Chávez: "¡Socialismo o muerte!"

Chávez: "¡Socialismo o muerte!"

Por: Juan Diego García – marzo 6 de 2012

Cuando la pobreza había alcanzado cifras alarmantes en uno de los países con mayores recursos naturales, cuando la descomposición social y la corrupción política carcomían el tejido institucional de Venezuela y nadie veía una salida posible, un joven militar, acompañado de un grupo de oficiales patriotas, irrumpe en el escenario político con un llamado a la rebelión popular contra el atraso, la pobreza y la dependencia. Su iniciativa es inicialmente acallada, pero pocos años después un imparable movimiento popular lleva a aquel joven rebelde a la presidencia y lo mantiene al frente del gobierno durante catorce años, hasta que ayer su partida final deja huérfano al Bravo Pueblo, no menos que a los millones de desheredados del continente que han visto en la Revolución Bolivariana una llama de esperanza.

La temprana muerte del líder indiscutible de esta revolución ha provocado un verdadero aluvión de análisis, la mayoría de los cuales no pueden menos que reconocer los importantes logros de este proceso sin los cuales no es posible explicar el apoyo abrumador del electorado venezolano, que ahora se apresta a renovar su voluntad en las urnas.

Por supuesto, no faltan las alegrías de los exilados de Miami, el regocijo de las autoridades estadounidenses y, seguramente, un cierto alivio de la derecha toda de América Latina, temerosa de ver repetido en sus países un fenómeno social y político de tan graves consecuencias para sus intereses. Razones no les faltan. Chávez golpeó sus privilegios y mostró el camino para derrotar a unas oligarquías mediocres, carentes de toda identidad nacional, despreciadoras de sus propios pueblos y cipayos de todos los imperialismos.

La razón llama al análisis no sólo del legado de la Revolución Bolivariana sino, sobre todo, de las perspectivas que inaugura la partida del presidente venezolano. De todas maneras, lo sembrado es ya suficiente para mirar el futuro con optimismo. Todo indica que los dirigentes revolucionarios y el pueblo organizado y consciente serán capaces de dar exitosamente las batallas que se avecinan: ganar de nuevo las elecciones próximas para elegir presidente, profundizar en el proyecto de sacar a Venezuela de simple proveedor de materias primas y acceder por fin al desarrollo, y, sobre todo, impulsar a fondo la participación de las clases laboriosas en la perspectiva del socialismo, de suerte que se conviertan en reales protagonistas de su propio destino. Que una república de consejos de centro de trabajo, de barrio y de vereda complemente la democracia representativa y se convierta en la mejor escuela de emancipación.

Del legado del comandante hay algo que merece particular atención: su ejemplo para los militares del continente. Conformadas las tropas principalmente por gentes del común y la oficialidad media por hombres y mujeres salidos también de los sectores populares, Chávez les llama a abandonar su tradicional papel como garantes de un orden injusto e insostenible y, sobre todo, a que rompan con los vínculos espurios que les atan al imperialismo y sus aliados. Hugo Chávez es un ejemplo de dignidad y decoro para quienes visten el uniforme del soldado y desean llevar con orgullo la enseña nacional, pero reciben las órdenes en inglés y tienen que aceptar el acompañamiento indigno de oficiales y mercenarios extranjeros.

No obstante, además del puro análisis, en esta ocasión se desbordan los sentimientos. Millones de gentes salen a las plazas y calles a manifestar su dolor como lo haría cualquier pueblo que pierde a su líder. Campos y ciudades de Venezuela son ahora el escenario de grandes movilizaciones de las gentes sencillas que ven a Chávez como uno de los suyos: al hijo de humildes maestros de escuela rural, aquel adolescente pobre que como vendedor de golosina se las ingeniaba para ayudar a la escasa economía doméstica, aquel joven oficial que en contacto con su pueblo supo adquirir conciencia de las imperiosas necesidades de las mayorías y que un día se lanzó a la rebelión, dando comienzo a un proceso de liberación que hoy avanza imparable y despertando las ilusiones nunca satisfechas del pobrerío de todo el continente.

En momentos como éste, el dolor de los hermanos venezolanos es compartido por millones más allá de sus fronteras. Quienes hemos seguido de cerca los acontecimientos y hemos ido aumentando nuestra admiración por la revolución popular que ellos llevan a cabo no podemos menos que hacerles llegar nuestra voz de aliento y toda nuestra solidaridad, convencidos del triunfo seguro en las próximas batallas.

Es imposible reemplazar a Chávez, pero sí es muy necesario ocupar con determinación el puesto que deja vacante en los combates que se avecinan. Como los grandes revolucionarios de la historia, el comandante Chávez fue sin duda un gran disidente de todas las ortodoxias. Con su lenguaje particular, tan cercano a nuestra idiosincrasia, con su enorme facilidad para llegar al corazón de las multitudes, él ya forma parte de la historia del continente, recogiendo el legado de los hombres y mujeres que mantuvieron siempre la esperanza de un mundo mejor, de los sueños no realizados y de la verdadera emancipación que empieza por defender a fondo la propia identidad como pueblos y tomar conciencia plena de los propios intereses como colectivo.

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