Los mineros tradicionales de Marmato han demostrado su determinación para resistir en el paro - Foto: Asomitrama

Los mineros tradicionales de Marmato han demostrado su determinación para resistir en el paro - Foto: Asomitrama

Por: Pierkey Herrera Taboada – julio 30 de 2013

Había que volver, la situación estaba crítica. Durante toda la semana la Fuerza Pública había intentado acabar con los cierres de vías que los trabajadores habían instalado en el marco del paro minero. Disturbios, capturas y hasta rumores de asesinatos de manifestantes nos tuvieron en vilo toda la semana, así que salimos una vez más a Marmato.

Marmato es el pueblo de las minas, una población que pudo ser bonita pero que no lo es: ríos de agua sucia bajan por sus laderas y el suelo está perforado por todos lados. Al estar enclavado en una montaña de oro no podía ser diferente. Durante más de quinientos años, los marmateños se vienen adentrando en las entrañasde la cordillera y a veces da la impresión que todo se fuera a desmoronar, pero no ha pasado y los expertos dicen que no pasará, que eso es un invento del gobierno para trasladar el pueblo al llano y entregárselo todo a la trasnacional Gran Colombia Gold. Diez millones de onzas de oro son una buena razón.

Antes de llegar a la entrada de Marmato pasamos por Irra, punto de concentración de los mineros de Quinchía (Risaralda) y demás pueblos aledaños. La protesta se mantenía. Nos bajamos y los acompañamos un rato, mirando sus rostros y sus cuerpos marcados por el trabajo minero. Nos dimos cuenta de que es mentira que sean criminales y destructores del medio ambiente, como el gobierno de Juan Manuel Santos los ha tildado. Si la burguesía colombiana trabajara descubriría que son pueblo, que son colombianos humildes que luchan día a día rompiendo la montaña, barequeando, sacando arena de los ríos y que tratan de robarle al río Cauca algo del oro que lleva en su caudal. El daño que hubieran podido hacer en 500 años lo hace un megamonopolio minero como la Drummond en 20. No pudimos quedarnos mucho, nos esperaban los compañeros de la Asociación de Mineros Tradicionales de Marmato.

En la entrada a Marmato, antes de llegar al llano, se habían concentrado los mineros en plena vía que comunica Manizales y Medellín. Nos estacionamos antes del retén policial y al caminar hacia el punto de concentración, atravesamos dos escuadrones de la policía antidisturbios y un destacamento de francotiradores del Ejército. Parecía poco, pero un compañero sindicalista, miembro de los Comités Ignacio Torres Giraldo, que nos acompañaba y que estuvo allí toda la semana confirmaba que más allá estaba concentrado un buen número de policías del Escuadrón Móvil Anti Disturbios (Esmad), además de patrullas armadas del Escuadrón Móvil de Carabineros (Emcar) apostadas en las laderas. ¿Qué más muestra de odio contra el pueblo que ésta? Una razón más para saber que la Fuerza Pública nunca ha defendido a su pueblo.

Llegamos al sitio. Un letrero anunciaba que habíamos llegado a Marmato y aunque esa señal demarcaba la entrada, aún habría que recorrer un buen trecho para llegar al casco urbano. Al principio, nos extrañó que no hubiera bloqueo, pero los compañeros mineros nos informaron que habían llegado a un acuerdo con la Policía para mantener dos horas de bloqueo y dos horas de vía despejada. Este acuerdo, que parecería una derrota parcial, simplemente fue una concesión que la Policía se vio obligada a hacer por la gran resistencia que los mineros marmateños demostraron el día anterior, cuando la orden de Santos era que no debía haber una sola vía cerrada.

El Esmad lo intentó y en principio lo logró: los mineros se replegaron loma arriba, dejando motos, cocina, bicicletas y equipos de sonido en medio de las hordas, esas sí delincuenciales, del Esmad. Todo fue quemado. Los policías hicieron una hoguera y tumbaron motos, botaron la comida, se robaron las ollas, se regodeaban en su victoria, o eso creían.

No pasó mucho tiempo para que se dieran cuenta de lo contrario, pues los mineros ya lo tenían todo planeado. Por izquierda y derecha, desde arriba de la montaña, empezaron a llover las rocas que se desprendían de ella con dinamita, detrás venían los trabajadores con piedras, palos y las muelas desgastadas de los molinos. Conocedores del terreno, llegaron no por la carretera sino por la montaña. Atrás, en la carretera que va al llano, la gente del pueblo organizó la retaguardia y desprendía más roca, traía botellas y empezó a hacer hogueras para contrarrestar los gases que esta vez no sirvieron de nada a la Policía porque el viento los devolvió. Asustados, los uniformados arremetieron con una la tanqueta. Gran error. Rocas inmensas le cayeron encima y su capacidad de embestida se disminuyó por lo empinado de la carretera.

Las duras y enormes rocas de la montaña marmateña caían de todas partes, los estruendos de la dinamita aumentaban la confusión. Los mineros, entonces, aprovecharon lo lento del ascenso de la tanqueta y se encaramaron encima, torcieron el tubo del cañón con el que dispara el chorro de agua y la pincharon. En una última medida, cobarde y desesperada, un escuadrón de francotiradores del Ejército se apostó a la orilla de la carretera y disparó contra los mineros que desde arriba resistían. Afortunadamente no hubo heridos. Al final, la Policía tuvo que retroceder, pues no podía perseguir a los trabajadores loma arriba y éstos iban y venían como cabras. Se les olvidó que enfrentaban a un pueblo trabajador que esta curtido en faenas peligrosas y duras.

Todo esto nos lo contaron los muchachos héroes de la jornada, jóvenes mineros, algunos con caras de niños, pero con años de duras faenas. Habían aprendido que organizados y con convicción podían enfrentar la represión.

El día trascurrió en medio de los bloqueos, las reuniones de preparación de lo que sigue, las intervenciones de los líderes de la asociación y los partidos de fútbol en la carretera, pero anochecía y había que volver. Lástima. Justo se insinuaba una gran fiesta: ya sonaba la música, la gente del llano y del pueblo bajaba en masa, y ya rotaban algunas botellas de guarapo. Lástima, pintaba buena la cosa. Pero volveremos, porque este paro continuará hasta que se negocie el pliego de los pequeños mineros.

Si encuentras un error, selecciónalo y presiona Shift + Enter o Haz clic aquí. para informarnos.