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Julio 9 de 2007

El boom noticioso de la baja del dólar significa mucho más que una simple cifra del tablero de las casas de cambio indicando cuantos pesos debe pagarse por cada dólar.

Los registros históricos se remontan a los años 50: desde 1951, cuando por cada dólar se pagaban $1,96 colombianos, se llegó a la tasa de cambio más alta en la historia con $2.959,01 , en marzo de 2003. Pero, luego de llegar a este tope, la divisa ha comenzado a bajar hasta llegar a los $1.914.75, a 30 de mayo de 2007.

Una reducción del precio del dólar sólo se había presentado en 1967, cuando bajó un promedio de $1,24 respecto al año inmediatamente anterior. Observando los últimos 7 años, podemos ver que se mantuvo el comportamiento de los últimos 50 años hasta el mes de marzo de 2003, donde la tendencia cambió hacia una caída abrupta, alcanzando el precio de finales de 1999.

Para entender el trasfondo de la variación en la tasa de cambio parece conveniente llamar la atención en dos aspectos que, coincidencialmente, tienen que ver con la ‘travesía’ que ha tenido nuestro país estos últimos 5 años, a cargo de Uribe Vélez.

¿Qué hace que tal fenómeno se esté presentando en el país?

La respuesta es sencilla, muchos dólares en el país.

Los colombianos se han endeudado como nunca antes en la historia, a razón de que los intereses disminuyeron y los bancos, las corporaciones y los supermercados entraron en la feria de créditos para todo tipo de productos, incluidos los de primera necesidad. Sin embargo, el dinero que se presta a los consumidores para sus compras y necesidades proviene del sistema financiero, al cual llega directamente la plata de las grandes multinacionales.

Con todo el dinero empeñado de los colombianos es que las grandes corporaciones financieras comienzan a aumentar los intereses, obviamente, para obtener más ganancias. El aumento de las tasas de interés atrae como imán el dinero de los inversionistas extranjeros, inundando al país de grandes sumas, que no son invertidas en beneficio del país sino que forman parte de las arcas de las empresas multinacionales financieras que en cualquier momento sacan de manera súbita. Estos dineros son conocidos como capitales golondrina que se depositan en Colombia para ganar renta fácil y rápida. Es decir, hay muchos dólares en el país.

El problema es grave para Colombia porque existe un único mercado de divisas para el comercio exterior, tanto para el sector real –agricultura e industria– como para el tercer sector –servicios, finanzas, banca–, regulados por las mismas reglas, los mismos intereses y los mismos valores de cambio.

Claro que este tipo de fenómeno no es nuevo. Por el contrario, el efecto en la economía colombiana había sido que se valorizara el dólar día tras día. Entonces, ¿qué hace que hoy el precio del dólar esté en constante caída? La circulación de más dólares en el país.

Aunque el gobierno de Uribe Vélez presente el proceso actual con los paramilitares como de desmovilización y desmonte, en realidad, lo que existe hoy en el país es un proyecto político fortalecido por un poderío económico creciente. Son numerosas empresas rentables y grandes sumas de dinero obtenidos del narcotráfico, los juegos de azar, el saqueo a campesinos y recursos naturales, los negocios de prostitución y contrabando, las empresas prestadoras de salud, los fondos de pensiones y los pagos de las mas prestigiosas empresas colombianas y multinacionales. Esto hace que sean cada vez más evidentes los nexos de sectores de la política y de los gremios económicos con los paramilitares que, aunque denunciados, no han sido suficientemente investigados.

El falso proceso de negociación de los paramilitares ha definido la legalización de sus dineros y capitales provenientes de sus negocios lícitos e ilícitos, de sus ventas, de sus vacunas, de sus ‘impuestos de guerra’, de la apropiación de una gran cantidad de tierras productivas en el país, arrebatadas de los campesinos a punta de masacres. Toda esta gigantesca operación de legalización de capitales es lo que varios llaman lavado de activos.

Se calcula que, con todo este proceso, se han legalizado alrededor de unos U$20.000 millones, inundando nuestra mercado de esa moneda. Recuérdese que el Producto Interno Bruto fue de U$378.000 millones para el año 2006, lo que significa que estas operaciones representan el 5.3% de todo lo que produjo Colombia el año pasado. Parece risible, pero los 20 millones superan el Producto Interno Bruto de países como Uruguay y Panamá, o los de Paraguay y Honduras, que sumados alcanzan los 19 mil dólares.

¿Qué produce esto para el país?

La baja del dólar ocasiona grandes golpes a la economía nacional. Este problema no afecta exclusivamente a quienes se dedican al comercio exterior, sino a todos los que, independientemente de donde vendan sus productos, tienen un tamaño mediano y pequeño, y que, en su mayoría, se dedican a la industria y la agricultura, porque las grandes empresas cuentan con todo el respaldo del capital internacional y nacional.

Se calcula que por cada millón de dólares exportado por una empresa ésta ha dejado de percibir anualmente alrededor de $640 millones de pesos. Es decir, las empresas reciben menos dinero hoy que ayer por la misma venta. Pero lo que vuelve más aguda esta situación es que, producto de los acuerdos comerciales de la dañina apertura económica, los compradores extranjeros tienen un plazo de seis meses para pagar, entonces, aunque paguen con la misma cantidad de dólares pactados al hacer convertir los pagos a pesos se obtiene menos dinero.

La baja del dólar produce también un bombardeo de productos importados al encontrar consumidores que pueden comprar más cosas con su dinero. Los precios de lo importados son más asequibles y cambian las necesidades de consumo en prendas de vestir, tecnología, automóviles, etc., poniendo en competencia desventajosa y desleal los precios de los productos con los de la empresa nacional. Ya en muchos hogares se encuentra que, así no haya para el mercado básico, se cuenta ya con un reproductor de DVD, a costa de endeudarse.

La consecuencia instantánea es la descapitalización de las empresas, la reducción de la inversión, de la producción y de las plantas de personal. Por ejemplo, Asocolflores denuncia que este sector ha dejado de recibir $671.000 millones,  despidiendo a algunos trabajadores y prevé la quiebra de empresas y la potencial pérdida de 111.000 empleos directos y 94.000 indirectos.

Pero estos cambios en la moneda, con mirada de conjunto y a largo aliento, son los cambios de la economía de un país afectado por la gran cantidad de capital de los paramilitares, que han llevado al fortalecimiento de los procesos de monopolio en el campo y la ciudad, todo con la complacencia de la política actual del gobierno. Las consecuencias: inestabilidad en la economía colombiana, entrada y salida de capitales golondrina, monopolio para las clases dominantes y, por lo tanto, debilitamiento de la economía nacional.

Así como están las cosas, se vislumbran quiebras en las empresas nacionales, sobre todo en las medianas y pequeñas, situación comparable con la época de la apertura económica y, por tanto, aumento en las tasas de desempleo, informalidad, hambre, miseria, empobrecimiento y  mayor desprotección de los más pobres.  Lo anterior, acompañado de los grandes niveles de endeudamiento de los colombianos –pagando mucho mas de lo que prestaron–. Se podría predecir que, en un futuro no muy lejano, los pobres serán más pobres y que las clases medias empeorarán su situación. Falta ver que va a pasar en un par de años.

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