • La casa agobia y nadie agradece

    Por: Camila Ramírez

    En Bogotá, miles de mujeres han tenido que posponer indefinidamente sus proyectos personales, académicos y profesionales para asumir, por mandato social, las labores de cuidado no remuneradas del hogar, la comunidad y la sociedad. Esta realidad no es nueva, generaciones enteras de mujeres han dedicado sus vidas al trabajo de cuidado sin reconocimiento económico ni social.

    Myreya Jiménez, madre y residente de la localidad La Candelaria, expresa la realidad que comparten muchas mujeres de la ciudad de Bogotá:

    Todo el tiempo estamos cuidando, todos los días se vive para el cuidado. […] Todas las mujeres tenemos el estigma de que nosotras solo cuidamos, y es gratis.

    Las labores del hogar se extienden desde las primeras horas del día hasta altas horas de la noche y son fundamentales para el funcionamiento de la vida cotidiana, tanto en el ámbito doméstico como en el social y económico. Pese a su importancia, este trabajo sigue siendo invisibilizado y carece de una remuneración y reconocimiento cultural en el país.

    Blanca Diva, de 51 años, madre y durante años dedicada a las labores del hogar, divide su experiencia como cuidadora en dos etapas: primero el cuidado de sus hijos y ahora el de su madre. En ambas, ha visto cómo el desgaste emocional del cuidado se traduce en afectaciones a su salud.

    Soy cuidadora de mi madre con discapacidad desde que tuvo tuberculosis meníngea en 2023. Sus cuidados son de tiempo completo. Salía a las 7 AM de mi casa y regresaba a las 7 PM, siempre agotada. El estrés crónico me provocó fibromialgia. Cuando no duermes, todo tu sistema inmunológico colapsa.

    Así lo reafirma Ana Victoria, una mujer dedicada al cuidado desde temprana edad y habitante de la localidad de Santa Fe. «Llevo siendo cuidadora desde los 7 años. Empecé cuidando a mis hermanitos y ocupándome de la casa porque mis padres trabajaban. Luego formé un hogar y cuidé a mis hijos, y ahora, más recientemente, me he encargado del cuidado de mis nietos».

    Infografía: Jalver Uyaban

    Según el relato de Ana Victoria, esta experiencia marcó profundamente su infancia, ya que desde niñas muchas mujeres se ven obligadas a asumir responsabilidades propias de personas adultas, no por elección, sino porque social y culturalmente se espera que contribuyan al trabajo del hogar.

    Gran parte de estas mujeres pertenecen a los estratos 1, 2 y 3, lo que agrava su vulnerabilidad. En la ciudad de Bogotá la pobreza y la desigualdad en la distribución del trabajo de cuidado refuerzan las condiciones precarias en las que sobreviven. Los datos de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) de 2020-2021 son decisivos:

    Infografía: Jalver Uyaban

    Aliviar la carga de las mujeres cuidadoras

    Manzana del cuidado «Manitas Cuidad Bolívar» – Foto: Camila Ramírez

    Pese a la existencia de la Ley de Economía del Cuidado, Ley 1413 de 2010, y aunque esta normativa nacional marcó un hito al reconocer el trabajo de cuidado no remunerado y su aporte a la economía del país, las cuidadoras bogotanas consideraron que esta medida era insuficiente para atender las demandas de su día a día. Frente a esto, colectivos de mujeres en la capital han alzado la voz para exigir políticas públicas dirigidas específicamente a las mujeres que realizan labores de cuidado en la ciudad.

    Tras años de presión de organizaciones feministas y colectivos de mujeres, Bogotá implementó en 2020 el Sistema Distrital de Cuidado, un modelo pionero en América Latina por reconocer el trabajo no remunerado. Su consolidación llegó con el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) 2022-2035, que lo incorporó como eje estratégico para reducir las desigualdades urbanas que recaen, históricamente, sobre las mujeres cuidadoras.

