Por: Roberto Delgado – octubre 13 de 2004

Con los pocos datos que tanto el FBI como los medios empresariales han dado en estos días, es posible realizar un somero análisis de lo que representa la represión a Indymedia y los objetivos de la misma.

Versión oficial de los hechos

El fiscal general de Ginebra, Daniel Zappelli, abrió una investigación judicial, tras la denuncia de dos inspectores policiales de esa ciudad suiza “por la publicación de sus fotos y la dirección y el nombre de uno de ellos en la versión francesa de Indymedia” (Nantes).

Los dos policías del servicio secreto de Ginebra formaban parte de la célula G8, encargada de las investigaciones sobre los incidentes ocurridos en Ginebra durante las protestas contra la cumbre del Grupo de los Ocho de 2003.

Consecuencias

Tras la acción del FBI las webs afectadas quedaron inaccesibles. Horas después varias páginas recurrían a servidores alternativos solidarios para ponerlas de nuevo en funcionamiento. La mayoría de estas páginas han estado cerradas entre dos y tres días, si bien aún no todas han recuperado su normalidad.

Las fotos de los policías secretos, que hasta ahora habían sido vistas en círculos reducidos, son ahora conocidas por el movimiento de izquierdas de todo el mundo, ya que continúan accesibles en internet en otras páginas, y acompañan el golpe mediático que ha supuesto este hecho.

La información sobre los motivos es mínima. “Abrí una investigación pero no diré nada más”, dijo el fiscal general de Ginebra. El portavoz de la Policía federal estadounidense (FBI) Joe Parris aseguró que la petición de intervenir al proveedor de Indymedia procedió de los gobiernos de “Italia y Suiza”, sin dar más detalles. “Los responsables del Ministerio de Justicia sólo cumplieron las obligaciones legales contenidas en nuestro tratado de asistencia mutua”, insistió.

Según periódicos ginebrinos, fue la policía de esa ciudad la que recurrió al FBI norteamericano “para que hiciera retirar las fotos”.
Lo que hizo el FBI en la mañana del jueves 7 de octubre fue allanar Rackspace (proveedor de Indymedia, empresa estadounidense con oficinas también en Londres, www.rackspace.com) y retirar no sólo toda la información de Indymedia Nantes, sino además de otras veinte páginas web de esta red en otros países.

La trampa y el miedo

A primera vista, los dos objetivos principales de esta acción represiva son: 1. Dividir a la Red Indymedia; y 2. Crear miedo entre los activistas de la prensa alternativa.

1. Con esta acción el poder impone un debate falso en la lista interna de Indymedia: “¿Es correcto publicar fotos e incluso datos de policías secretos?”. La discusión provocada se centraría en los límites de la ética periodística, la superioridad moral que debe caracterizar a los militantes de izquierda y la necesidad de evitar acciones político-informativas que “provocan la represión”. Hay páginas web (Indymedia Madrid, por ejemplo) que en ocasiones cuando publican fotos de manifestaciones manipulan las imágenes para taparle la cara a los policías antidisturbios.

En este caso, el sistema intenta quedar al margen. Su argumentación sería algo así como “nosotros no tenemos intención de cerrar medios alternativos, pero si alguno incumple la ley no nos queda más remedio que acatar las decisiones judiciales”. Si aceptamos su argumento, sólo nos queda enfrentarnos entre nosotros, en vez de unirnos en la oposición a “este gran ataque a la libertad de expresión”.

Lo que está claro es que hay serias probabilidades de que numerosos activistas de Indymedia caigan en la trampa de este debate, que puede ser interminable y llevar a resquebrajar la cohesión de la Red global.

2. A cualquier activista se le ponen los pelos de punta al leer semejante titular: “El FBI cierra servidores de Indymedia”. Si bien este acto represivo representa el mayor ataque a la prensa alternativa en internet, hasta el momento no es especialmente doloroso, sino más bien simbólico. La mayoría de las páginas web retiradas volvieron a estar accesibles a los pocos días, y, más importante, después de este hecho logran, a través de servidores alternativos solidarios, una mayor difusión del proyecto y un aumento del número de visitas. Obviamente el poder cuenta con ello, pero la noticia no deja de ser impactante.

Lo que hacen los mandamases es darnos un aviso que pretende meternos el miedo en el cuerpo: cuando deciden atacar al movimiento anticapitalista no hay derecho internacional ni libertades de expresión que valgan; las fuerzas represivas actúan con total impunidad.

Esto no quita que el hecho pueda ser el embrión de un operativo a mayor escala contra Indymedia que pretenda destruir por completo la actividad de la red virtual. No descartemos que en los próximos meses se produzcan otros actos represivos tales como detenciones de activistas.

Todo ello dependerá de la respuesta que demos como movimiento.

El verdadero debate: el monopolio de la información se ve en peligro

La discusión que deberíamos afrontar todos los activistas del movimiento anticapitalista en relación a la represión a Indymedia es: ¿Cómo respondemos a este ataque? ¿Cómo evitamos este tipo de acciones represivas en el futuro?

Es tarea de todos hacerse estas preguntas. Por mi parte lanzo algunas reflexiones.

Este hecho no puede quedar impune. Deberíamos activar mecanismos de movilización social en la calle para defender nuestros medios alternativos, como charlas informativas, manifestaciones, acciones de propaganda y denuncia, etc. El escándalo y la concienciación social es el peor enemigo del poder. Es cierto que los gobiernos pueden profundizar la represión a Indymedia y otros medios alternativos con detenciones y encarcelamientos, pero no debemos olvidar que esa es su forma de defenderse. Si por nuestra parte tomamos la decisión de dejar de denunciar públicamente a los policías infiltrados y en general moderamos la política desarrollada en los medios alternativos, estamos cayendo en la trampa que nos tienden, resignándonos a realizar una actividad informativa delimitada por el poder. En definitiva, aceptando la derrota. El poder actúa cuando el monopolio de la información se ve en peligro.

 

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