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Septiembre 8 de 2008

El pasado 5 de septiembre arribó a la capital risaraldense la gran marcha contra el hambre y la pobreza proveniente de Popayán (Cauca), de donde salieron el 28 de agosto 170 personas entre líderes sociales, mototaxistas, comunidades indígenas y negritudes que decidieron movilizarse contra el incremento, ya insoportable, de la pobreza, que en Colombia se extiende a más de 20 millones de personas –3 de cada 4 en el campo y 2 de cada 4 en la ciudad– y a 7 millones que se encuentran en la miseria.

Jhon Jairo Calderón, uno de los integrantes de la marcha, señala que: “llegamos a la conclusión de que era necesario llamar la atención del pueblo colombiano para que, de una vez por todas, reaccionemos ante lo que está sucediendo, y también llamar la atención de los gobernantes locales y del propio presidente de la República, para iniciar el análisis de esta problemática tan profunda y buscar soluciones conducentes, de forma cierta y clara, a la paz del país”.

Desde su partida han recorrido poblaciones como Piendamó, Pescador y Santander de Quilichao, en el Cauca; Jamundí, Cali, Palmira, Buga, Tuluá, Bugalagrande y Cartago, en el Valle; llegando a Pereira (Risaralda) para continuar su recorrido por el departamento del Quindío hasta llegar a Bogotá. Ya se ha sumado a la marcha un total de 230 personas y se espera que al finalizar sean más de 500. Hasta la fecha participan de la marcha comunidades indígenas del norte del Cauca, delegaciones del movimiento sindical, movimiento estudiantil y distintas organizaciones sociales.

Para Manuel Antonio Bautista, líder indígena, la marcha no se trata sólo de manifestar el estado vulnerable, de miseria y de desnutrición de sus comunidades sino también poner al descubierto lo que en el recorrido han observado: el contraste que se presenta en ciudades como Cali, donde se ve demasiada miseria en medio de tanta riqueza.

Miguel Daza, moto taxista, expresa cómo esta actividad es parte de la pobreza que viven los colombianos: “venimos de Popayán, de las comunas 5, 6 y 7; es una ciudad donde no hay fuentes de empleo ni industrialización, por eso esta escasez de trabajo y por eso esta labor, el mototaxismo no se puede legalizar ni tampoco prohibir”. Con esta marcha se busca también conseguir una reglamentación en la materia, dirigiéndose a la Corte Constitucional con el fin de promover una investigación sobre el mismo presidente y el Congreso por presunta omisión legislativa. El mototaxismo es un problema general de todo el país y de este trabajo subsisten aproximadamente 800.000 personas.

Sin embargo, las cifras suministradas por el Departamento Nacional de Planeación (DNP) en su informe “Pobreza e indigencia en Colombia”, publicado en enero de 2006, pretenden tapar el sol con un dedo, pues, según este informe, en Colombia hay 2,3 millones de pobres menos, toda vez que la pobreza descendió de 57% en 2002 a 49,2% en 2005. Para un descenso tan vertiginoso hubieran sido indispensables que se dieran varios factores: crecimiento extraordinario de la economía, que se manifestara en una generación exorbitante de empleo; elevación de salarios; e inversión estatal masiva en proyectos productivos, entre otros. Condiciones que no se dieron ese año.

Además, si comparamos la cifra suministrada por el DNP (49,2%) con la población total del país que, según el DANE, es de 41’242.948 colombianos, serían 20’291.670 de personas viviendo en la pobreza: 175.000 habitantes de diferencia sobre los 20’116.670 que reporta el DNP. ¿Por qué ‘desaparecen’ los pobres?

A pesar de esto, podría decirse que los entes gubernamentales tienen parte de razón al afirmar que cada vez hay menos pobres en Colombia, ya que cada día mueren más por hambre y desnutrición: 5 millones de colombianos se van diariamente a dormir sin comer y, de acuerdo a un informe de Naciones Unidas, 64 de cada 100 personas en Colombia están en el umbral de pobreza y algunos casi en la misma situación de algunos países de África, como el Chocó.

Más allá del debate, lo único cierto es que en Colombia la pobreza todavía es muy alta, como consecuencia de la desigualdad, inequidad, violencia y desplazamiento que cada día se acentúan más.

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