    Sharon Figueroa hace parte del equipo técnico de apoyo de la Comisión Intersectorial del Sistema Distrital de Cuidado. Ella destaca una de las principales fortalezas del sistema:

    La potencia del Sistema Distrital de Cuidado radica en que trabaja con un proyecto de ciudad. […] Está diseñado y enfocado en las mujeres que realizan trabajos de cuidado, pero también en las personas que lo requieren. Tiene una perspectiva de género, pero además atiende a población como niñas, niños, personas con discapacidad y personas mayores.

    Reconociendo la necesidad de apoyar a las personas cuidadoras, en su mayoría mujeres, Bogotá creó las Manzanas del Cuidado. Esta estrategia se convirtió en la piedra angular del Sistema Distrital de Cuidado, un modelo innovador que busca transformar la ciudad mediante la corresponsabilidad urbana con enfoque de género.

    Las Manzanas del Cuidado son espacios estratégicamente ubicados en la ciudad que ofrecen servicios gratuitos para reducir la carga del trabajo de cuidado no remunerado. En estos centros, las cuidadoras, principalmente mujeres, pueden acceder a múltiples beneficios como: culminación de educación básica y media, programas de formación, espacios para descansar y ejercitarse, además de asesoría jurídica y psicológica.

    Este innovador modelo busca no solo apoyar a las cuidadoras, sino también liberar su tiempo mediante la concentración de diversos servicios en un mismo lugar. A través de sus servicios, buscan: reducir el tiempo dedicado a labores domésticas; brindar oportunidades para el desarrollo personal y profesional de las cuidadoras; facilitar el acceso a redes de apoyo comunitario; y ofrecer formación en derechos y autonomía económica. Este modelo representa un avance significativo en la corresponsabilidad social del cuidado.

    Sharon explica los criterios para establecer y fortalecer las Manzanas del Cuidado, incluyendo la aplicación de un índice de priorización. Este instrumento incorpora un completo análisis sociodemográfico de los territorios que permite identificar las zonas con mayor necesidad de estos servicios.

    La feminización de la pobreza es una de las principales cuestiones a reflexionar. Se evalúan factores como los índices de violencia de género, el porcentaje de mujeres dedicadas al trabajo de cuidado no remunerado y la oferta de servicios existentes en las localidades. Estos insumos surgen de un diagnóstico territorial integral, que luego devienen en un índice de priorización.

    Actualmente, Bogotá cuenta con 25 Manzanas del Cuidado distribuidas en espacios públicos de la ciudad. Las Manzanas, están ubicadas en Centros de Desarrollo Comunitario (de la Secretaría de Integración Social), Casas de Participación, Casas de Juventud, Centros Felicidad (CEFE) y SuperCADE, estos espacios existentes fueron seleccionados y readaptados en diversas localidades para ofrecer servicios con enfoque de género, optimizando recursos en beneficio de las mujeres cuidadoras y sus familias.

    La meta a largo plazo es expandir la red a 45 Manzanas del Cuidado, asegurando entre una y dos por localidad. Como explica Sharon Figueroa:

    Nuestro objetivo es llevar el modelo de Manzanas del Cuidado y el Sistema Distrital a toda Bogotá. Para 2035, mediante una priorización territorial estratégica, alcanzaremos las 45 unidades planeadas.

    Foto: Secretaría de la Mujer

    El sostenimiento de las Manzanas del Cuidado se basa en acuerdos que garantizan su funcionamiento y permanencia en los barrios. Un ejemplo clave es el Convenio Interadministrativo 913 de 2021, cuyo objetivo es articular servicios intersectoriales con entidades como las secretarías de Salud, Integración Social, Educación, Desarrollo Económico, Cultura, Recreación y Deporte, Ambiente, Gobierno y Planeación, entre otras. Cada una de estas instituciones aporta recursos y servicios específicos para el mantenimiento de las Manzanas del Cuidado.

