“Cualquier transición será insuficiente si no pone la vida en el centro”

Por: Marcela Zuluaga


Mientras gobiernos y empresas discuten el futuro de los combustibles fósiles; comunidades afrodescendientes, campesinas e indígenas insisten en que las transiciones justas parten de la defensa del territorio, la biodiversidad, la justicia climática y el bienestar de las personas. Demandan desde los andes hasta los desiertos de la guajira, que se construya con respeto por los sistemas de vida y los derechos sobre sus tierras y aguas.


Las mujeres que sostienen el territorio

Mujeres defensoras ambientales – Ilustración: cj_dsgn

Para la joven indígena quillasinga e investigadora comunitaria de Pasto, Angie Juliana Andrade Gelpud, hablar de transición más allá de los combustibles fósiles implica incluir a las comunidades que habitan los territorios y reconocer las formas en que la crisis climática afecta de manera diferenciada a mujeres, niñas y pueblos indígenas.

En este sentido, su trabajo la ha llevado a estudiar la biodiversidad y las formas en que las comunidades protegen sus territorios, y en ese recorrido, una de las preguntas que considera centrales es para quién se están diseñando las transiciones, y por ello insiste en la necesidad de sostener conversaciones participativas que involucren a comunidades indígenas, mujeres, jóvenes y organizaciones territoriales:

Escuchar a las comunidades es una condición indispensable para construir procesos legítimos y sostenibles, afirma.

Andrade llegó a la investigación comunitaria buscando comprender y defender las transformaciones que afectan a los territorios, y explica que esto no solo ayuda a explicar, sino a construir:

Permite tejer los conocimientos ancestrales con herramientas técnicas y científicas para producir información útil para las comunidades. Más que generar datos, busca fortalecer procesos organizativos, visibilizar problemáticas y construir alternativas desde los propios territorios

En su trasegar, Juliana ha entendido que las transformaciones ambientales y territoriales generan impactos diferenciados sobre mujeres y hombres:

Las mujeres suelen asumir mayores responsabilidades relacionadas con el cuidado de las familias y las comunidades. Estas cargas pueden intensificarse cuando existen afectaciones ambientales, conflictos territoriales o transformaciones económicas derivadas de proyectos extractivos o de transición energética

La investigadora también identifica desafíos asociados a la participación de las mujeres y las niñas en los espacios de decisión.

Aunque cumplen un papel fundamental en la conservación de semillas, la transmisión de conocimientos y el cuidado de los ecosistemas, muchas veces sus voces continúan subrepresentadas, afirma.

Andrade considera necesario promover soluciones que reconozcan las desigualdades pero que fortalezcan el liderazgo de las mujeres en los procesos de transición, y entre las alternativas que destaca desde los territorios, se encuentran: los sistemas agro forestales, las redes de guardianes de semillas y las iniciativas comunitarias de conservación.

Todas experiencias muestran que las transiciones también se construyen desde prácticas locales que fortalecen la soberanía alimentaria, la biodiversidad y la autonomía de las comunidades. Y como la conservación está vinculada con las formas de producción, los conocimientos ancestrales, la cultura, y las relaciones que las comunidades establecen con sus territorios. Andrade considera que las transformaciones que demanda la crisis climática no son únicamente energéticas sino sociales, económicas y políticas.

Por ello, ella llama a revisar tanto los modelos de desarrollo, como fortalecer mecanismos de participación, y así garantizar el respeto a la consulta previa y avanzar en el cumplimiento de instrumentos como el Convenio 169 de la OIT.

Cualquier transición será insuficiente si no pone la vida en el centro. Escuchar a las comunidades, fortalecer los sistemas de conocimiento propios, garantizar la participación efectiva de las mujeres y respetar los derechos territoriales son condiciones fundamentales para construir respuestas justas frente a la crisis climática, asegura

Mientras en los Andes nariñenses las discusiones sobre transición se centran en la biodiversidad, la participación y el reconocimiento de los saberes comunitarios, en La Guajira el debate adquiere una dimensión adicional marcada por décadas de extractivismo minero.

La Guajira: entre el carbón y un presente incierto

Vista aérea de la mina de Calenturitas en Cesar. Del lado izquierdo se ve parte de lo que queda del bosque tropical seco en la zona y del lado derecho uno de los pozos de extracción de carbón. Al fondo se ven estacionadas numerosas máquinas de minería.
El corredor minero de Cesar y La Guajira ha soportado cuatro décadas de daños ambientales por la extracción de carbón.

En La Guajira, las comunidades que conviven con la mina El Cerrejón, denuncian décadas de despojo por el extractivismo y temen que no se reparen los daños socioambeintales. Por su parte, los trabajadores del carbón advierten sobre una transición energética sin altEn La Guajira, las comunidades que conviven con la mina El Cerrejón, denuncian décadas de despojo por el extractivismo y temen que no se reparen los daños socioambientales. Por su parte, los trabajadores del carbón advierten sobre una transición energética sin alternativas claras para ellos.

Así, entre las demandas locales por soluciones ante el despojo, y la incertidumbre laboral, ambas tensiones revelan que el fin del carbón no solo se limita a un debate ambiental, sino también a resolver problemas sociales y económicos de las comunidades desposeídas y explotadas.

