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Julio 18 de 2007

Desde el pasado 11 de julio, la situación vivida en Lima (Perú) se ha tornado bastante cuestionable y preocupante, no sólo para los peruanos sino para la población latinoamericana en general, que, en muchos casos está siendo gobernada por mandatarios con polí­ticas excluyentes y autoritarias.

Las grandes movilizaciones y manifestaciones presentadas en Perú son ejemplos significativos para las otras naciones latinoamericanas, ya que demuestran como no son sólo los campesinos, obreros, organizaciones sociales, docentes, universitarios y habitantes de una sola nación los que están enfadados e insatisfechos por la forma injusta y autoritaria de dirigir de presidentes como Alan Garcí­a, sino que son varios paí­ses los que participan en el desenmascaramiento de estos gobiernos y de las medidas drásticas y represivas en las que han sumido a la población.

Las protestas que han tenido lugar en varias regiones de Perú como Lima, Arequipa, Satipo (Juní­n), Apurí­mac y Cusco, entre otras, tienen bastantes motivos, entre los cuales están la aprobación de la ley de carrera pública magisterial -por la cual los docentes deben someterse a evaluaciones frecuentes y se considera el despido de quienes no pasen los exámenes tres veces consecutivas-, los conflictos laborales, la censura a los medios de comunicación, el abuso a los derechos sindicales y de trabajo, el incumplimiento de las promesas electorales y, de gran importancia, la firma presidencial al Tratado de Libre Comercio con EE.UU.

Las cientos de miles de personas que se han pronunciado por medio de estas movilizaciones han bloqueado carreteras, se han tomado terminales ferroviarias y han cerrado sus comercios, pero sus consignas y clamores fueron, en parte, silenciados por la agresión de la fuerza píblica, que recibió órdenes del presidente Alan Garcí­a para tomar el control del territorio por 30 dí­as, dejando decenas de muertos, heridos y detenidos. Analizando las palabras de Garcí­a, el gobierno está¡ para poner mano dura y no se quiere pseudo maestros que vayan a predicar el odio y el comunismo, se quieren maestros que prediquen ciencia, tecnologí­a, conocimiento y para eso tienen que formarse, es notorio que su papel como mandatario se transforma en ser una figura que impone por la fuerza sus intereses de clase, los de las élites más excluyentes, con un evidente rechazo a la pluralidad intelectual y polí­tica, utilizando métodos retrogrados camuflados en discursos ambiguos y confusos.

Otro de los motivos por los cuales se han presentado las protestas es debido a la afirmación del presidente Alan Garcí­a de que no se pueden aumentar los salarios, debido a la deuda externa, dejando claro que su gobierno tiene un objetivo central y es imponer su voluntad y su fuerza sobre los adversarios del TLC y de todo aquello que desfavorezca su poder y los intereses de quienes sumen en el deterioro, la ignorancia y la pobreza a las clases sociales y a las naciones ‘menos favorecidas’.


La desinformación

Por otro lado, la posición de la prensa peruana frente a los últimos acontecimientos es fuertemente rebatida, en tanto califican a los participantes de estas movilizaciones de bárbaros, intentando así­ atemorizar a sus lectores y desvirtuando el papel de los manifestantes y de sus exigencias al gobierno. Este fenómeno atañe también a la prensa latinoamericana, como en Colombia, donde los medios de comunicación monopólicos manejan la información a través de estrategias que vician la posición y el papel de las protestas, para favorecer los intereses de quienes gobiernan. Así­, al no aceptar que las personas tengan ideologí­as opuestas, o supuestamente enemigas, a las del gobierno, señala aún más el autoritarismo hecho ‘información’ y el interés de los dueños de los medios por terminar la parálisis indefinida que generan las huelgas.

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