    La Secretaría Distrital de la Mujer actúa como institución líder y transversal, coordinando la articulación entre las entidades distritales involucradas. Además, es responsable de la contratación del personal encargado de la operación diaria de las Manzanas del Cuidado, que incluye profesionales como el equipo técnico, las coordinadoras, las duplas psicojurídicas, las formadoras y otros perfiles clave. En este proceso, se prioriza la selección de mujeres con enfoque de género y conocimiento territorial, garantizando así una atención integral a las necesidades de las cuidadoras y sus familias.

    Además, las mesas locales del Sistema Distrital de Cuidado se han consolidado como un mecanismo clave para implementar en los territorios las decisiones de la Comisión Intersectorial y la Unidad Técnica de Apoyo (UTA), conformada por entidades distritales. Estos espacios de participación han facilitado tanto la identificación de las necesidades comunitarias como el abordaje de los desafíos que enfrentan las mujeres bogotanas en materia de labores de cuidado.

    Sandra Ausique es la coordinadora de la Manzana del Cuidado en el Centro de Bogotá, espacio que atiende a las localidades de La Candelaria y Santa Fe. En su rol, explica cómo se realiza el proceso de articulación para llevar los servicios de cuidado a los diferentes barrios:

    La UTA (Unidad Técnica de Apoyo) es la instancia principal del Sistema Distrital de Cuidado, donde las secretarías definen qué servicios ofrecerán en cada manzana. De allí surgen las mesas locales, que nos permiten junto con la comunidad, verificar que los compromisos y los servicios se estén desarrollando y que sí le estemos llegando a las mujeres cuidadoras.

    Como coordinadora de la Manzana del Cuidado, Sandra Ausique resalta el papel fundamental de la Unidad Técnica de Apoyo (UTA) y las mesas locales, mecanismos que permiten evaluar los servicios existentes y crear nuevos. Un ejemplo concreto es ‘El Arte de Cuidarte’, iniciativa surgida de este proceso participativo de evaluación y creación colectiva. Explica que:

    «El Arte de Cuidarte», un programa de la Secretaría de Integración Social que nació al identificar que muchas mujeres asistían a la Manzana del Cuidado acompañadas de sus hijos e hijas. Para facilitarles el acceso a los servicios, se creó este espacio donde los menores quedan al cuidado de profesionales, permitiendo que las madres participen en las actividades con tranquilidad.

    Las Manzanas del Cuidado revelan el impacto transformador de las mujeres cuidadoras. A través de sus diversos servicios y programas de formación, han fortalecido significativamente su autonomía y desarrollo personal. La experiencia de estas mujeres refleja un claro empoderamiento y crecimiento, como lo expresa Blanca:

    Me impresionó que la publicidad estuviera tan enfocada en las mujeres. Eso no se veía antes, ¿no? Al menos aquí en Bogotá, en Colombia… Luego empezamos a notar que eran espacios donde asistían muchas mujeres, y resultaba muy bonito encontrarse con otras ahí. Los espacios de charlas y formación son maravillosos.

    Un respiro para las mujeres: autonomía y empoderamiento

    Entre las actividades más valoradas por las cuidadoras se destacan las de actividad física, que abarcan desde ejercicios terapéuticos hasta yoga, sesiones de danza y la escuela de la bici. Ana Victoria, usuaria de la Manzana del Cuidado del Centro, lo narra con entusiasmo:

    Yo no sabía montar bicicleta, tengo 65 años y eso para mí era impensable, el día que aprendí, lloré de alegría. […] Han sido cosas muy satisfactorias para mí, porque he despertado más mi motivación y también me he liberado de muchas cargas, ahora realmente estoy haciendo lo que me encanta.

    Escuela de la Bici – Foto: Camila Ramírez

    El acceso a los diferentes servicios ha permitido que las mujeres comprendan la importancia de su propio cuidado y de continuar con sus estudios, aspiraciones y sueños. Sandra Ausique, destaca, el impacto positivo que tiene para las mujeres culminar la educación secundaria. Sobre esto, señala:

    Recibir el título de bachiller es algo muy significativo para ellas, las empodera y les permite soñar nuevamente. Ha sido una experiencia muy gratificante […] Muchas mujeres llegan con historias de vida difíciles, pero la oportunidad de terminar el bachillerato les brinda felicidad y una nueva perspectiva para su futuro.