Este tema se trató en la Biblioteca Nacional en Bogotá, donde se proyectó el documental «Resistencia en la tierra del viento». En el espacio se reunieron comunidades afrodescendientes, wayúu y campesinas de La Guajira, personas que, entre la esperanza y el dolor, reclamaron al país una mirada distinta sobre su territorio, más allá del carbón y del extractivismo.

El espacio no solo sirvió como escenario para proyectar el documental. Fue un encuentro donde se presentó el resultado de la caravana «La Guajira le habla al país«. Comunidades afro, wayúu y campesinas junto a las organizaciones Cajar, Censat y Cinep recorrieron la alta, media y baja Guajira para visibilizar luego en varias ciudades de Colombia, los impactos de la actividad minera y energética; así como las múltiples formas de resistencia que han sostenido la vida y el tejido comunitario durante décadas.

Durante el conversatorio, las comunidades compartieron testimonios que reflejan décadas de resistencia frente al extractivismo y las incertidumbres que hoy acompañan la transición energética. Yaneth Ortiz, lideresa wayúu, advirtió:

Nos están matando lentamente, no solo con el carbón, sino con la transición energética injusta

Desde Cañaverales, el líder afrocampesino Orangel Moya defendió la importancia de las fuentes hídricas para la supervivencia del territorio:

Si destruyen el manantial de Cañaverales, desaparece la Guajira

Las intervenciones coincidieron en una misma preocupación: la defensa del agua, la tierra y la soberanía alimentaria.

Para Israel Ipuana, líder wayúu, se trata de una causa que trasciende los debates políticos, y por eso afirma:

Esta no es una lucha política, es una lucha ambiental. Llevamos más de 50 años resistiendo y seguimos de pie

Las comunidades insistieron en que la situación de La Guajira no es un caso aislado, sino parte de dinámicas que se repiten en distintos territorios afectados por actividades extractivas, así lo expresó Ortiz:

Lo que pasa en La Guajira también pasa en Sudáfrica, en Perú o en la Amazonía. Es la misma historia de despojo y resistencia

La proyección fue más que un estreno, en el espacio se debatió sobre la importancia de la memoria y se rindió un sentido homenaje a Samuel Arregocés, líder afrodescendiente que soñó con “una Guajira sin carbón”.

Samuel Arregoces

Llevamos su legado y su sueño”, recordaron varios asistentes, reafirmando que la memoria también es una forma de resistencia.

¿Qué dicen los trabajadores?

En medio del debate sobre la transición energética, las voces de los trabajadores plantean una pregunta urgente: ¿qué pasará con quienes han sostenido esa economía?

En ese contexto, el posible declive del carbón genera incertidumbre entre miles de trabajadores directos e indirectos, y por ello, Igor Díaz López, dirigente sindical y expresidente de Sintracarbón, advierte:

Estamos hablando de miles de trabajadores que no tienen claro hacia dónde migrar. No hay una alternativa económica estructurada en el territorio

Durante 98 días, los obreros en huelga de La Jagua de Ibirico (Cesar) pararon la producción en la cuarta mina de carbón a cielo abierto más grande del mundo - Foto: Omar Vera
Trabajadores del Carbón en el Cesar – Foto: Omar Vera

Díaz López enfatiza que el debate sobre la transición energética no puede entenderse sin mirar la historia económica de La Guajira y el Cesar:

La minería llegó y convirtió a la región en dependiente del carbón. Antes había economías agrícolas con alta ocupación de mano de obra, pero todo eso se fue desplazando

Desde el Colectivo de Trabajadores por la Transición Justa, los sindicatos han impulsado propuestas para prepararse ante el cierre de las minas. Para Díaz, una transición justa implica evitar que los trabajadores queden sin alternativas laborales. Por eso han promovido espacios de diálogo entre Estado, empresas y comunidades para pensar el futuro económico de la región.

Las regiones y trabajadores más allá del carbón

Carbón - Foto: Marcela Zuluaga
Carbón – Foto: Marcela Zuluaga

Según Díaz, los sindicatos también han trabajado con líderes sociales y comunitarios para imaginar cómo sería una Guajira posterior al carbón. De esos ejercicios han surgido propuestas relacionadas con agroindustria, turismo y energías renovables, y sobre ello afirma:

Estamos formando técnicos en energía fotovoltaica y explorando otras líneas como la agroindustria o incluso el turismo alrededor de lo que fue la minería. Hay ideas, pero falta decisión y articulación

Aunque Díaz ve posibilidades de transformación, insiste en que el proceso debe planificarse con anticipación; de lo contrario, advierte que el costo seguirá recayendo sobre los trabajadores y las comunidades.

Las historias de mujeres, comunidades y trabajadores muestran que la transición energética no es únicamente una discusión sobre el futuro de la energía o alternativas para ser sostenibles y sustentables; también es una conversación sobre derechos, participación y oportunidades. Muestra de ello es que, desde los páramos del sur del país hasta La Guajira en el Caribe colombiano, las voces incluidas en este artículo coinciden en una idea: ninguna transición será justa si quienes habitan los territorios quedan por fuera de las decisiones que definirán su entorno.


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