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Noviembre 14 de 2007

El encuentro del pasado 7 de noviembre entre  el presidente de la Republica Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, y el vocero de las FARC, Ivan Márquez, es un tema de gran importancia para un debate público nacional que, hasta el momento, no ha sido tratado por el Gobierno Nacional y los medios de comunicación proclives a la oficialidad, de propiedad de los monopolios, con la seriedad que amerita una posible solución al necesario diálogo para un acuerdo humanitario.

La importancia política de esta reunión radica en dos factores: de una parte, las presencia de la guerrilla marxista en un escenario internacional de esta importancia y, de otra, la creciente presión nacional e internacional hacia el gobierno colombiano para que se inicien los diálogos y se posibilite el intercambio.

Las FARC, constantemente señaladas, desvirtuadas y deslegitimadas por parte del gobierno colombiano y los Estados Unidos, han logrado que el Jefe de Estado del país vecino actúe como amigo de un proceso constantemente entrabado por la desidia con la que es tratado por parte de Uribe Vélez y sus más cercanos colaboradores. La presencia de Hugo Chávez como facilitador del acuerdo es, sin duda, un gran logro para la organización en armas, que comparte elementos importantes del programa bolivariano que se aplica en Venezuela en algunas de sus más importantes tesis políticas, y define un nuevo escenario al trasladar de nuevo el debate sobre la guerra civil que se vive en Colombia al terreno internacional, donde los contendientes, tanto gobierno como guerrilla, tienen las mismas posibilidades de plantear su posición y de ser escuchados por la comunidad internacional.

A su vez, el encuentro demuestra que existe un nuevo papel de la izquierda en Latinoamérica, logrando remover el rechazo con el que se ha querido aislar a Venezuela desde la Potencia del Norte y sus aliados, y resaltando el papel que cumple este país en las relaciones políticas en las relaciones entre los gobiernos y los pueblos de la región.

Obligación e incapacidad

La poca información que han ofrecido los medios de comunicación monopólicos sobre el acuerdo humanitario y el encuentro entre Hugo Chávez y las FARC demuestra el poco interés que, por este tema, asumen Álvaro Uribe y su gabinete, dejando en manos de Chávez un tema que ellos han preferido tratar este tema de manera ‘delicada’ y reservada ante el país, evadiendo su responsabilidad en establecer espacios concretos de discusión para definir los puntos del acuerdo y el intercambio.

Hasta el momento, por la tozudez del gobierno colombiano, no ha sido posible clarificar a nivel internacional el carácter del conflicto armado en Colombia, lo que imposibilita tener claridad sobre el intercambio humanitario. Uribe Vélez ha limitado su participación pública en el debate a mantenerse en puntos inamovibles, al negarse a aceptar la existencia del conflicto y el despeje de los municipios de Pradera y Florida, demostrando que no existe una verdadera intención de negociar. Así, la información  acerca del acuerdo se ha tergiversado en varias ocasiones por parte del Gobierno Nacional, que sólo se ha dedicado a prometer, de manera falaz, una labor seria al respecto y unas respuestas que insiste en poner en manos de la insurgencia, mientras que, en las mentes de muchos colombianos, retumba el adagio popular: ‘amanecerá y veremos’.

La mediación del presidente Chávez  en el acuerdo humanitario es de gran importancia para la nación colombiana, ya que cambia y, de una u otra forma, fortalece las relaciones internacionales que se tenían con el vecino país. Sin embargo, también evidencia la incapacidad del presidente Álvaro Uribe frente a la solución de esta obligación estatal, ya que evadió su responsabilidad con cientos de familias colombianas, y con el país, en manos del gobierno de otra nación.

Actualmente, los encargados para lograr un canje son la senadora Piedad Cordoba y el presidente Hugo Chávez, quienes tienen la esperanza de una pronta negociación sobre los puntos “inamovibles” de los cuales el gobierno ha manifestado no retractarse. Estos facilitadores han sido los únicos encargados de gestionar las primeras conversaciones con la contraparte, y es desde este punto que muchos colombianos se preguntan cuál es el papel y la función del presidente Álvaro Uribe, cuando descarga el problema en manos de aquellos, de manera que, si en algún momento llegan a fallar, serán señalados como los exclusivos culpables del posible fracaso y así el presidente lavará sus manos con los errores de sus supuestos representantes.

Mientras, no dejan de inquietar dos situaciones al interior del país. De una parte, que un importante sector de la opinión pública, manejado por los medios de comunicación monopólicos, ha asumido una postura totalmente desfavorable a estas gestiones por la sola presencia de Chávez, a quien señalan de favorecer a la organización rebelde, lo cual también beneficia al gobierno Uribe en su intención de salir sin pena ni gloria de estas gestiones. De otra, que el Polo Democrático Alternativo no haya intervenido claramente respecto a estas gestiones, pues su posición es determinante en las luchas sociales que se vienen respecto al Acuerdo Humanitario, la defensa de los derechos políticos del pueblo colombiano y contra un régimen que niega de forma constante, precisamente, la plena realización de los mismos.

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