    Ana Victoria, a pesar de su edad, se ha motivado a explorar nuevas actividades. Asiste los sábados al Colegio de La Concordia, equipamiento complementario de la Manzana del Cuidado del Centro, donde participa en el servicio de educación flexible. Sobre su motivación para culminar sus estudios, comparte:

    Desde hace dos años estoy cumpliendo mi sueño de terminar el bachillerato. La Manzana del Cuidado me dio esta oportunidad. Ahora estoy en décimo grado y ha sido una experiencia maravillosa. He aprendido muchas cosas, pero la más importante: debo quererme a mí misma. Primero yo, segundo yo, yo como prioridad.

    Al igual que Ana Victoria, Carmen Rodríguez, de 69 años, es participante del programa de educación flexible en la Manzana del Cuidado Manitas en Ciudad Bolívar. Durante años, dos factores interrumpieron su formación académica y laboral: su discapacidad múltiple y las responsabilidades de cuidado familiar. Ella narra su experiencia:

    Abandoné mis estudios por mi discapacidad y por dedicarme al cuidado de mis hijos y nietos. Ahora, he vuelto a estudiar. Yo asisto a educación flexible, estoy validando bachillerato. Incluso me animé a tomar cursos de sistemas, trapillo y tejido. Asisto siempre que puedo, porque esto se ha convertido en mi motor de vida.

    Carmen asiste acompañada de su hija, quien se ha convertido en un apoyo fundamental. «Cuando estoy con mi hija las actividades no se me hacen tan difíciles, pero sin ella me siento desanimada”. Además, Carmen explicó que: “es complicado tener que explicarle a los demás sobre mi discapacidad».

    Infografía: Jalver Uyaban

    Para Myreya Jiménez, usuaria de la Manzana del Cuidado del Centro, los libros se han convertido en una herramienta clave para su crecimiento personal. A través de la lectura, no solo ha redescubierto su valor como mujer, sino que también ha fortalecido su autonomía. Así relata su transformación:

    Yo agradezco mucho a la sala de lectura, los libros llegaron para fortalecer mi autoestima, reforzar ese poder mío, esas cualidades mías que las tenía, pero ni siquiera me las había visto, yo misma. Se me ha quitado ese miedo de hacer cosas por mi autonomía.

    Las Manzanas del Cuidado han transformado gradualmente la vida de las mujeres cuidadoras, ofreciéndoles no solo oportunidades formativas, sino un espacio donde se sienten reconocidas y valoradas. Ingrid Carvajal, coordinadora de la Manzana del Cuidado Manitas, explica:

    La participación femenina aumenta constantemente. Las mujeres se empoderan al encontrar aquí diversas actividades formativas, información sobre sus derechos, y lo más valioso, un espacio para el desahogo y el respiro.

    Fortalecer el reconocimiento y las redes de apoyo

    Charla «El valor del cuidado» – Foto: Camíla Ramírez

    La sobrecarga física, emocional y la invisibilidad social afectan profundamente a las mujeres cuidadoras, manifestándose en un alto índice de enfermedades tanto físicas como psicológicas. Angie Sánchez, psicóloga del equipo de duplas psicojurídicas de la Manzana del Cuidado Manitas en Ciudad Bolívar, explica esta problemática:

    Ellas hablan de esa sobrecarga, por las horas que implican los cuidados, nos damos cuenta que eso trae consecuencias a nivel físico, que hay enfermedades psicosomáticas, una gran cantidad de mujeres presentan fibromialgia, artritis, estrés crónico, síndrome del cuidador quemado, que están íntimamente relacionados con su estado emocional.

    Esta problemática de salud está estrechamente vinculada, por un lado, con la histórica invisibilización del trabajo de cuidado y, por otro, la falta de espacios dedicados a las mujeres cuidadoras. Angie Sánchez, desde su experiencia en consulta, ha identificado múltiples necesidades no atendidas:

    Una de las necesidades más grandes es la necesidad de espacios de escucha, porque la mayoría de personas cuidadoras están en el rol de cuidar todo el tiempo y de alguna manera se desdibuja como el espacio de desahogo. También necesidades de atención en salud, necesidades de tiempos de descanso y respiro, necesidades para tener también espacios de formación.

    Blanca, usuaria de la Manzana del Cuidado en Juan Rey, recuerda cómo durante los años que dedicó al cuidado de sus hijos experimentó pérdida de sueño y un agotamiento constante. Hoy comprende que este desgaste estaba ligado a situaciones de violencia física y psicológica.

    Por tantos inconvenientes emocionales en la convivencia con el papá de mis hijos, yo no dormía lo suficiente y hasta desarrollé gastritis crónica. Ahora me doy cuenta de que todo era producto de esa emocionalidad tan terrible que cargaba, tanto resentimiento acumulado, […] cuando recibes golpes, cuando te ves humillada y sientes tu dignidad pisoteada.

    La mayoría de las mujeres llegan a las consultas de las duplas psicojurídicas por diversas problemáticas: desde la exigibilidad de derechos ante las EPS para sus familiares a cargo, hasta la búsqueda de ayuda para interponer denuncias por temas como alimentos, violencia física y psicológica. Sin embargo, la principal demanda entre las mujeres cuidadoras es la posibilidad de ser escuchadas. Angie Sánchez destaca la importancia de estos espacios de escucha.

    Es muy transformador el ejercicio de desahogo y de escucha, porque que ellas sienten que es un espacio seguro que no estamos cuestionando lo que ellas están contando, su relato es importante, que es un espacio de confianza, pero sobre todo que nosotras también podemos hacer parte de esa red de apoyo que ellas requieren.

    El ejercicio de escucha le salvó la vida a Blanca y la motivó a buscar soluciones para los problemas de salud tanto de ella como de su madre. Ella asegura que, en las consultas psicojurídicas y los foros para mujeres cuidadoras, encontró empatía, escucha activa y la motivación que necesitaba.

    Al ver a mi mamá en la cama cada día, pensé: ‘Esto mismo vivirán mis hijos por mi fibromialgia’. Esos cuestionamientos me llevaron a querer liberarlos de mi enfermedad. En una cita con la dupla, cuando confesé: ‘Me quiero morir’, ella me preguntó: ‘¿En verdad quiere morir, o solo no le halla sentido a su vida?’. Esa pregunta me hizo reflexionar. Al terminar, entendí: Sí quiero vivir, pero debo encontrarle sentido a mi vida, y trabajaré en eso.

    Para Blanca y otras mujeres, las consultas con las duplas psicojurídicas les han permitido adquirir herramientas tanto jurídicas como psicológicas. En el caso de Blanca, ella asegura que, durante años, intentó buscar apoyo en la EPS y otras entidades del Estado, pero resultaba imposible acceder a ciertos servicios, y las herramientas ofrecidas eran limitadas. Además, agregó:

    Aquí encontré una atención pensada para nosotras, para las mujeres. Cuando asisto a una charla o una consulta, encuentro empatía, todo lo contrario que en la EPS, donde me encuentro con una funcionaria que me ve como una estadística más, un número más.

    Estas redes de apoyo no solo han brindado herramientas jurídicas y psicológicas, sino que también han impulsado a mujeres como Yesenia Martínez a asumir roles activos en su propia comunidad. Gracias al acompañamiento de las Manzanas del Cuidado, algunas participantes han dado un paso más allá, convertirse en funcionarias del programa. Yesenia, de 31 años, lo demuestra al relatar:

    Fui cuidadora de mi hijo desde los 16 años, fui mamá joven, pero antes de eso nosotros somos once hermanos y yo como mujer debía ayudar en casa. […] antes de llegar al espacio de la Manzana del Cuidado yo creía que mi destino, era trabajar, cuidar, salir adelante con mi hijo y ya.

    El programa no sólo le proporcionó apoyo psicosocial y capacitación digital, sino que le ofreció un empleo, permitiéndole romper con el ciclo de cuidados no remunerados desde sus 16 años. Hoy, Yesenia transforma su experiencia personal en acompañamiento para otras mujeres, guiándolas desde su propio testimonio.

    Llegué a La Manzana, terminé mi bachillerato y por primera vez me sentí escuchada y valorada. Aprendí herramientas ofimáticas -que no conocía porque en mi colegio no había computadores- y aunque lloraba cada día durante mi tecnólogo en mercadeo por mi falta de conocimiento, lo logré. Cuando me seleccionaron para trabajar aquí ni lo podía creer […] y hoy, mientras termino mi carrera profesional, uso mi historia para mostrarles a otras mujeres que sí se puede. Que es el inicio de un camino donde se pueden lograr muchas cosas.

    El testimonio de Yesenia permite entrever que la descentralización impulsa un modelo de ciudad más equitativo, donde los servicios ofrecidos por las Manzanas del Cuidado dejan de concentrarse en zonas específicas para extenderse a distintas localidades. Así, se promueve la equidad territorial y se garantiza que todas las cuidadoras, independientemente de su ubicación, accedan a oportunidades de desarrollo.

    Impactos alcanzados y desafíos pendientes

    Manzana del cuidado Centro – Foto: Camíla Ramírez

    Bogotá se ha posicionado como referente en políticas de cuidado, con un Sistema Distrital pionero en América Latina por su enfoque de género. El éxito de este modelo ha traspasado fronteras: a nivel nacional, ciudades como Cúcuta (Norte de Santander) ya exploran su implementación; mientras que, a escala regional, países como Brasil han visitado las Manzanas del Cuidado para replicar este esquema adaptándolo a sus realidades locales.

    Si bien el Sistema Distrital de Cuidado y las Manzanas del Cuidado representan modelos pioneros, su implementación enfrenta algunos obstáculos. Las principales limitaciones señaladas tanto por funcionarias como por beneficiarias, son de carácter operativo y cultural, con cuatro puntos: la expansión a contextos rurales, la medición del impacto real en la redistribución del cuidado, la viabilidad financiera del sistema y la independencia económica de las cuidadoras.

    Para abordar el desafío de escalabilidad en zonas rurales, se ha implementado la estrategia de los Buses del Cuidado, cuyo objetivo es llegar a las áreas rurales más alejadas de Bogotá. Nataly Sánchez, Coordinadora de la Manzana del Cuidado Juan Rey, explica: «Son una versión móvil de las Manzanas del Cuidado, buses equipados para llevar servicios de formación y acompañamiento a mujeres y sus familias».

    Sin embargo, Nataly advierte que, aunque la infraestructura móvil resuelve el acceso físico, persisten interrogantes más complejos:

    La zona rural tiene particularidades por sus dinámicas comunitarias. Es crucial reconocer estas diferencias, son mujeres campesinas, debemos dialogar con ellas, preguntar, ¿cómo conciben el cuidado? ¿Qué significado tiene para ellas? […] Cada comunidad entiende el cuidado de manera distinta.

    El núcleo del desafío en la redistribución del cuidado, tanto en el ámbito doméstico como en el espacio público gira en torno a evaluar qué tanto ha evolucionado la distribución y las dinámicas de trabajo invisibilizado: desde la preparación diaria de alimentos y el mantenimiento de vestuario, hasta la limpieza del hogar, el cuidado constante de menores de edad, la atención a personas mayores y el apoyo especializado a personas con discapacidad.

    Entre las funcionarias del Sistema Distrital de Cuidado persiste una pregunta fundamental, tal como lo expresa Diana Munar, formadora de las Manzanas del Cuidado: «¿Hemos alcanzado realmente una distribución justa y equitativa de estas cargas de cuidado, tanto en los hogares como en la sociedad?». Además, Diana complementa:

    El reto actual es lograr que las mujeres cuidadoras redistribuyan efectivamente el cuidado. Hemos identificado que, para asistir a nuestros espacios, muchas madrugan y después de completar todos los oficios domésticos si vienen al espacio. El verdadero desafío es que logren soltar esas cargas, aunque reconocemos la dificultad, pues esto está profundamente arraigado en nuestra cultura.

    Para lograr los cambios culturales y sociales necesarios han implementado estrategias pedagógicas como «A Cuidar se Aprende» y la Escuela Hombres al Cuidado. Mientras los hombres sigan asociando el cuidado únicamente con lo femenino, no será posible avanzar en la redistribución equitativa de tareas ni en el reconocimiento del trabajo de cuidado no remunerado. Estas iniciativas, pioneras en Bogotá, buscan transformar radicalmente la concepción tradicional del cuidado. Nataly enfatiza con convicción:

    La idea es que ellas puedan soltarse y descargarse de las actividades domésticas. Pueden venir aquí a nuestras actividades, pero si al regresar a casa todo sigue igual, no estamos logrando un cambio real. Necesitamos que ellas aprendan a delegar y que los hombres se involucren más en las labores del hogar, que desarrollen una mayor comprensión de estas responsabilidades.

    La sostenibilidad a largo plazo del Sistema Distrital de Cuidado enfrenta dos desafíos fundamentales: primero, mantener la voluntad política que garantice su continuidad; y segundo, reducir las barreras económicas que afectan a las mujeres cuidadoras. Sharon expresa esta preocupación:

    Buscamos que el Sistema de Cuidado no se vaya debilitando. […] Esto empezó con la administración pasada, se posicionó, se potenció, llegó esta nueva administración, se sigue sosteniendo, sin embargo, necesitamos trabajar mucho en esa voluntad de continuar, porque las problemáticas de las mujeres cuidadoras siguen presentes, se debe reducir la barrera económica asociada a los trabajos de cuidado.

    *Este reportaje se realizó con el apoyo de la Solutions Journalism Network y la Fundación Hewlett, a través del Fondo para el Periodismo de Soluciones en Latinoamérica , una iniciativa de El Colectivo 506. El reportaje se publicó en colaboración entre El Turbión y El Colectivo 506.


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  • 1 mayo: el pueblo exige una reforma laboral digna

    Por: Andrea Umaña

    Cada 1° de mayo, Bogotá se convierte en el epicentro de una lucha que ha resistido el paso del tiempo. No se trata solo de una conmemoración, sino de una jornada de reivindicación, de resistencia y de un grito colectivo que exige cambios urgentes en las condiciones laborales del país. Este año, la convocatoria fue más que una protesta: fue una declaración de principios. Miles de personas salieron a marchar con un mensaje claro: la reforma laboral es un imperativo, no un mero debate legislativo.

    Las calles reflejaron el rostro de un país que se niega a aceptar la precarización del trabajo como norma. Madres que sobreviven jornadas agotadoras sin tiempo para ver a sus hijos, jóvenes que jamás han conocido lo que significa tener estabilidad laboral, trabajadores que han construido la nación desde la informalidad sin recibir el reconocimiento que merecen. La exigencia es simple pero vital: garantías laborales justas y dignas, porque las vidas de los y las trabajadoras merecen respeto y bienestar.

    Una reforma postergada y una nueva esperanza

    Tenemos todo por ganar – Foto: Andrea Umaña

    El camino de la reforma laboral ha estado lleno de obstáculos y contradicciones. En octubre de 2024, la Cámara de Representantes aprobó un proyecto con 81 artículos que prometían transformar las condiciones laborales del país. Sin embargo, en marzo de 2025, el Senado decidió rechazar la iniciativa, frustrando las esperanzas de miles de trabajadores y dejando en evidencia las pugnas políticas que han obstaculizado cualquier avance en esta materia.

    Este golpe fue recibido con indignación, pero también con determinación. La movilización del 1° de mayo fue un recordatorio de que la lucha no se detiene, y ante el fracaso legislativo, la consulta popular se convirtió en la alternativa. Impulsada por el presidente Gustavo Petro, este mecanismo constitucional busca darle a la ciudadanía la posibilidad de decidir sobre la reforma, permitiendo que sean las voces del pueblo las que definan el futuro laboral del país.

    Empresarios versus trabajadores: una disputa histórica

    Teatro por la diginidad obrera – Foto: Andrés Gómez

    La tensión entre trabajadores y empresarios no es nueva. Colombia ha sido un país marcado por la lucha constante entre la fuerza laboral y el poder económico. Mientras los empresarios defienden la flexibilidad laboral como un pilar del desarrollo económico, quienes trabajan a diario enfrentan condiciones de explotación, horarios abusivos, salarios insuficientes y la incertidumbre de contratos frágiles.

    El exministro de Minas y Energía, Omar Andrés Camacho Morales, lo expresó sin titubeos:

    (…) estamos luchando por una reforma laboral que el Congreso ni siquiera quiso discutir, y por eso hemos tenido que acudir a un mecanismo constitucional democrático, que es la consulta popular. Así que hoy nos movilizamos el pueblo trabajador para recuperar los derechos que nos quitó el neoliberalismo en los últimos 20, 25 años, y parte de la reforma laboral es eso, recuperar derechos que nos habían quitado.

    Esas palabras reflejan la frustración acumulada por años de políticas que han despojado a los trabajadores de beneficios esenciales. La batalla por una reforma laboral no es solo un tema económico, sino también un acto de justicia y reparación.

    Una reforma con enfoque étnico y de género

    Luz Marina Becerra – Foto: Andrés Gómez

    El respaldo a la consulta popular quedó evidenciado en la diversidad de colectivos que participaron en la movilización: comunidades indígenas, sindicatos, colectivos feministas, jóvenes y comunidades afrodescendientes. Todos con una consigna clara: En la consulta popular, a todo: SÍ.

    En un país con profundas desigualdades, la lucha laboral debe ir más allá de lo general y reconocer las realidades particulares de los grupos históricamente marginados. Luz Marina Becerra, representante legal de la Coordinación de Mujeres Afrocolombianas Desplazadas en Resistencia (Comadre), subrayó la importancia de una reforma que garantice derechos específicos a las comunidades étnicas.

    Necesitamos inclusión laboral, (…) y con la inclusión que se generen las garantías laborales, que se reconozcan las horas extra, que se reconozcan salarios dignos para nuestra población.

    Las mujeres afrocolombianas, como tantas otras trabajadoras en el país, enfrentan no solo la precarización laboral, sino también el racismo estructural y el machismo que limita sus oportunidades. La reforma no puede ser solo un cambio técnico; debe ser una herramienta de equidad que reconozca el derecho a una vida laboral digna para todas las personas, sin distinciones de género ni etnia.

    Más que una reforma: el derecho a la dignidad

    Marchas del 1 de mayo por la dignidad de los y las trabajadoras – Foto: Andrés Gómez

    La lucha por la reforma laboral no es solo un debate normativo. Es una batalla por la dignidad, por el derecho a una vida estable, por la posibilidad de trabajar sin temor a la explotación. En un país donde el empleo informal según el DANE es del 58.6% y la precariedad son moneda corriente, avanzar hacia condiciones laborales humanas es una necesidad que no puede seguir postergándose.

    La consulta popular representa una oportunidad histórica para que la ciudadanía colombiana tome las riendas de su destino laboral. No es una cuestión de partidos o de ideologías, sino de justicia social. El pueblo ha hablado en las calles. Ahora, la verdadera pregunta es si el sistema político escuchará o si seguirá ignorando los reclamos de quienes sostienen el país con su esfuerzo diario.